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Los socialistas lusos confían en hacer imposible el Gobierno de Durao

José Manuel Durao Barroso, presidente del Partido Social Demócrata (PSD) y vencedor en las legislativas portuguesas del domingo, analizará esta semana con el presidente Sampaio lo que entiende como una solución política estable y creíble para su Gobierno. La victoria por una mayoría relativa de 102 diputados no le da margen de maniobra y, por eso, estudia pactar con el PP.

Actualizado 19/03/2002 - 00:34:54
Durao Barroso. Reuters
Durao Barroso. Reuters
Los dos partidos de centro derecha y derecha consiguen juntos 116 escaños, la mayoría absoluta en el Parlamento. Los cuatro diputados del exterior aún por escrutar ya no tienen influencia en el resultado final. A izquierda, el Partido Socialista (PS), de Eduardo Ferro Rodrigues, dispone de 95 escaños; el Partido Comunista, en coalición con los ecologistas, (CDU), 12, y el Bloque de Izquierda (BE), de Francisco Louçã, 3.
En la noche de las elecciones, Durao Barroso reconoció que «la situación dramática a la que el país fue conducido exige estabilidad para el nuevo Gobierno». No obstante, no ha revelado cómo la garantizará. Jorge Sampaio ha dicho ya que defiende una «solución sólida» para el futuro Gobierno, una vez que le espera la necesidad de tomar decisiones muy difíciles, y su opinión no dejará de pesar en este momento de muchas dudas.
Empate anterior
El presidente no quiere que se repita la situación de la anterior legislatura, en la que en la Asamblea de la República había empate de diputados entre los socialistas y la oposición restante. Por eso, los apoyos del Gobierno de Antonio Guterres han funcionado de forma variable, lo que contribuyó al aplazamiento de muchas reformas de fondo en la sociedad lusa. Esas reformas pendientes son ahora la pesada herencia del próximo Ejecutivo.
Claras señales de cambio
Desde la Revolución de los Claveles, en abril de 1974, nunca un partido de la oposición venció en las legislativas con mayoría absoluta y, aunque fuesen claras las indicaciones de voluntad de cambio, sería muy difícil alcanzar ese objetivo. En las elecciones del domingo, PSD tenía alguna esperanza en conquistar votos al partido de Paulo Portas que, en las locales de diciembre, se quedó muy debilitado. Pero el Partido Popular (PP)resistió más de lo que se imaginaba, y ofreció a los socialdemócratas la posibilidad de negociar una alianza.
Algunos observadores aseguran que Durao Barroso podrá tratar de formar un Gobierno minoritario con el apoyo parlamentario del PP. No obstante, se considera inevitable que el nuevo Ejecutivo incluya a algunos miembros del PP, en repetición de la experiencia de la coalición vivida por los dos partidos en 1980, cuando el país se encontraba también en una situación muy compleja.
Tras hacerse públicos los resultados, Luis Nobre Guedes, un influyente responsable del PP, anunció que «pasados 20 años, el PP va a volver al Gobierno de Portugal». Sus palabras han sido consideradas como premonitorias.
Coaliciones con éxito
En los seis años de gobierno socialista, el PSD y el PP unieron esfuerzos en dos referendos sobre el aborto y la regionalización del país, de los que salieron triunfantes. Más recientemente, en las elecciones locales de diciembre pasado, formaron cincuenta coaliciones con éxito en importantes ayuntamientos como Oporto, Coimbra, Sintra y Cascais.
Ahora, Paulo Portas ha dicho que espera la iniciativa de Durao Barroso con vistas a un entendimiento para los próximos cuatro años. De otro modo, en la presente situación, los 14 diputados del PP no tendrán otra utilidad. La designación de Durao Barroso como primer ministro deberá ocurrir en la primera semana de abril.
Caída de los comunistas
Por su lado, el líder socialista Ferro Rodrigues, que tuvo un resultado honroso, se mantiene al frente del partido. El hecho de que haya logrado controlar en tres meses el desgaste provocado por el periodo de permanencia en el poder no era una tarea fácil, sobre todo cuando era notorio el desánimo entre sus militantes. En los últimos días de campaña, todavía había esperanza en que de las elecciones resultase una mayoría de izquierda en el Parlamento. Pero era sólo una esperanza. Los comunistas, con un descenso electoral significativo, tampoco ayudaron.
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