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Darwin, explorado por su tataranieto

Esta es la historia de una familia, de la muerte de una hija a los 10 años y de su padre Charles Darwin, el hombre que unió la vida cotidiana y la ciencia

Actualizado 20/04/2003 - 05:00:06
Randall Keynes durante su reciente visita a Barcelona. YOLANDA CARDO
Randall Keynes durante su reciente visita a Barcelona. YOLANDA CARDO
BARCELONA. Las genealogías célebres aureolan a Randall Keynes. Tataranieto de Charles Darwin, estudió Filología Vikinga con el hijo de Tolkien. ¿El apellido? Su abuela paterna se casó con el hermano del autor de la «Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero».
En «La caja de Annie» que publica Debate en mayo, Keynes abre un pequeño receptáculo de la memoria familiar en la cajita de uno de los diez hijos del naturalista: «Era la hija mayor de Charles y Emma Darwin y murió cuando tenía diez años. Charles escribió en su memoria y Emma guardó esta caja para recordarla. Más tarde le fue transmitida a mi padre, uno de sus bisnietos». Un día, mientras rebuscaba en un baúl repleto de objetos familiares, Keynes dio con aquel aterciopelado estuche de escritura: «Me llamó la atención una cuartilla con los característicos garabatos descuidados de Charles. En el encabezamiento había escrito «Anne» y tras éste había anotado cómo se sintió su hija todos los días y las noches de sus últimos meses...» En aquellos cuadernos de notas y en la correspondencia entre Darwin y su mujer, Keynes arroja luz sobre el autor de «El origen de las especies» y la evolución radical que experimentó su concepción de la naturaleza humana tras la muerte de Annie: «De sus sentimientos hacia ella, aprendió acerca de la fuerza duradera de los afectos, de la paradoja del dolor, del valor de la memoria y de los límites del conocimiento humano».
Gestos ancestrales
Randall Keynes subraya que la vida familiar y la ciencia formaban una sola pieza para Darwin. Como pensador, explica, era bastante atípico: «Pasaba las horas con su familia y era muy consciente de cuanto sucedía en su entorno social. En ese compromiso con la realidad radica, precisamente, la fuerza de su pensamiento». En 1841,cuando nace Annie, Darwin retorna de suexpedición en el «Beagle» y formula su primera teoría sobre las especies.
La vida de la familia Darwin es cómoda. «Era nieto del ceramista, Wedgwood, un pionero de la Revolución Industrial que se hizo millonario produciendo cerámicas en serie y su padre fue un doctor de éxito que le legó suficiente dinero para no sufrir problemas económicos», explica Keynes.
El naturalista pasa horas en el Zoo observando a Jenny, una orangutana que le devuelve los gestos ancestrales del ser humano y le hace cuestionarse las doctrinas creacionistas. También observa a sus vástagos. Le gusta jugar con ellos y no puede evitar ciertas conclusiones. Cuando le muerden recuerda a los pequeños cocodrilos y si se esconden piensa «en los cerdos jóvenes y el vestigio hereditario del estado de los salvajes». Pese a estas notas de campo, el naturalista es bondadoso y deja a sus hijos campar a sus anchas.
La vida transcurre apacible si no fuera por los ataques de fiebres y vómitos que sufre periódicamente. Entre sus lecturas, destaca el poeta romántico Wordworth: «Le aportó muchas ideas sobre la naturaleza humana. La gente no se ha percatado de ello porque sólo piensa en Darwin como científico, pero la poesía era tan importante para él como la ciencia», apunta Keynes.
Educada por su madre Annie crece en el cristianismo, mientras Darwin duda cada vez más. Agnóstico, que no ateo, le cuesta encontrar al Dios bondadoso. El camino del descreimiento estará lleno de meandros. «Muy a menudo la gente piensa en la pérdida de la fe como algo simple», dice Randall Keynes.
Pero el proceso de Darwin «fue muy lento, gradual hasta llegar a la duda profunda. Antes de la muerte de Annie empezó a dudar sobre el mensaje de salvación del Nuevo Testamento. Consciente de las aferradas creencias de Emma, quiso creer en un Dios bueno, pero la muerte de su hija se lo puso muy difícil».
Annie murió un 23 de abril de 1851. A muchos les debió parecer un castigo divino. Darwin siempre había temido que Annie heredara su quebrada salud y no pudo evitar cierto sentido de culpabilidad: «Él se sentía responsable de aquella muerte pero era improbable: Annie murió de tuberculosis, una enfermedad muy temida en la época, pero en modo alguno hereditaria».
El origen del hombre
El pensamiento darwiniano sigue progresando. En 1870 ve la luz «El origen del hombre». Con la muerte de Annie se agudiza su conciencia de la lucha por la vida, la crueldad y el padecimiento humanos: «Su visión de la Naturaleza se hace más sombría: no puede olvidar el amor de los padres por los hijos, un instinto natural e irracional». Sobre la herencia de su pensamiento, Keynes puntualiza que «no hubiera aceptado el llamado darwinismo social». Recuerda uno de los pensamientos del naturalista: «Si permitiéramos que los débiles murieran, negaríamos algo esencial en la Naturaleza humana: el valor de los lazos sociales para sobrevivir» Otra cosa es el Neodarwinismo: «Darwin culminó su teoría sin comprender las leyes de Mendel sobre los mecanismos reales de la herencia y eso fue para él un grave problema. El Neodarwinismo no es otra cosa que Darwin más Mendel» Esta y otras muchas cosas desvela «La caja de Annie» símbolo de la fusión entre la vida y las ideas.
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