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Zapatero alardea de «rojo» y «feminista» en Marie Claire

«Feminista y rojo». Con esta claridad de conceptos se autodefine Zapatero en una entrevista que publica «Marie Claire». Muy alejado de la derecha, «que nada me ha enseñado», el presidente realiza todo un alegato en favor de la utopía como motor de los cambios en el mundo

Actualizado 19/10/2005 - 07:43:50
MADRID. Desde que el aspirante Rodríguez Zapatero reconvirtiera en eslogan electoral la nebulosa predicción de Manu Chao «Próxima estación: Esperanza», su discurso político no se ha bajado del tren de la utopía. Ni las exigencias que impone la praxis diaria, ese muro de contención con el que todo primerizo en la gestión de gobierno choca de bruces tarde o temprano, han impedido que el presidente del Gobierno tire de su «vocabulario esencial» y siga abrazando «el camino para lograr conquistas que parecían imposibles».

Con tal principio se confiesa Zapatero en el último número de la revista «Marie Claire», en un reportaje que, firmado por Joana Bonet, recoge la proclama del jefe del Ejecutivo en favor de las alianzas contra el hambre y de las civilizaciones, en el transcurso del vuelo que le dejó a las puertas de la sede de la ONU en Nueva York horas antes de participar en su asamblea. Para remachar su convicción, concluye: «Los grandes avances en el mundo se han hecho defendiendo la causa de los dominados».

De «Vogue» a «Marie Claire»

En una muestra de que no hay dos sin tres en el ánimo del Gobierno de llegar a sectores específicos de la sociedad española, el líder socialista da continuidad a la estilosa presencia de las ministras en la revista «Vogue», en un polémico reportaje veraniego en 2004, y a la suya propia en «Zero», dirigida al público gay, que antecedió unos días a la aprobación de la también discutida equiparación de los matrimonios homosexuales.

En la definición propia es donde Zapatero rompe, al definirse como «rojo» y «feminista». En el primer supuesto, el presidente del Gobierno se emplea con aparente naturalidad a la pregunta de si se siente incómodo cuando lo dice: «¡Es que soy rojo. Todo lo contrario; nada me ha enseñado la derecha!». El segundo de los autoetiquetados lo vincula con la anécdota de una mujer mexicana que se topó con él en los pasillos de la sede de Naciones Unidas y le espetó: «Usted es el justiciero de las mujeres».

Fue precisamente en la ONU donde, según el citado reportaje, Rodríguez Zapatero se muestra más seguro de sí mismo y también más «poético». En concreto, una vez dentro de la sala donde están representados todos los países, se explaya: «Ésta es la casa de todos, sin diferencias, de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen historia, de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen». Y a continuación, nos descubre: «Fue en esta sala donde tuve la certeza de lo necesaria que resulta la Alianza de lasCivilizaciones, porque, a pesar de las diferencias, aquí todos nos sentimos iguales».

Por cierto que, durante el viaje transoceánico, el jefe de gobierno español no elude la tentación de señalar a su entrevistadora: «Justo ahora estamos pasando por las Azores», en alusión a la célebre reunión de Aznar con Bush y Blair que simbolizó a los aliados en la guerra de Irak.

Es precisamente en la charla sobre la polémica relación con Bush cuando un miembro del equipo del presidente afirma sin tapujos: «Mira, te voy a ser franco: Zapatero nunca ha pedido ver a Bush. Es más, existe una foto de un encuentro informal de veinte minutos entre los dos en el Kremlin, en el 60 aniversariodel final de la Segunda Guerra Mundial, y nunca hemos querido difundirla. No somos tan paletos». Y remata: «Te voy a decir otra cosa: las relaciones entre España y Estados Unidos son totalmente correctas sin necesidad de un encuentro formal entre sus dos presidentes».
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