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Mohamed, Dalila y Ryan: familia sin fronteras

Atrás queda Mdiq, mitad pueblo, mitad ciudad. Con dos muertos más en su cementerio, Dalila y Ryan. En África, pero a las puertas de Europa. Símbolo del Marruecos que no quiere perder de vista a los

Actualizado 19/07/2009 - 14:13:37
Mohamed reza durante el entierro de su hijo, el pasado jueves, en la localidad marroquí de Mqid | EFE
Mohamed reza durante el entierro de su hijo, el pasado jueves, en la localidad marroquí de Mqid | EFE
Atrás queda Mdiq, mitad pueblo, mitad ciudad. Con dos muertos más en su cementerio, Dalila y Ryan. En África, pero a las puertas de Europa. Símbolo del Marruecos que no quiere perder de vista a los que emigran desesperados hacia el viejo continente del norte porque, una vez instalados allí, son una buena cantera para sacar al país de la cola del desarrollo.
En medio del bullicio, los jóvenes se dejan ver por el paseo marítimo a todas horas del día. Algunos flirtean en busca de presa. Se cotizan especialmente los que cuentan con residencia fuera de Marruecos. Pillar uno es el sueño de una noche de verano. Ése que vio cumplido Dalila Mimouni cuando conoció al español de familia marroquí Mohamed El Ouriachi, se casó y obtuvo por la vía rápida y sin pagar un visado de reagrupación familiar que le permitió instalarse en Madrid. La joven seguía así los pasos de su hermana Sabah, instalada en Ceuta, y Nadia, en Holanda.
De no haberse convertido el pasado 30 de junio en la primera víctima mortal de la gripe A en España, ella hubiera sido una de esas MRE (marroquíes residentes en el extranjero) que pasa varias semanas del verano en Mdiq. Y con ella su hijo Ryan, muerto de manera trágica dos semanas después por un error médico.
«Estoy soltero, pero con muchas amigas», comenta Hatim El Ouarachi, de 25 años, hermano mayor de Mohamed y cuñado de Dalila, uno más de esos jóvenes de vacaciones estivales se pasea por Mdiq estos días. Sin empleo, como Mohamed, es una víctima más del paro en España. «Todavía no sé si elegiré una mujer de allí (España) o una de aquí (Marruecos). No creo que mi madre se enfade si me caso con una cristiana».
Papeles españoles
Tanto él como su hermano nacieron en Madrid y no tienen documentación marroquí, sólo la española. Son producto de un nuevo tipo de estructura familiar que crece a ambos lados, una especie de familia sin fronteras. Muchos siguieron los pasos del abuelo, Sadik Dadach (1939), que se instaló en España por vez primera hace 45 años. Su hermano Abdesalam (1940) lo confirma con voz de cantaor flamenco y dice que le conocen como Manuel García Pérez. «No me arranco a cantar porque estamos de funeral».
Mohamed El Ouriachi tiene hermanos de padre y madre, como Hatim y Ramda; sólo de padre, como Bader y Meriem, y sólo de madre, como Nadir e Imad. Hafida, la madre, está ahora casada en Madrid con Hasán. Su ex marido, el padre de Mohamed, «tuvo problemas con la justicia y no puede volver a España», dice Hatim.
La familia no entiende ni la muerte de la joven, que acudió antes de que le diagnosticaran la gripe dos veces a urgencias, ni la de su bebé, nacido de una cesárea horas antes del fallecimiento de Dalila.
«Errores así hay cada día en Marruecos y ni se investigan, ni se juzgan, ni se compensan», opina un funcionario español en el reino alauí.
Para Hatim está claro, al contrario de lo que alguna asociación de marroquíes en España deja caer, que la sanidad «no va a por los marroquíes. Aunque haya alguien que les tenga ganas. ¿Quién va a ser tan bestia de pagarlo con un bebé indefenso?».
La psiquiatra tetuaní Amina Bargach critica la presión de los periodistas, que «rápidamente han designado culpable sólo a la enfermera» y además «no ayudan a superar el trámite del dolor».
Eso sí, será ahora, con la tierra echada sobre los féretros, cuando sepamos hasta dónde están dispuestos a llegar y si las autoridades españolas logran un acuerdo con la familia para evitar el juicio.
Con el agua vertida sobre la tumba de Ryan aún fresca y vestida de blanco en señal de luto, Aziza, madre de Dalila y abuela de Ryan, recibe a este corresponsal la tarde del entierro, el pasado jueves.
«Resucitar» el caso de Driss
Junto a ella se sienta su hija Sabah, de 21 años, y su nieto Omar, de dos meses. «Autoridades importantes la han contactado ya para que no les denuncie», explica Sufián, marido de Sabah, junto a su suegra. «Si hay acuerdo no denunciaré», dice ella en árabe.
Ese acuerdo pasa, según explica la mujer, no sólo por una compensación económica sino por dejarlas instalarse en España junto a Salma, su hija de 14 años, para que pueda cursar sus estudios. Se apoya no sólo en la negligencia con Ryan y en sus dudas sobre la atención a Dalila. Es momento también de recordar la historia de su marido.
Driss Maimouni, nacido en 1954, fue militar y combatió contra el Frente Polisario en la guerra del Sahara Occidental. En 2002, una vez retirado del Ejército, obtuvo del entonces cónsul español en Tetuán un visado de quince días para viajar a España.
Como muchos otros, no regresó y se quedó allí a trabajar para un compatriota que tenía en Tarragona una empresa de la construcción. Eran tiempos de alegría en el ladrillo, lo que le llevó a empadronarse en Calafell. Pero un accidente acabó con su vida a los 50 años. Era el verano de 2004. La familia, que relata la dolorosa repatriación del cadáver en medio de ayudas que nunca llegaron, se queja de que no consiguió compensación alguna de España ni con la ayuda de un par de abogados.
A pesar de lo ocurrido, «las autoridades españolas nos han tratado muy bien», afirma Aziza. Sin pensar en que tiene pudiera tener encima un mal de ojo, tan recurrente en Marruecos para explicar tragedias así, la mujer quiere ahora instalarse en el país donde han muerto su marido, su hija y su nieto.
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