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La segunda ley de murphy

Actualizado 20/05/2006 - 07:29:52
La popularidad de la Ley de Murphy, «todo lo que puede ir mal irá mal», oscurece la importancia de la llamada Segunda Ley de Murphy: «si todo parece ir bien, es que no estamos prestando atención».

Es verdad que las Bolsas se han pegado un batacazo importante esta semana. Pero así como las bolsas bajan, también suben, y los analistas son reticentes a gritar ¡fuego!, y suelen preferir la cálida retórica de llamar «corrección» a la caída, con lo cual parece que está bien. Todo confluye en la confianza en quienes supuestamente manejan los mercados, y Ben Bernanke, por ejemplo, se felicitó el jueves porque el mercado inmobiliario estadounidense se frena pero de modo «ordenado y moderado». Rodríguez Zapatero afirmó, incluso antes del triunfo del Barcelona, que todo va viento en popa y que la economía española seguirá creciendo. Es posible, temo, que no estemos prestando suficiente atención.

Hablando de prestar, suben los tipos y todo el mundo se felicita porque los banqueros centrales «luchan contra la inflación», cuando ellos son los principales responsables de la inflación. En cambio, cuando suben los precios creemos que la clave es el petróleo. Es decir, no prestamos atención.

Sobreviene la crisis de los sellos y prevalecen las explicaciones políticamente correctas, sea la codicia capitalista, o que no se trata de bancos, donde como hay intervencionismo nunca hay crisis ¿no? Nadie piensa que el intervencionismo está detrás de lo que pasa, al menos en dos sentidos: si los tipos de interés no fueran tan bajos, y si las pensiones fueran privadas, y por tanto más elevadas, los pensionistas no tendrían la tentación de invertir en sellos para complementar sus ingresos.

Pero aquí las autoridades se disculpan siempre. Ya ha dicho el Banco de España muchas veces que la gente se endeuda demasiado, como si la banca central fuera inocente, y que un presupuesto equilibrado o superavitario no vacuna contra las crisis. Abriendo el paraguas, oiga.

Poco consuelo brinda el hecho de que no sabemos con precisión cuándo llega la crisis hasta que estamos metidos en ella. Pero admitirá usted que no puede ser casualidad que tantas personas hayan comprado pisos que ahora no pueden alquilar. Muchos piensan que no importa tanto, porque después de todo son inversiones y riqueza, como si aquí lo peor que pudiera pasar fuera tener un piso vacío más tiempo, o pagar unos euros más por mes de hipoteca. Otra vez, eso es no prestar atención: el problema de verdad estalla cuando nos urge alquilar el piso vacío, o venderlo, y no podemos, porque hay más gente empobrecida o sin empleo. Incluidos nosotros.
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