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Savater sostiene que se ha ilegalizado HB porque era una demanda social

Actualizado 19/03/2003 - 00:17:52
Fernando Savater y Edurne Uriarte, ayer, en Madrid.EFE
Fernando Savater y Edurne Uriarte, ayer, en Madrid.EFE
MADRID. El portavoz de ¡Basta ya! Fernando Savater declaró ayer que la Ley de Partidos que ha posibilitado la ilegalización de Batasuna no ha sido consecuencia de una «idea brillante» que se le ocurrió al Gobierno, sino la respuesta a una demanda que muchos ciudadanos vascos venían realizando desde hace tiempo.
Savater comentó que el terrorismo «no es cosa de un grupo de individuos a los que les ha dado un ataque de ferocidad», sino «una trama mafiosa, formada por empresas, partidos, periódicos..., que está instalada en la sociedad vasca y contra la que se ha empezado a actuar». «Por eso dura tanto», sentenció. En opinión del filósofo donostiarra, «es una estupidez eso de que todas las ideas son legales y por tanto hay que respetarlas», como sostienen los nacionalistas. Por ejemplo, «si se considera una idea que hay que exterminar a los convecinos, pues habrá que decir que esa idea es ilegal». Y en este sentido, Batasuna, cómplice del terrorismo de ETA, «está fuera de la legalidad». Según el portavoz de ¡Basta ya!, esa «idea ilegal, que defiende la violencia o que sostiene que España es un país invasor, enemigo de los vascos, no debe enseñarse en las escuelas, ni propagarse a través de los medios de comunicación, ni recibir subvenciones» por parte del Gobierno vasco.
En la presentación en Madrid del libro «¡Basta ya!. Contra el nacionalismo obligatorio», Savater recordó que esta plataforma cívica no se limita a proclamar en la calle «no a ETA», sino que además está a favor del Estado de Derecho, de las víctimas, de la Constitución y el Estatuto. Y a lo largo de su trayectoria, dijo, ha ido consiguiendo «hitos»: salir a la calle para gritar «ETA fuera», cuando a lo más que se llegaba era a concentrarse en silencio. y, más recientemente, manifestarse contra el «nacionalismo obligatorio».
Savater rechazó que en el País Vasco no haya alternativa al nacionalismo. Más bien al contrario, existe, respaldada con más votos y con «un mayor consenso», en torno a la Constitución y al Estatuto de Autonomía.
«Intelectuales intempestivos»
El presidente del Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, Mikel Azurmendi, recordó cómo no hace mucho los familiares de las víctimas tenían que decir «era una buena persona», como forzados a justificarse y a demostrar su inocencia. «Del silencio se pasó a la eclosión de intelectuales intempestivos, a la energía literaria», con lo que «la característica ya no era el silencio, sino la energía de la voz» para denunciar los crímenes de ETA. Según Azurmendi, esa etapa «se focaliza en Ermua». Pero, en su opinión, tras el asesinato de Joseba Pagazaurtundua había que «quemar etapas» y ahora muchos vascos piden responsabilidades al Gobierno nacionalista.
El periodista José María Calleja dijo que ¡Basta ya! «ha permitido a muchas víctimas y ciudadanos vascos salir del armario del miedo». Antes, según recordó, «en un macabro reparto de papeles, el régimen nacionalista permitía llorar a los familiares de las víctimas durante las 72 horas posteriores al asesinato, musitar un poco, a poder ser algo del estilo de «espero que la sangre de mi hijo sea la última derramada» y después, guardar silencio». Calleja denunció que durante aquellos años, «la muerte hacía gracia a mucha gente».
«Miserable de guardia»
Hasta el extremode que cuando en un atentado resultaban muertos tres guardias civiles y heridos dos agentes, «siempre había un miserable de guardia para decir algo así como «tres goles y dos postes»». Pero, según dijo, ¡Basta ya! «pretende que los asesinatos de ETA no salgan gratis y por ello denunciamos al régimen nacionalista en el que se producen». «Somos muy tercos, nos están matando ordenadamente, pero no nos vamos a callar».
Por su parte, la profesora de la Universidad del País Vasco Edurne Uriarte destacó la «pluralidad ideológica» que hay en ¡Basta ya!. No obstante, se lamentó que «hay todavía mucha gente en el silencio, y lo estará hasta que ETA desaparezca». También «hay una enorme presión del nacionalismo que no quiere escuchar la denuncia». Llegado a este punto, Edurne Uriarte ve, pese a ello, motivos para el optimismo al constatar que existe una «revolución lenta, pero en marcha».
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