Castilla y León

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«Fue muy duro dejar a la niña atrás»

SAMUEL SAN JOSÉVALLADOLID. «Empezamos a hidratarla; estaba aparentemente bien de ánimo, y, tras dos horas de trabajo, ya la teníamos liberada hasta la cintura, sólo permanecía aprisionada por el

Actualizado 19/01/2010 - 08:11:44
«Empezamos a hidratarla; estaba aparentemente bien de ánimo, y, tras dos horas de trabajo, ya la teníamos liberada hasta la cintura, sólo permanecía aprisionada por el cadáver de su madre...». Pero no pudo ser. El relato de Paco Pérez Rivas, coordinador del equipo de la Junta de Castilla y León destacado en Haití, lamentablemente no pudo tener un final feliz. Los disparos que sobrevolaban la zona y una orden directa de las fuerzas de seguridad les impidió completar su «misión». El mismo grupo que protagonizó el emocionante y aplaudido rescate de un bebé de dos años hace unos días conocía ahora el sabor de la «frustración» más absoluta. Tuvieron que abandonar el lugar sin acabar de rescatar a la niña de entre los escombros. Y eso tampoco nunca lo olvidarán. «La policía había acordonado la zona, y empezaron a decir que había que darse prisa, que no había seguridad. De pronto recibieron órdenes de que nos retiraran, y a nosotros se nos cayó el mundo, porque nos faltaba muy poquito», narra Pérez Rivas con la voz entrecortada, lamentando lo sucedido, y aún sorprendido por una realidad que supera con creces su imaginación. «Pedí a la seguridad canadiense que nos dejara media hora de tregua. Negociaron con los pakistaníes y aceptaron, pero, dos minutos después, la escolta nos dijo que «o moría la niña o moríamos nosotros», porque toda la gente estaba a tiros, con unas revueltas impresionantes. Dejamos a la niña viva, a punto de poder sacarla, pero fue imposible».
Ayuda a los haitianos
En su agotada y emocionada voz aún se nota la sensación de impotencia por no poder salvar de una muerte casi segura a una pequeña de unos doce años que había logrado sobrevivir cinco días sepultada bajo los cascotes a los que el seísmo redujo lo que un día fue la ciudad de Puerto Príncipe. Habían realizado lo más difícil, consiguieron «practicar un torniquete con unos guantes de látex y darle agua», pero el campo de batalla en el que se ha convertido la capital haitiana frustró su cometido. Eso sí, se marcharon dejando la situación encauzada, de modo que el rescate pudiera continuar sin ellos. Pidieron ayuda a los haitianos de la zona, pero, ante su sorpresa, les respondieron «que no iban a sacarla».
«Por pura supervivencia», a los haitianos «les importa poco que alguien se quede entre los escombros, sólo luchan por ellos», aseguró aún perplejo Rivas. Después, intentaron volver a la zona, pero las seguridad de la ONU la había cerrado. La «frustración» se incrementó.
Al comienzo de la jornada de ayer, los bomberos desconocían si podían continuar con el rescate. «Estamos haciendo otros trabajos, pero no extracciones», le contó Félix del Amo, otro de los profesionales de Castilla y León voluntarios en Haití, a su esposa, Miriam. «No sabemos si podemos seguir». Si hace unos días hablaba con ella «satisfecho» de su labor tras rescatar con vida al pequeño Redjeson, ayer la historia era otra con un final bien distinto. Sólo podía narrar la tensión por la que pensaron hasta que se vieron obligados a marcharse del lugar por su propia integridad física. «Fue muy duro dejar atrás a la niña».
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