Deportes

Deportes

Hemeroteca > 18/10/2008 > 

«Viví con 13 años el Maracanazo: salimos caminando al matadero»

POR ANTONIO ASTORGAFOTOS: ABC / JAIME GARCÍANélida Piñón era una de las 199.854 almas que el 16 de julio de 1950, en el estadio más grande del orbe -Maracaná- comprobó que «Dios es uruguayo». Junto a

Actualizado 18/10/2008 - 09:49:11
Nélida Piñón era una de las 199.854 almas que el 16 de julio de 1950, en el estadio más grande del orbe -Maracaná- comprobó que «Dios es uruguayo». Junto a su padre y a su tío Manuel, de origen gallego, asistía a la final del Campeonato del Mundo en Río de Janeiro. Las selecciones verdeamarelha de Brasil y celeste de Uruguay llegaban invictas al día del juicio final del balón. Brasil era una fiesta. Los jugadores canarinhos recibieron en la víspera relojes de oro: «Para los campeones del mundo». Ya estaba armado el inmenso carruaje de carnaval que encabezaría los festejos. Cuenta el maestro Eduardo Galeano en su «Fútbol a sol y a sombra» que al convertir el brasileño Friaça el primer gol un trueno de doscientos mil gritos y cohetes sacudió Maracaná. Después Schiaffino acalló el estadio.
El abrazo a los vencidos
A diez minutos para el final el «negro» Obdulio Varela le da el balón a Ghiggia, que profundiza, distrae a Barbosa escenificando un centro ficticio, y tritura las mallas con un lanzamiento a puerta seco y criminal que pasa entre poste y portero. La torcida llora en medio de la nada sobrecogedora, Jules Rimet entrega la Copa del Mundo a solas al capitán en los vestuarios, al portero Barbosa le esculpen en su frente el estigma de «culpable» para toda su vida... Fue uno de esos días en los que, como dijo Hugo Presman, la vida se sentó a tomar un café con la Historia. Uruguay ganaba el Mundial 50, y nacía la más increíble gesta: el «Maracanazo». Ary Barroso, el músico de «Aquarela do Brasil», que relató el partido al país, abandonó para siempre el oficio de periodista. La infancia de Nélida Piñón son recuerdos de aquella apocalipsis.
-¿Cómo le pudieron dar las buenas noches a la tristeza?
-Yo estaba allí, con mi padre y mi tío Manolo, en medio de la avalancha humana. Tendría trece años. Me impresionó el silencio de la salida de las doscientas mil almas. Maracaná era un estadio nuevo, estaba repleto y todos salíamos como si nos dirigiéramos al matadero. Fue la final del silencio. Como los animales que no protestan, como las vacas, íbamos caminando, caminando, caminando... como espectros hacia la nada, y muchos hombres llevaban corbata. Eso me impresionó. Me pareció extraordinario.
-Obdulio Varela, el capitán charrúa, con un tobillo inflamado, apretó los dientes, y capitaneó la sorpresa. Luego pasó la noche bebiendo de bar en bar, abrazando a los vencidos, sintiendo lástima y culpa por haber hecho esa maldad. Poco antes, cuando los brasileños eran un monstruo de 199.854 cabezas en las tribunas del Maracaná, los había odiado.
-Lo recuerdo en el campo. Hacía así: «¡Pa!¡pa!¡pa!¡pa!» [Nélida ejecuta unos leves golpes, como los que el entrenador Carlos Aimar propinaba a sus jugadores en el pecho antes de saltar al terreno de juego]. Enseñaba y mostraba la bandera de su país a todo el estadio: «¡Ustedes pueden gritar que yo tengo un gran espíritu, soy el capitán! ¡Soy el capitán!», afrentó.
-Con Pelé en ese Brasil del 50 jamás se habría fugado el Mundial.
-Pelé es una persona extraordinaria. Una vez tuve una discusión fascinante con el ex presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, y con el director del «Clarín» de Buenos Aires. Sanguinetti decía que se «puede hablar de Maradona, pero Pelé es el gran genio».
-Un genio salido de la lámpara maravillosa del fútbol arte. Hogaño ya no se frotan esos artilugios.
-Pelé ha sido un jugador excepcional. He comido y he cenado con él. Es una persona muy educada, fino, cortés, prestaba mucha atención a la conversación. Cuando yo era profesora especial de la Universidad Federal de Río de Janeiro Brasil vivía en función del gol mil de Pelé. Le faltaba uno. Al término de una clase le dije a un amigo: «Vamos a Maracaná, que hoy Pelé va a hacerlo». Fuimos y Pelé anotó el gol. Miró al cielo y lo dedicó «a los miles de brasileños» que tanto le queremos.
-También hay un «Pelé blanco», Arthur Antunes Coimbra, Zico, de toque sublime, disparo eléctrico y carrera explosiva. Los hijos de William Wallace y los kiwis neozelandeses no le olvidan tras su epopeya en el Mundial 82.
-¡Que gran jugador! Escribí sobre Zico y sobre María Esther Audion Bueno, tenista brasileña que ganó Wimbledon, textos que guardo en mi cajón.
-¿De qué equipo es usted?
-No tengo club, pero me apasionan los personajes del fútbol. Como el fascinante Didí, que inventó la «hoja seca», la «folha seca», que es así [y Nélida escenifica un lanzamiento]: Imagínese una línea recta. Lanza Didí, fuerte, alto, la bola efectúa una «contra facción», y cuando llega a portería cae con suavidad, como las hojas en otoño. El goalkeeper [guardamente] se queda atónito. Gol, gol.
-¿Y sus lecturas de fútbol?
-Mi padre enloquecía conmigo. Estaba suscrito a «El Gráfico», gran revista de fútbol argentina, pero yo la leía antes que él en casa. Él fue campeón de natación y de remo, y muchas medallas las perdió porque tenía fama de gran conquistador. Él se ofrecía: «Doy una medalla por un beso», y las chicas se le abalanzaban encima.
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.