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Otra infamia de Alí Agca

UNA vez cumplida la condena que le fue impuesta por el magnicidio frustrado contra Juan Pablo II, ayer quedó en libertad Alí Agca, asesino a sueldo de origen turco. Nadie pone en cuestión el derecho

Actualizado 19/01/2010 - 03:01:11
UNA vez cumplida la condena que le fue impuesta por el magnicidio frustrado contra Juan Pablo II, ayer quedó en libertad Alí Agca, asesino a sueldo de origen turco. Nadie pone en cuestión el derecho de un delincuente que está ya en paz con la ley a rehacer su vida y superar el pasado. Sin embargo, a sus 52 años, Alí Agca parece muy dispuesto a buscar notoriedad y dinero a cuenta de la infamia. Sus declaraciones sobre el «evangelio perfecto» que piensa predicar y la absurda pretensión de ser depositario de los secretos de Fátima demuestran la condición de un individuo sin escrúpulos que pretende hacerse millonario a base de entrevistas, libros y películas. La sociedad del espectáculo crea a veces «héroes» minúsculos e insustanciales, pero esta vez es imprescindible poner límites a un mercadeo innoble a costa de una figura histórica como Juan Pablo II, cuya visita a la prisión fue fiel reflejo de la talla humana de un pontífice cuya memoria se intenta mancillar.
Las palabras de Alí Agca serían ridículas si no fuera porque ofenden el sentimiento natural de justicia de muchos millones de personas en el mundo entero, incluido su propio país. La ética profesional que debe imperar en los medios de comunicación es incompatible con los planes de un pistolero reconvertido ahora en aspirante a estrella mediática. Cabría incluso esperar una actuación de oficio de los órganos encargados de velar por el principio de legalidad. Sería también razonable que la Iglesia hiciera llegar su criterio sobre este turbio asunto, no sólo a los católicos, sino también a todas las gentes de buena fe. Alí Agca pretende también dar consejos a Obama y lanzar mensajes pseudopolíticos para rentabilizar la fama que alcanzó a través de unos los actos más repulsivos que cabe imaginar. Si los medios cumplen con su deber en el plano deontológico y los ciudadanos ignoran esta burda maniobra, el asesino frustrado de Juan Pablo II no podrá desarrollar sus siniestros proyectos. Ojalá sea así en nombre de la dignidad social y de la memoria de un personaje excepcional en la historia del siglo XX. De lo contrario, habrá que asumir que algo falla en los mecanismos que otorgan fama y dinero en el mundo contemporáneo.
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