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El gregario del Ibex 35

Actualizado 19/04/2004 - 11:04:47

A David Blanco se le planteó una duda existencial. De un lado, un piso de noventa metros, una sala con cinco monitores, un amplio abanico de clientes esperando dividendos al teléfono, stops, cotizaciones, bonos, balances, gestiones en soledad y dinero de por medio, mucho dinero. Mil millones de pesetas para invertir. De otro, la locura apasionada, bicicletas, aire libre, el pelotón de los buenos, un hueco como profesional. El Ibex 35 o el Tour. Una disyuntiva insólita en un deporte de raíz rural, cuyos practicantes no suelen titubear si hay un dorsal a tiro. Blanco se ha convertido en ciclista del Comunidad Valenciana, va a debutar en el Tour a sus 29 años, ha hecho realidad su ilusión, pero no ha terminado de elegir. Con la licenciatura de Económicas bajo el brazo, prepara su doctorado en el complejo espectro de los mercados financieros, las inversiones por internet y el márketing. Un caso único. Ciclista y «broker» al tiempo.

Blanco (29 años, Santiago de Compostela) nunca había competido hasta este año en un equipo español y ya se ha retirado dos veces del ciclismo. Entre despedida y despedida, ha deambulado nómada por Portugal. Tres equipos en cuatro años (Paredes Rota dos Moveis, ASC Vila y Tavira) al son de un mercado menor, pero productivo para los españoles sin gran caché. Dos inviernos después de estrenarse como profesional, lo dejó todo por la Bolsa.

«Me llamó un amigo, Victorino Redondo. Buscaba alguien para montar una sociedad de inversión. Y como esto del ciclismo está difícil, me fui a Ponferrada con él». En la capital del Bierzo, entre helada y helada, Blanco madrugaba para captar clientes en Soluciones Financieras Fiscales que abriesen cuentas en una agencia de Bolsa. Un ciclista vocacional convertido en tiburón financiero a lo Walt Street.

Solo en Ponferrada

«Claro que no iba engominado -replica Blanco-. Yo sólo era un intermediario que cogía el dinero de otros y se llevaba el 15 por ciento de las ganancias, si las había». Encerrado en el salón de un piso de noventa metros, cinco monitores para dos ojos, sin conversación, sin gente, sin aire, sin bici durante seis meses, Blanco empezó a agobiarse. «Tenía mucho estrés. La Bolsa no es fácil. Si así fuera, todo el mundo se haría rico. Lo principal es mantener la sangre fría y respetar los stops. Un inversor siempre tiene que marcarse una barrera psicológica. Si compras a veinte y tienes que vender a 19,75, hay que hacerlo aunque pierdas cien mil pesetas. Si dejas que caigan las acciones, terminas por vender tan a la baja. Y así mucha gente se arruina».

El frío de Ponferrada, la soledad de las cuatro paredes -«sólo hablaba por e-mail»- y la lejanía de su novia fueron apartando a Blanco de su cartera de clientes, que llegó hasta seis millones de euros. «Mi novia vive en Lisboa y cada fin de semana me cascaba 1.500 kilómetros en un Clio. Al principio, me sedujo mucho la Bolsa, pero me moría en Ponferrada. No puedes pretender ser broker a tiempo parcial».

Un fin de semana en Lisboa se alargó más de la cuenta y Blanco ya no regresó a León. Volvió a coger la bici -«da gusto el calorcito de Lisboa»- y volvió a encontrar equipo, el Vila do Conde. Por las carreteras lusas pasó invisible en 2002 y manejó de nuevo otra retirada. Le rescató su mánager, Juan Campos, antiguo preboste del Porcelanatto y Santa Clara. Un año con el Tavira antes del mejor verano, quinto en la Vuelta a Portugal y una etapa en el CT Correios. Por esos resultados se interesó Vicente Belda.

Blanco acaba de llegar al ex Kelme y sus colegas españoles del pelotón apenas le conocen. Alguno que sabe su historia bromea. «¿Cómo van esas inversiones, Blanco?». El gallego disfruta con las chanzas. «Hago lo que me gusta. Cuando tenga 40 años no podré montar en bici. El ciclismo me permite conocer gente, culturas, pueblos, paisajes. Y, lo principal, me levanto a la hora que quiero». Belda le ha incluido en su «nueve» del Tour. Pero Blanco es más que ciclista. «En casa sí sigo la Bolsa. No lo puedo evitar». Eso sí, tiene sus ahorros en fondos de inversión garantizados. Y entre tanto, prepara su tesis en la Facultad de la Coruña. No va a clase, pero ha aprobado la mitad de la asignaturas. Y piensa en un futuro sin bicis: «Montaré una empresa de inversión cuando me retire».
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