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Martín de Riquer Vida y obras de un sabio

Asus 94 años, la figura proteica de Martín de Riquer i Morera no se limita a un calificativo: doctor, maestro de filólogos, erudito medievalista... Nos quedaremos con humanista, en honor al primer

Actualizado 20/08/2008 - 09:06:49
Asus 94 años, la figura proteica de Martín de Riquer i Morera no se limita a un calificativo: doctor, maestro de filólogos, erudito medievalista... Nos quedaremos con humanista, en honor al primer libro que dio a imprenta en 1934 y que consagró, precisamente, al humanismo catalán. Estudioso sosegado, elude la grandilocuencia en favor de la claridad; prefiere el acervo de la ironía al comentario acerbo; cavila y sonríe mientras repone el tabaco de su pipa.
Protagonista del convulso siglo XX español, Martín de Riquer perteneció a la generación escindida por la guerra civil; los catalanes que fundaron en Burgos la revista «Destino»: Pla, Agustí, Masoliver, Teixidor, Vergés, Fontana... Como explicó a Cristina Gatell y Gloria Soler, en aquella toma de partido pesó su familia católica de tradición carlista y el asalto y saqueo de su casa:«Me resultaba inexplicable e indignante el encarcelamiento y asesinato de algunos amigos, así como también la persecución religiosa... Lo medité mucho tiempo. Pero cuando mi situación militar se hizo insostenible porque me habían quintado y en cualquier momento podían pedirme la documentación en la calle y detenerme, decidí marchar. Si había de combatir, prefería hacerlo en el otro bando...» Esa opción política ha pesado tanto, que centró los comentarios de una sociedad mediatizada por la Ley de Memoria Histórica. Gatell y Soler lamentan «esa insistencia en focalizar la figura de Riquer en la guerra civil». Se sienten decepcionadas «por la poca tradición crítica» hacia las obras biográficas y que la política pese más que sus decisivas aportaciones a la cultura literaria hispánica.
Cuando acabó la guerra, De Riquer se aferró a su pipa perenne y a la curiosidad. Los trovadores, la materia de Bretaña o el autor de la segunda parte del Quijote constituyeron tramas detectivescas, a las que se entregó en largos veranos familiares, zambullido entre legajos. Sus periplos por la literatura medieval y cervantina han dado una bibliografía extensa y premios como el Nacional de Ensayo y el Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.
En Martín de Riquer palpita el hombre que trabaja y juega. El que pasa de las trincheras y la propaganda a reconstruir una cultura abolida en un feudo que juzga inviolable: la universidad. El que imparte clases de literatura medieval al entonces príncipe Juan Carlos, bromea con sus alumnos y tertulia con Cela o Dámaso Alonso. Un sabio que juega a ser modesto y asegura que su historia «no interesará a nadie». Cristina Gatell y Gloria Soler hubieron de navegar por los meandros de una vida que su interlocutor asumía «sin enorgullecerse ni arrepentirse de lo hecho» poniendo siempre por delante la conciencia: «Es un conversador avezado a las palabras, que a menudo acompaña de una risa motivadora o un largo silencio descorazonador. No es partidario de seguir otra senda que no sea la literaria, tampoco le gusta hablar de sí mismo, y raramente se deja llevar a terrenos que no le apetecen. Cuando el tema no le interesa, inicia un mutis y su mirada huye hacia no se sabe dónde. Es una señal inequívoca de que hay que pasar página...»
Nieto del artista y escritor modernista Alexandre de Riquer y sobrino del poeta Magí Morera i Galícia, Martín de Riquer no necesita exacerbar la fantasía para componer una novela-río. Los archivos familiares -442 pergaminos de los siglos XII al XVII y 77 cajas de documentación en papel- constituyeron una mina inagotable que le permitió transitar por los avatares de su apellido en un libro único: Quince generaciones de una familia catalana. «Tenía una visión vaga de mis antepasados, pero a medida que los estudiaba me fui encontrando con personalidades curiosas, no notables. Practicaban banderías, guerras en Lérida, iban al frente: se producían asesinatos, raptos de niñas, cosas por el estilo. Me topaba con Baltasar de Riquer, que versificaba en latín, o Borja de Riquer, aficionado a la guitarra que se arruinó encargando a Boccherini conciertos suntuosísimos... O mi bisabuelo, guerrillero carlista...»
Para sus biógrafas, el «itinerario de Riquer» comienza en a literatura provenzal y pasa a la catalana con Tirant lo Blanc -una obra entonces ilegible-. Al Tirant llega por el Quijote para sumergirse después en la materia de Bretaña. En cuanto a su visión de la cultura catalana, reconoce su hegemonía medieval, pero nunca en oposición a la lengua y cultura castellana. Martín de Riquer, concluyen Gatell y Soler, «siempre ha entendido el catalán como una lengua hispánica».
POR SERGI DORIA
FOTO: YOLANDA CARDO
Martín de Riquer, fotografiado en su estudio
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