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Diez años después del golpe, desilusión e indiferencia en Moscú

Actualizado 19/08/2001 - 19:24:37
Imagen de archivo del Golpe de Estado del 19 de agosto de 1991
Imagen de archivo del Golpe de Estado del 19 de agosto de 1991
Sólo un centenar de personas participó este domingo en Moscú en la conmemoración del golpe fallido del 19 de agosto de 1991, demostrando con esta escasa afluencia la desilusión y la indiferencia de los rusos diez años después de los acontecimientos que precipitaron la caída de la URSS. 
Ninguna figura política conocida participó en el encuentro frente a la sede del gobierno, donde decenas de millares de personas habían apoyado a Boris Yeltsin, en ese entonces presidente de la República Soviética de Rusia, frente a los dirigentes del golpe. 
El único representante del gobierno fue el ministro del Trabajo, lexandre Ptochinok. La ausencia más destacada fue la de los jóvenes. "¿Dónde están los jóvenes? ", preguntaban los mayores. "Eramos demasiado jóvenes cuando ocurrieron esos acontecimientos y el recuerdo de la URSS no nos atormenta como a la gente que sufrió bajo ese régimen", explica Dimitri, de 21 años. 
"Nosotros (los jóvenes) tampoco conservamos un recuerdo muy espectacular de Boris Yeltsin, contrariamente a aquellos que se subieron a las barricadas", añade este militante del Partido Liberal (SPS) y estudiante de economía. Una mujer ondeaba una vieja banderola electoral que mostraba a Yeltsin con el puño en alto. Otra sostenía una pancarta con una foto del ex Presidente sobre la cual estaba escrito "Que Dios salve a todos los Boris del mundo". 
El 19 de agosto de 1991, un grupo de dirigentes soviéticos, incluyendo al jefe del KGB y al ministro de Defensa, declaró el estado de urgencia e intentó destituir al presidente soviético, Mijail Gorbachov, para oponerse a sus reformas de democratización. 
Los tanques habían entrado a las calles de Moscú, pero la oposición
democrática, dirigida por Boris Yeltsin, resistió e hizo fracasar el golpe al cabo de tres días. Algunos meses más tarde, la URSS se desintegraba. 
"Se han dicho muchas cosas malas sobre Yeltsin, se le acusa de ser un
borracho y demases. Pero fue él quien condujo la revolución (democrática)", asegura Galina, de 59 años, con una foto de Yeltsin colgada al cuello.
"No tengo nada contra (el presidente Vladimir) Putin, porque fue Boris
Nikolaievitch quien lo escogió", agrega. "Yeltsin es un verdadero demócrata, al contrario de Gorbachov y de todos los que hoy se declaran como tales", estimó por su parte un profesor de filosofía, Viktor Fine, de unos 60 años. 
Sin cuestionar el papel de Boris Yeltsin, otros no escondían su amargura. "Estamos exactamente en el mismo punto que hace 10 años, nada ha cambiado. Debemos seguir luchando por la democracia y la libertad de la prensa", reclamaba Lev Chamaiev, de 50 años. "Es como hace diez años. Eramos sólo un puñado al comienzo frente al Parlamento (hoy sede del gobierno), la gente fue llegando poco a poco. . . 
¡Ya vienen! ¡Estoy seguro que van a venir! ", decía Nikolai, pero ese gentío que esperaba este domingo no llegó nunca. Sumergidos en la torpeza estival, la mayoría de los rusos mostraba abiertamente su indiferencia. "¿Qué es lo que se está celebrando hoy? , preguntaba una estudiante de 25 años. "Pero, es el día de la Fuerza Aérea", le respondió, acertadamente, un jubilado de sienes plateadas. 
"Hace diez años, todos estaban en la calle, vivimos un gran impulso
romántico y creíamos que un futuro resplandeciente finalmente surgiría frente a nosotros", explicó a la AFP un especialista en informática de unos 40 años. "Luego, comprendimos que no iba a ser fácil ni rápido. Ahora la mayoría de la gente ni siquiera está segura de que las cosas van a mejorar. Por ello existe una indiferencia general", señala. 
   
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