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Las marinas de Turner, el poeta de la luz, en la Fundación March

Es uno de los grandes paisajistas (si no el mayor) de la Historia del Arte y su maestría en la acuarela no ha sido superada. Tras las exposiciones del 83 en el Prado y el 94 en La Caixa en Barcelona, la Fundación March muestra ahora la obra de Turner de la mano de la musa que más y mejor le inspiró: el mar.

Actualizado 19/09/2002 - 23:57:56
«Barcas en Cowes» (hacia 1827), acuarela, guache, pluma, tinta y lápiz de Turner.ABC.
«Barcas en Cowes» (hacia 1827), acuarela, guache, pluma, tinta y lápiz de Turner.ABC.
Mientras unos artistas cuelgan a los ancianos en las fachadas de las calles de Bogotá y otros echan el cierre a la puerta de la galería donde supuestamente el público iba a admirar su obra, resulta agradable contemplar que aún pueden contemplarse exposiciones tan deliciosas como ésta. Las marinas de Turner son de las que reconcilian con el arte. La Fundación March abre una ventana al mar de la mano del artista que más y mejor lo ha pintado: Joseph Mallord William Turner. Un tercio de su vastísima producción (más de 20.000 piezas) es de temática marina. A pesar de tal fascinación por el mar y la productividad de que hizo gala, no se entiende por qué la crítica le ha dedicado tan escasa atención. De hecho, apenas se han celebrado un par de pequeñas muestras sobre este tema.
Las setenta obras que se exhiben en la Fundación March (dos óleos, nueve grabados y el resto son acuarelas) bajo el título «Turner y el mar», proceden de la Tate Britain, que posee la mayor parte del legado del artista. Éste, al morir, legó su colección al British Museum con la intención de que se crease un Museo Turner. No fue así y, finalmente, las obras pasaron al Victoria & Albert y, sobre todo, a la Tate, que dedica un ala del museo al artista. Las piezas han sido seleccionadas por Ian Warrell, conservador de la Tate y comisario de la exposición. Para el recorrido se ha optado por un criterio cronológico: arranca con «Barco en la orilla cerca del Shakespeare´s Cliff de Dover» (acuarela de 1795, cuando el pintor tenía 20 años), y concluye con algunas de sus últimas obras.
Visionario de la luz y el color
Acentuar el papel de Turner como visionario de la forma, el color y la luz es el objetivo de esta muestra, comenta José Capa, director de exposiciones de la March. Ha sido posible gracias al buen entendimiento que existe entre la Fundación March y la Tate. El director del museo británico, Nicholas Serota, dio el visto bueno hace tres años a este proyecto, hoy una brillante realidad que mañana se abrirá al público. Tanto Capa como el crítico de arte José Jiménez, autor de uno de los textos del catálogo, coincidían ayer en subrayar la faceta romántica de este gran viajero, así como su desbordada imaginación, que les lleva a compararlo con artistas que a priori podrían considerarse muy alejados de Turner. Hablamos de Goya y de Friedrich. Cada uno a su modo, los tres crearon universos muy personales construidos con no pocas dosis de fantasía. Incluso, y podría parecer aún más descabellado, se anticipó al expresionismo y, especialmente, a Rothko. Se aprecia en sus sutiles trazos rojos, amarillos y azules. Los expertos coinciden en situar a Turner como un pionero y a su obra como intensamente actual, contemporánea.
Lo que en un principio podría encorsetarle como «pintor de marinas» (peyorativo para muchos) es simplemente un «leitmotiv» en la producción turneriana, con el que el artista juega a su antojo en mares en calma, embravecidos o en naufragios. Hay una leyenda que cuenta cómo Turner llegó a atarse al mástil de un barco durante una tormenta para poder plasmarla mejor en el lienzo. Cierto o no (cuesta creerlo), fue muy minucioso y exigente en su trabajo.
En busca de lo sublime
Hijo del dueño de una barbería y tienda de pelucas en Covent Garden, Turner se convirtió en un maestro de la acuarela (que utilizó como laboratorio estético), un género en el que alcanzó la excelencia, aupado en gran medida por el escritor y crítico John Ruskin. José Jiménez, que tratará mañana en una conferencia de desmontar tópicos en torno a su figura, que no le dejan muy bien parado, le retrata como «viajero infatigable siempre en busca de lo sublime; un visionario del color y un poeta de la luz» que brilla con luz propia en la Fundación March.
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