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Jaime Larrinaga: «Las amenazas contra mí vienen de Arzalluz»

Actualizado 18/11/2002 - 23:50:18
MADRID. Jaime Larrínaga, cura de Maruri, en Vizcaya, y presidente del Foro El Salvador, vive con escolta por las amenazas recibidas. Larrínaga ha participado en el IV Congreso «Católicos y Vida Pública», que ayer se clausuró en Madrid, denunciando las «fracturas» en la Iglesia vasca y la postura de la Conferencia Episcopal.
- ¿Cuándo solicitó escolta?
- Cuando el Ayuntamiento de Maruri, gobernado por nacionalistas, buzoneó una carta en la que me llamaba franquista y antivasco, que no hacía nada por el euskera. Así no hacían otra cosa que ponerme en la diana.
- ¿Quién le coloca en esa diana?
- Cada vez estoy más convencido que no fue una decisión del Ayuntamiento, que no tiene capacidad para ello. La amenaza viene de las altas instancias del PNV, de Arzalluz, de Sabin Etxea. A ellos les molesta muchísimo que haya surgido un foro, mucho más que un partido político. A los nacionalistas no les ha molestado que yo sea párroco de Maruri, sino presidente del Foro El Salvador, aunque me han acusado de utilizar las homilías para mezclar religión con política, y no es cierto.
- ¿Existen dos bandos en el País Vasco, como dicen los nacionalistas?
- El único bando es el de ETA, que atenta contra los Cuerpos de Seguridad del Estado y contra determinado sector de la población civil. En el País Vasco se asesina a jueces, periodistas y concejales del PP o del PSOE. El caso es vergonzoso porque se produce en una situación de paz democrática en la que no hay normalidad democrática, porque falla la justicia y porque es continuamente cuestionado el Estado de Derecho incluso por determinadas personas que lo gobiernan. En el País Vasco se produce una situación de falta de libertad excepcional en la UE.
- En su ponencia, ha hablado del perdón como posterior a la justicia y la libertad.
- No está en nosotros pedir perdón a las víctimas, sino crear las condiciones de paz, de justicia, de orden, de verdad y de libertad en las cuales las víctimas puedan perdonar. La exigencia de perdón a las víctimas que se ejerce desde determinados sectores políticos distorsiona el esquema de valores de una sociedad sana y acaba convirtiendo a la víctima en culpable. ¿Cómo se le puede exigir el perdón a una mujer que acaba de perder a su marido y al día siguiente se encuentra, en la lápida, una pintada que dice «ladrón, hijo de tal, devuélvenos la bala»?
- ¿Hay fractura en la Iglesia vasca?
- Oficialmente no, pero en la práctica no existen relaciones entre unos y otros. La mayoría del clero vasco es nacionalista. Los no nacionalistas estamos aparcados, arrinconados. Yo no voy a ciertas reuniones de curas de la zona para no perder la fe, porque la visión que se da de la religión es totalmente nacionalista. Pasa lo mismo en la sociedad. La situación es muy triste, y los cristianos debemos tomar partido por los que sufren, por las víctimas.
- Los obispos vascos, ¿deberían pedir perdón por sus actuaciones, en especial por la última Carta Pastoral?
- Totalmente de acuerdo, tendrían que dejarse de cartas y pedir perdón. Pero el fallo está en la Conferencia Episcopal. Los obispos españoles, ante el proyecto soberanista del lendakari, están con la boca cerrada. Eso es de lo más inmoral que he visto. ¿No tienen voz los obispos para decir que es malo? Hay un complejo de los obispos españoles para poner los puntos sobre las íes a los obispos vascos. Y lo que me extraña es que, después de cosas como las del párroco de Oyarzun, no se le haya dicho nada. Si las víctimas son iguales que los verdugos ante la Iglesia, como decía ese párroco, ésta no tendría su sentido de ser. Son desviaciones morales y yo diría que heréticas.
- ¿Qué opina del hecho de que monseñor Setién sea asesor de Ibarretxe?
- Setién es un obispo nacionalista, un ideólogo del nacionalismo. Ibarretxe no invita a Blázquez porque no tendría ninguna idea nacionalista.
- Entonces, ¿por qué firmó la carta de finales de mayo?
- No lo sé. Sólo sé que todo lo que parece imposible, en el mundo de la Iglesia puede ser real. Es su decisión, que quedará ante su conciencia.
- ¿Se siente respaldado por sus obispos?
- Las veces que he estado con ellos tras las amenazas el respaldo ha sido incondicional, pero no así por parte de la curia ni de los vicarios. Algunos sacerdotes que conozco no me miran a la cara, o simplemente no me miran. Y eso para mí es un sufrimiento.
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