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El Gobierno busca en los Servicios Secretos de Occidente la fórmula para remodelar el CESID

La próxima remodelación de los Servicios Secretos en España ha llevado al Gobierno a analizar la estructura, legalidad vigente y modos de actuación de los principales organismos de Inteligencia de Occidente. La premisa común en todos ellos es que los espías deben estar dotados de los mecanismos legales necesarios para poder alertar sobre amenazas antes de que se materialicen y deben poder hacerlo con el respaldo del Estado.

Actualizado 19/02/2001 - 01:04:35
Edificio del CESID, sede de los Servicios de Inteligencia españoles. ABC
Edificio del CESID, sede de los Servicios de Inteligencia españoles. ABC
Los Servicios de Inteligencia de los principales países occidentales, así como algunos de Oriente Medio, coinciden en señalar que las estrategias de globalización del crimen internacional y las alianzas que existen entre las mafias y redes de narcotráfico son los principales peligros contra los que deben luchar en la actualidad, una vez que ha desaparecido el bloque del Este.
Durante un seminario que se realizó el pasado verano en El Escorial (Madrid) sobre el futuro de los Servicios de Inteligencia, expertos de varios países ya subrayaron que las organizaciones terroristas están estrechamente vinculadas al narcotráfico, puesto que se ha convertido en su principal fuente de financiación. Asimismo, apuntaron la necesidad de potenciar la colaboración internacional de los Servicios Secretos para frenar a las nuevas amenazas del presente siglo: inmigración ilegal y tráfico de personas y «ciberterrorismo», además de las mencionadas antes.
MECANISMOS DE COOPERACIÓN
El ex coordinador de ese organismo en el Reino Unido Gerald Warner indicaba que antes de que los Servicios de Inteligencia formalicen estructuras comunes, será preciso articular mecanismos de cooperación similares a los que han establecido varios cuerpos policiales europeos y advirtió que los agentes de los diferentes países sólo confiarán mutuamente si trabajan juntos.
Respecto a la normativa legal de los Servicios Secretos, Warner opinó que no debe limitarse al control, sino que debe fijar claramente qué funciones deben desempeñar.
Los países occidentales han establecido la estructura de sus Servicios de Inteligencia con arreglo a las diferentes normativas. Así, los Servicios Secretos británicos están divididos en tres cuerpos: el Secret Intelligence Service (conocido como MI6), el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno (GCHQ) y el Servicio de Seguridad (MI5), informa José Manuel Costa. A ellos debe añadírsele el Cuerpo de Inteligencia Militar, enfocado exclusivamente a cuestiones estratégicas y operativas.
El SIS es el servicio de espionaje en el exterior, pero tras el final de la Guerra Fría sus capacidades están muy disminuidas. El GCHQ se encarga de todo lo relacionado con códigos y su desciframiento y en Inglaterra goza de un enorme prestigio por haber destripado la máquina de claves del ejército alemán en la II Guerra Mundial. El Servicio de Seguridad se responsabilizaba tradicionalmente del contraespionaje, pero su radio de acción se ha ido ampliando al terrorismo, crimen organizado, subversión interior... Su último logro es la construcción de un supercentro de análisis de datos por el cual pasarán todos los correos electrónicos que entren o salgan del Reino Unido.
Las agencias operan bajo el control de sus respectivos jefes que son personalmente responsables ante los ministros. El primer ministro tiene la responsabilidad general en cuestiones de inteligencia y seguridad y es asistido por el secretario del Gabinete. La ley de 1989 creó un tribunal responsable de considerar las quejas del público respecto al MI5 y la figura de un Comisionado cuya misión sería fiscalizar al ministro de Interior en esta materia.
EL MOSSAD
Tres son los Servicios de Inteligencia que operan por orden directa de Tel Aviv: el Mossad, cuyo campo de acción se encuentra en el extranjero; el Shin Bet o Shabak, que trabaja en el interior de Israel, y los agentes integrados en el seno de las Fuerzas Armadas, informa Juan Cierco.
El Mossad, creado en 1951, cuenta con unos 1.200 empleados y se compone de ocho departamentos. Sus actividades dependen directamente del primer ministro de Israel aunque los sucesivos gobiernos han dado vía libre para que los Servicios de Inteligencia operaran sin rendir cuentas legales a nadie.
El Mossad, cuyo jefe debe contar con el visto bueno del Consejo de Ministros, cuenta en su estructura interna con un «controlador» que está bajo la supervisión del director de la organización. El Comité de Defensa y de Asuntos Exteriores supervisa, en teoría, el trabajo de los Servicios Secretos, pero no siempre recibe la información que solicita por «razones de Estado».
ALEMANIA: REACCIÓN AL NAZISMO
Alemania no tiene órgano central de espionaje. Es una reacción al nazismo, en el que existía una autoridad fuertemente centralizada que invadía los demás organismos del Estado y una Gestapo que era a la vez Servicio Secreto y Policía. La Inteligencia se divide en tres cuerpos: Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BFV), que recoge información en el interior del país; Servicio de Protección Militar (MAD), cuyo ámbito de actuación se reduce al personal de Defensa, y Servicio Federal de Información (BND), que tiene encomendado el espionaje en el extranjero. De la coordinación de los tres servicios está encargado un comisionado con rango de ministro de Estado, informa E. J. Blasco.
