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La dinamita roja de Bjarne Riis

EL CSC explota una imagen de modernidad. Un ex militar del ejército danés que no sabe nada de ciclismo ejerce como mediador en la armonía del grupo. Cada pretemporada, los corredores realizan ejercicios de supervivencia, como nadar de noche durante horas en el mar o construir balsas talando árboles perdidos en un bosque

Actualizado 19/07/2004 - 01:57:07

NIMES. La dinamita roja y Wilson Kipketer han dejado de ser el patrimonio deportivo que Dinamarca pasea por el mundo. La selección de fútbol que abanderaron Michael Laudrup y Elkjaer Larsen y las gestas del plusmarquista mundial de los 800 metros (el keniano nacionalizado) han encontrado en el CSC un duro competidor en la popularidad del país. Hay un espíritu CSC, le gusta decir a Bjarne Riis, el ciclista que acabó con Miguel Induráin en 1996. En el Tour rebosa exuberancia. Iván Basso es segundo, Carlos Sastre, duodécimo, y el grupo manda en la general por equipos.

La tradición danesa suscribió nombres de ciclistas con cierto caché, Andersen, Frey, Hamburger, Sorensen, Pedersen, Weltz, hasta que Bjarne Riis convirtió el Tour en templo de adoración con su victoria en 1996. El pequeño país escandinavo era la Yugoslavia del baloncesto. Figuras emigrantes sin nido para echar raíces.

El salto con Jalabert

En 1998 nació Home Jacks & Jones, el primer equipo danés de la historia. En dos años cambió de registro y se llamó Memory Card, hoy convertido en CSC por la intervención económica de Bjarne Riis, que compró la estructura para su empresa, Riis Cycling. Con el fichaje de Jalabert, el equipo dio el salto al Tour (dos etapas y el «maillot» de la montaña). Con Carlos Sastre encontró un aliciente para la montaña. Con Tyler Hamilton aspiró por primera vez al podio.

«Los métodos de Riis me recuerdan a la época en la que Manolo Saiz revolucionó el ciclismo en España -cuenta Sastre-. Le gusta innovar y pone los mejores medios al alcance del equipo». En el CSC no existen grupos por ciclos de temporada, ciclistas de Tour, Vuelta o clásicas. Todos reciben el mismo método de entrenamiento y cada cual busca sitio en las carreras que le seducen.

El CSC invoca a la modernidad en muchos detalles. Riis es un devoto de los desafíos de supervivencia. Hace dos años soltó a sus ciclistas en un bosque sueco con una mano delante, otra detrás, unas linternas, unos litros de agua y cuatro artilugios de acampada. Había corredores españoles, italianos, franceses, daneses, americanos. Tuvieron que levantar su torre de Babel para cortar troncos, construir balsas, hacer fuego y demás.

El último invierno, en Lanzarote, el patrón del CSC tuvo otra idea. Sus chicos rieron cuando entró en sus habitaciones de madrugada y les dijo que todos al mar. Los ciclistas pensaron que era la típica broma de pretemporada. Pero no. Riis les envió al Océano Atlántico para que nadasen por la noche durante uno o dos kilómetros bajo el reflejo de la luna. Técnicas para alimentar la conciencia de grupo.

Un soldado como mediador

Esas finas ocurrencias provienen de un amigo de Riis, absoluto desconocedor del ciclismo, los ciclistas y el deporte. Bjarne S. Christiansen, «BS» para los amigos y «soldado» para los corredores del CSC. Es un ex miembro del ejército danés que interpreta en el equipo el papel de un mediador. Si otea conflicto de intereses, si alguien le viene con un problema, si un ciclista está de mal humor, allí acude «BS». «Siempre intenta que cualquier problema se arregle con diálogo y calma», comenta Carlos Sastre.

Las bebidas con burbujas están prohibidas para Iván Basso y todos sus compañeros. También la miga del pan. Un hombre llamado Ole Kore Foli ejerce como un «mago de Oz» -así le llaman los corredores-, mitad osteópata, kiropráctico y masajista, por el que los ciclistas sienten devoción. La modernidad ha entrado en el equipo CSC de la mano de Riis, aunque él sigue con su preparador físico de siempre, el italiano Luigi Cecchini, con el que ganó el Tour de 1996 bajo un manto de sospechas.

«En este pelotón muchas cosas funcionan como hace treinta años. Y hay muchos campos para explorar», comenta Bjarne Riis a ABC. El alma mater del CSC vigila, ordena y manda, pero echa de menos el gusanillo de la competición. Echa de menos a Miguel Induráin. Y es que, como él asegura, «la bici era mucho más divertida que el coche».
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