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La Tate Modern reivindica a Barnett Newman con una gran retrospectiva

Actualizado 19/09/2002 - 23:58:22
«First station» (1958). ABC.
«First station» (1958). ABC.
LONDRES. Es curioso que hoy en día el nombre de Barnett Newman aparezca junto al de Pollock o de Kooning, cuando en su época, años cuarenta y cincuenta, Newman, Rothko o Still, representaban una abstracción plenamente americana que se oponía precisamente a la gestualidad de origen surrealista de los dos primeros, por otra parte muy amigos. Pero esta parece haber sido una losa que siempre ha pesado sobre este gran artista (1905-1970) y sobre su obra: la incomprensión.
Tras haberse dedicado a la crítica durante muchos años y haber destruido todo cuanto había pintado o dibujado antes de los años 40, Newman llegó hacia finales de esa década a lo que constituiría su imagen más conocida: un campo de color cruzado por una línea (zip, en su terminología).Es posible que con esta gran muestra retrospectiva que ahora presenta la Tate Modern, tanto el público como la crítica puedan reventar alguno de esos quistes ideológicos para encontrarse que de ellos no surge pus u otra materia desagradable sino el espíritu iluminado de uno de los personajes más honestos y humanos que ha dado el arte contemporáneo.
En esta exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo 5 de enero y que contiene más de 120 obras, se ofrece un fascinante repaso por las posibilidades estéticas, emocionales e incluso religiosas de una fórmula en apariencia muy simple pero que en sus manos desemboca en una sorprendente variedad y complejidad. A diferencia de Pollock, el éxito no le sonrió a Newman hasta los últimos años de su vida. Hijo de judíos ruso-polacos arruinados cuando la depresión del 29 y anarquista confeso durante toda su vida (aunque su apariencia era la de un hombre bonachón, pulcro y con bigote), Newman no logró vender más que un cuadro en sus dos primeras exposiciones, y sólo en 1959 dos museos, Basilea y Nueva York, adquirieron alguna de sus obras.
Aún cuando Barnet Newman no ha tenido suerte durante la mayor parte de su carrera, no obstante, su pintura «física y metafísica» ha ejercido una influencia enorme en artistas de generaciones posteriores. Los minimalistas no tendrían mayor problema en considerarle un profeta. Pero también artistas posmodernos como Phillip Taafe o Peter Halley le utilizan como referencia irónica de lo que parecía a mediados de los años 80 como la imagen de una sensibilidad integrada en el sistema.
En definitiva, todo lo que Newman perseguía era concentrar la mayor cantidad de emotividad en el plano de un cuadro.
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