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La RAE mira al español digital, pásalo

MANUEL DE LA FUENTEMADRID. Fiel a su añejo lema, la Real Academia quiere limpiar, fijar y dar esplendor también al español digital surgido del cada vez más frecuente y caprichoso uso de las nuevas

Actualizado 19/01/2008 - 02:49:45
MANUEL DE LA FUENTE
MADRID. Fiel a su añejo lema, la Real Academia quiere limpiar, fijar y dar esplendor también al español digital surgido del cada vez más frecuente y caprichoso uso de las nuevas tecnologías. Pero que no cunda el pánico entre los cibernautas y los amigos del «pásalo», los compañeros del metal emailístico (qué palabro) consumidores del reenviar, enviar y recibir, porque los académicos no van a mandar a los internautas pecadores a la carpeta de elementos eliminados, ni mucho menos a las galeras de la papelera de reciclaje o al agujero negro de las llamadas perdidas. No, ésta no es la hamletiana cuestión que ocupa a los doctores de nuestra lengua. El sismo de la digitalización de nuestro idioma aún no alcanza la categoría de tsunami, pero la RAE se va a poner en posición de firmes y va a estar tan atenta como a otras ramas de su trabajo en cuanto a las nuevas formas internáuticas o inalámbricas del lenguaje se refiere.
El toque de atención nace de los proyectos que en estos momentos ha puesto en marcha la institución, como son la elaboración de una nueva gramática, el perfeccionamiento del diccionario en la red, y la elaboración también de una nueva edición de la ortografía. Sobre esta última, el director de La Española, Víctor García de la Concha explica y resume: «Queremos que aparezca en el año 2010, y es una edición que no va a suponer una reforma, pero sí va a ser una edición íntegramente revisada».
Si todos estamos de acuerdo, por qué una revisión. García de la Concha entra al trapo y al detalle. «Sencillamente, para precisarla en algunos puntos que conviene precisar, para resolver dudas, dudas, sobre todo, de aplicación, quizá porque la ortografía al estar constituida de reglas muy concretas que al ser publicadas no permiten que se pueda detallar toda la casuística que se pueda presentar».
Realmente, estas revisiones surgen porque la Academia no para. Valgan como ejemplo las setecientas cincuenta mil consultas diarias en su página web, o las propias palabras de su director.
«Desde 1999, en que apareció la última ortografía, hemos ido acopiando todas las reseñas críticas y los estudios que se publicaron, un material riquísimo que nos indica qué cuestiones hay que aclarar, qué cuestiones hay que resolver. Todo eso da pie y nos lleva a hacer una revisión general del texto de la ortografía, sin hacer reforma alguna, sino explicitando más, resolviendo más. De manera, que con todo ese material que hemos recogido, y que estamos valorando y estudiando, queremos actualizar y hacer una presentación más pedagógica de la ortografía».
Es en el marco de esta revisión donde el español de ultimísima generación se pone a tiro. «Hasta ahora -prosigue Víctor García de la Concha-, y aunque no sea así exactamente, digamos que la ortografía tal como se presentaba estaba pensada sobre todo para un manuscrito de quien escribe a mano. Pero ahora se necesita tener en cuenta lo que es la escritura real que hacemos todos, la escritura digitalizada, que plantea cuestiones a las que hemos de dar respuesta. En la de 1999 se apuntaba algo, pero de manera muy comprimida, en lo que podríamos llamar la ortotipografía. No, no es que vayamos a hacer un manual, que ésa no es la función de la ortografía académica, pero sí tenemos que prestar más atención a las escrituras derivadas de las nuevas tecnologías».
De hecho, hasta la RAE llegan continuamente y casi a diario preguntas cuyas respuestas la institución no quiere dejar en el viento. «A menudo se nos consulta qué pasa con la escritura de los móviles, cómo se redacta un mensaje de sms, que son una convención absolutamente particularizada, y del mismo género que las abreviaturas que uno hace en una conferencia, en una clase, cuando abrevia como quiere. Me pregunto si a partir de ahí será posible llegar a estudiar si se da alguna convergencia en el tipo de abreviaturas más frecuentes, pero yo lo dudo, ya que, como digo, por naturaleza es una convención muy particularizada. Pero eso no nos exime de tener que estar muy atentos al fenómeno y estudiarlo con atención, en una actitud gemela a la que tenemos con el léxico».
Quién sabe, cuando parecía muerto, tal vez estemos ante la resurrección del género epistolar. «De hecho, lo está siendo -aclara García de la Concha-, lo que pasa es que es un género epistolar muy peculiar, porque en su mayor parte son respuestas cortas, como una especie de conversación escrita, pero debemos estudiar todos estos nuevos fenómenos en la medida que sea posible».
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