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El huracán Vince, que afectó a España en 2005, tuvo un precedente en 1842

En octubre de 2005 el huracán Vince amenazaba con continuar su trayectoria desde el norte de Madeira y adentrarse en la Península Ibérica, adonde finalmente llegó, aunque ya convertido en tormenta

Actualizado 19/05/2008 - 10:13:09
En octubre de 2005 el huracán Vince amenazaba con continuar su trayectoria desde el norte de Madeira y adentrarse en la Península Ibérica, adonde finalmente llegó, aunque ya convertido en tormenta tropical. Al contrario de la tormenta Delta, que se produjo sólo un mes después y causó numerosos daños en Canarias, y del huracán Gordon, que un año después afectó sobre todo a Galicia, el Vince no era un huracán de vuelta del Caribe, sino que se había formado entre las Azores y Madeira. En aquel momento, desde la Agencia Estatal de Meteorología, se indicaba que la formación del Vince era «algo insólito o al menos inusual, porque no recordamos que en esa zona de Madeira y las Azores se haya formado ningún ciclón».
Ahora, un grupo de investigadores españoles, británicos y estadounidenses han hallado un antecedente del huracán Vince, ocurrido en 1842. «Este es el más antiguo que hemos encontrado que entre en la Península Ibérica», explica a ABC Ricardo García-Herrera, profesor titular de Física Atmósferica en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los autores del estudio publicado en el Boletín de la Sociedad Meteorológica Norteamericana.
Registro desde 1851
La razón principal de que este ciclón no estuviera registrado y que, por tanto, se considerara al Vince como el primero que entraba en la Península Ibérica, es que la base de datos con el registro de huracanes comienza en 1851. Pero las fuentes de estos investigadores son otras y más antiguas: escritos, periódicos y cuadernos de bitácora que llegan hasta 1600. «Es una tarea como la de los detectives», dice García-Herrera.
Y lo primero que encontraron estos historiadores del clima fue un documento de Rico Sinobas de 1853, en el que recoge algunas cuestiones aparecidas en la prensa española de la época, así como datos meteorológicos. De acuerdo a este autor, la tormenta se detectó en primer lugar sobre Madeira, en la noche del 27 de octubre de 1842 continuando hasta el día siguiente. Los daños más severos se registraron en Funchal, consecuencia de rachas de vientos notablemente violentas, según describen los investigadores en la revista de la Sociedad Meteorológica Norteamericana.
Durante la noche del 28 y 29 de octubre, el huracán llegó frente a la costa noroccidental de Marruecos, cerca de Cabo Blanco y Cabo Spartel. Sobre esto, Rico Sinobas ya recoge el testimonio de los marineros del barco español «Buenmozo», que hacía la travesía de Canarias a San Lúcar de Barrameda, donde arribaron el 30 de octubre tras haber sobrevivido a la tormenta. Pero los efectos de esta tormenta se notaron también en tierra española en la noche del 28 de octubre.
En la Bahía de Cádiz los vientos fueron muy fuertes. Muchos barcos sufrieron daños, los árboles fueron arrancados de cuajo y dos puentes se vinieron abajo. En Jerez de la Frontera también se registraron daños. Más al sur, en Conil, tres buques fueron arrastrados a tierra. Y de acuerdo con fuentes de la Marina española en Cádiz, perdieron tres de sus barcos y otros 45 buques de diferentes nacionalidades sufrieron importantes daños. Los registros de esa noche en San Fernando (Cádiz) se refieren a vientos con fuerza 12 en la escala de Beaufort.
Durante la mañana del 29 de octubre de 1842 los efectos de este ciclón se sienten en casi toda Andalucía y en el sur de Extremadura, aunque también se reportaron daños de Toledo, Madrid, Alcalá y Guadalajara. Al parecer el Sistema Central hizo de frontera entre las zonas afectadas y las que no lo fueron, con unos vientos que llegaron a sentirse en la cuenca del Júcar.
Categoría 2
Según explica García-Herrera, los vientos que se registraron son compatibles con un huracán de categoría 2 en la escala Saffir-Simpson, por tanto, en algún momento ese ciclón fue más intenso que el Vince, que fue de categoría uno y luego tormenta tropical. La intensidad fue distinta, pero no así la trayectoria de ambos ciclones. A pesar de que Rico Sinobas lanzó la hipótesis de que fuera un huracán formado en el Golfo de México, el equipo en el que participa García Herrera, y también José M. Vaquero, de la Universidad de Extremadura, considera que esto no fue así.
Para llegar a esta conclusión los investigadores estudiaron los cuadernos de navegación de más o menos un tiempo de quince días en torno a ese ciclón, y encontraron que ningún barco, que eran sobre todo ingleses -pues son de los que más quedan diarios de navegación- registró tormentas compatibles con la ocurrencia de un huracán. «Al mismo tiempo -prosigue Ricardo García-Herrera- nos fuimos a mirar los registros de los huracanes que hubieran tocado tierra y vimos que ninguno de ellos, pues los que hubo fueron en la zona de Florida, era compatible con ser la fuente de esa tormenta».
Fue entonces cuando centraron su atención en un área próxima de la Península Ibérica. Encontraron un periódico, «The Barbadian», que se editaba en las Antillas, del 7 de diciembre de 1842, donde se describen episodios relacionados con la génesis del huracán, y junto a los datos aportados por cuadernos de bitácora americanos de la colección Maury llegaron a la conclusión de que se formó entre Canarias y Madeira. Y, además, con una trayectoria muy similar al Vince.
Según García-Herrera, se forma al oeste de Canarias, luego pasa al norte de Madeira para entrar en la Península por la zona del Golfo de Cádiz y llegar a Sevilla y demás. Muy similar al Vince, que se formó un poco más al norte de Canarias y más al oeste de Madeira y con una trayectoria que pasa al norte de Madeira y entra en la Península más o menos por la misma zona. «No es habitual que se formen huracanes en esa zona. Son ciclones que tienen una trayectoria muy rara», explica.
Y la situación que se dio para ese fenómeno tan inusual fue la ocurrencia de una vaguada en superficie -una situación de baja presión, pero que no llega a ser una borrasca porque no se cierra la circulación- y también la existencia de una dana, una depresión aislada en altura. «Eso fue lo que ocurrió con el Vince, porque el problema de 1842 es que no hay mapas de superficie ni de altura que tengan la suficiente resolución», dice García-Herrera. Lo que sí está claro es que es un precedente del huracán Vince, el segundo, y no el primero, que afectó a la Península.
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