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FINO VELLORÍ

Actualizado 19/04/2005 - 10:49:18
Tres años lleva la Orquesta de la Comunidad de Madrid invitando a algunos compositores a poner nueva música al viejo cine. Empezó Sánchez Verdú con el «Nosferatu» de Murnau y del empeño surgió una partitura en la que importaban las impresiones, la sonoridad de lo provocado por las imágenes antes que la recreación de las mismas, quizá el mensaje por encima del aspecto. Se presentó el pasado año Cruz de Castro encorvando su estilo al servicio de la acción, añadiendo al «Berlín» de Ruttmann los sonidos que allí se presienten, jugando con la acción en una palpitante e intensa sucesión de retratos musicales. Fueron dos propuestas realizadas a partir de planteamientos diversos. A ellas se añade ahora la que acaba de presentar Jorge Fernández Guerra, llamado en el justo momento en el que se imponía el pie forzado por el aniversario de la publicación del «Quijote». De alguna forma, el compositor se ha dolido de ello, máxime teniendo en cuenta que el «Don Quichotte» de Georg Wilhelm Pabst que le ha tocado en suerte es en origen una película sonora con música y canciones de Jacques Ibert.
Ante ese escenario, Fernández Guerra ha optado por enmudecer la película y hacer una música incidental que la acompañe en su totalidad. Él mismo lo explica con profusión de detalles y con la misma prudencia con la que ha dado forma a un continuo musical de medida tensión dramática y respetuosa distancia con respecto a lo que se contempla. La nueva banda sonora es un fondo que se muestra remiso a la hora de subrayar gestos, la acción o un posible diálogo que se adivina a través de los subtítulos. Ya puede ser la escena del ataque a las ovejas, la liberación de los presos o el duelo con el bachiller. En unas y otras se siente que se ha procurado acompañar antes que describir, sugerir caracteres aunque no dibujar su honda personalidad. Y así al «Don Quichotte» de Pabst se le ha dotado de una partitura muy pensada, escrita con extrema seriedad y que, a lo largo de su casi hora y media de duración, anhela crecerse, implicarse y hasta dialogar con la emocionante sugerencia de los libros que arden o la triste visión del caballero moribundo. Música que la Orquesta de la Comunidad hizo con corrección y que José Ramón Encinar procuró sincronizar con la imagen.
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