La BFV, en la que trabajan 2.200 personas, se ocupa de seguir la actividad de los grupos extremistas, de labores de contraespionaje y de observar a los extranjeros que pueden constituir un peligro para la seguridad o el orden constitucional. Depende de Interior y presenta informes al Parlamento y a la opinión pública.
El BND depende de la Cancillería, y en él trabajan unos 6.300 efectivos. Su misión es el espionaje en el exterior, que incluye también el seguimiento de la criminalidad organizada, tráfico internacional de armas, narcotráfico y lavado de dinero. Da cuenta de su actividad ante una comisión especial del Parlamento, cuyo contenido es reservado.
Los Servicios Secretos militares emplean a 1.300 personas, dependen de Defensa y su objetivo es proteger la seguridad del Ejército.
EL MODELO FRANCÉS
En Francia, los Servicios Secretos dependen estatutariamente de Interior desde 1899, cuando espionaje y contraespionaje fueron retirados del control militar, tras el escándalo Dreyfus. Fue De Gaulle quien reorganizó el contraespionaje. y hoy en día funcionamiento, servicio y financiación de la Direction de la Surveillance du Territoire (DST) están siempre cubiertos por el secreto de defensa, informa Juan Pedro Quiñonero.
Los funcionarios de la DST dependen formalmente del ministro del Interior y están sometidos a la misma organización jerárquica que el resto de los servicios policiales. Los escándalos relacionados con el espionaje y contraespionaje, durante los últimos veinte años, han dejado al descubierto una «opacidad» extrema e impenetrable para el mismo Parlamento.
El escándalo «Rainbow-Warrior» (hundimiento de un barco ecologista) confirmó que el jefe del Estado sigue de cerca el funcionamiento práctico de la DST, pero se han tomado todas las precauciones para que la Presidencia de la República no sea salpicada. Todas las tentativas de levantar una parte del tupido velo que cubre los servicios de seguridad de la DST se han estrellado siempre con el celo del secreto de defensa.
LOS PRIVILEGIOS DE LA CIA
Los Servicios Secretos en Estados Unidos están centralizados en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que tiene el privilegio de presentar informaciones y recomendaciones al presidente y a la cúpula del Gobierno federal integrada en el Consejo de Seguridad Nacional. La CIA, fundada en 1947, coordina todas las actividades de la llamada «Comunidad de Inteligencia», integrada por la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA), la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), la Oficina Nacional de Reconocimiento, el FBI, y los efectivos asignados a estas misiones dentro del Ejército, la Navy, la Fuerza Aérea, los Marines y los Departamentos de Estado, Tesoro y Energía, informa Pedro Rodríguez.
Las tareas de la CIA son dictadas por la Casa Blanca y han variado en la última década como consecuencia del final de la Guerra Fría. Actualmente investiga desde posibles amenazas contra suministros energéticos hasta actividades antiterroristas pasando por la protección de secretos comerciales de empresas privadas norteamericanas. En los últimos años, la «compañía» ha jugado un significativo y visible papel de intermediación entre palestinos e israelíes.
El actual director de la CIA es George Tenet, nombrado por Clinton pero mantenido ahora por Bush. El presupuesto ronda los 30.000 millones de dólares anuales (unos 5,5 billones de pesetas), con una paulatina inversión adicional que podría llegar a un incremento del 6,6 por ciento para 2001. Con este ingente volumen de gasto, la CIA ha sido criticada por recientes fallos sonados como no anticipar el polémico ensayo nuclear realizado por la India en 1998 o no identificar correctamente la Embajada de China en Belgrado, bombardeada en 1999 en una acción de la OTAN contra Yugoslavia.
VEINTE AÑOS DE RETRASO
La inminente reforma del poder ejecutivo italiano, que deberá reducirse a doce ministerios a partir de la próxima legislatura, impide poner en práctica la modernización de los Servicios Secretos: una asignatura pendiente desde hace veinte años. La fórmula de mantener separados los servicios interiores de los exteriores, de asignar los servicios civiles al Ministerio del  Interior y los militares al de Defensa, contribuye a multiplicar la confusión en un país que cuenta, además, con la Dirección Investiga Antimafia (DIA) trabajando en paralelo a la Policía de Estado, Guardia de Finanzas y Carabinieri en la lucha contra las mafias y bandas internacionales. Los italianos llaman pomposamente «Intelligence» a un conjunto de reinos de taifas con poca coordinación, informa Juan Vicente Boo.
En el futuro, los servicios dependerán del primer ministro, directamente o a través de un ministro delegado, y todo el sistema quedará bajo la supervisión del Comité Parlamentario para la Información de Seguridad (COPIS) y la supervisión judicial de una sola Fiscalía con poderes para investigar posibles delitos en los Servicios Secretos.
El esquema se completa con una «cláusula de exclusión penal» a favor de los agentes que no es la mítica «licencia para matar» de 007, pero les permitirá utilizar nombres y matrículas falsas, mentir en declaraciones a las autoridades administrativas, Policía Nacional, etc. Los agentes sorprendidos en delito flagrante quedarán en libertad en 24 horas en espera de juicio, si procede.
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