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Habemus Papas et cardinales

TEXTO: OLAYA BODELÓN FOTO: ROBER SOLSONAVALENCIA. Paseando por la plaza del Arzobispo, junto a la cárcel de San Vicente Mártir, encontrará el Museo de la Ciudad, donde se puede visitar la exposición

Actualizado 18/08/2006 - 09:37:09
Paseando por la plaza del Arzobispo, junto a la cárcel de San Vicente Mártir, encontrará el Museo de la Ciudad, donde se puede visitar la exposición de «Valencia y los Papas».
En el Reino Valencia, durante los siglos XIV y XV, hubo tres personajes que influyeron en la historia de la Iglesia: Benedicto XIII, el Papa Luna, y los Borja Calixto III y Alejandro VI.
El aragonés Pedro de Luna recibió el capelo cardenalicio del último Papa de Avignon. Eran tiempos difíciles para la Iglesia, horadada por el Cisma de Occidente. Avignon y Roma se disputaban la silla de San Pedro. A la muerte de Benedicto XIII en el castillo de Peñíscola, se puso fin al Cisma y se retornó definitivamente la sede a Roma.
El primer cardenal valenciano fue Jaime de Aragón, pariente del monarca Pedro de Aragón. El Papa Clemente VII le confirió la condición de purpurado. A él se debe la construcción del nuevo campanario de la Catedral, «El Micalet».
De Canals al Vaticano
Cuenta Blasco Ibáñez en su novela «A los pies de Venus» que los Borja se establecieron en Játiva para hacer frente a los moros que intentaban recobrar el reino de Valencia. Hubo Borja ricos y otros que, dedicados al cultivo de la tierra, fueron descendiendo en rango social, aunque sin perder su nobleza. Alfonso de Borja era hijo de uno de esos hidalgos venidos a menos, que vivían al estilo de los labradores.
El 31 de diciembre de 1368 nace en Canals, entonces una pedanía de Játiva, Alfonso de Borja. Desde su infancia una predicción lo acompañaba. Su madre le había contado que, en los primeros años de su vida, el gran predicador San Vicente Ferrer profetizó al verlo su ascensión al más alto puesto de la Iglesia. Alfonso estudió leyes en la Universidad de Lérida y obtuvo una cátedra en plena juventud. El rey Alfonso V de Aragón supo ver capacidad para las negociaciones diplomáticas lo hizo su secretario. El joven Borja recibió el obispado de Valencia al conseguir que el Papa Clemente VIII renunciase a la tiara, dando carpetazo así el Cisma de Occidente.
Entre las razones de la elección de Alfonso de Borja, Ángel Navarro, Comisario de la exposición «Valencia y los Papas» destaca sus cualidades personales, su formación jurídica, su habilidad política, su independencia y su avanzada edad, pues se buscaba un Papa de transición.
Por consiguiente, la etapa de mayor presencia de los cardenales valencianos fue el pontificado de los Borja, o Borgia en su variante italiana. A este período pertenecen Rodrigo de Borja, quien más tarde sería Alejandro VI; César Borja, Juan de Borja y Pedro Luis Borja.
Rodrigo de Borja, el futuro Alejandro VI, tuvo que esperar a que pasaran cuatro Papas tras su tío Calixto III para llegar a ser pontífice. Sería nombrado cardenal en 1456 y durante su cardenalato introdujo el renacimiento italiano en la Catedral de Valencia.
En el pasado siglo XX, el purpurado burrianense Vicente Enrique y Tarancón jugó un papel fundamental durante la transición. Fue nombrado obispo de Solsona con sólo 38 años, arzobispo de Oviedo, arzobispo primado de Toledo y más tarde cardenal. Poco después sería elegido arzobispo de Madrid-Alcalá.
«Doblete» cardenalicio
¿Nunca se ha preguntado quién se esconde bajo el rótulo de la avenida Primado Reig? ¿O quién es ese cardenal Benlloch que está siempre colapsado? Pues bien, los titulares de estas avenidas son dos cardenales valencianos del segundo decenio del siglo XX. El cardenal Reig fue obispo de Valencia y en 1922 resultó nombrado cardenal por Pío XI. Sólo tres días más tarde, fue preconizado arzobispo de Toledo. Juan Bautista Benlloch fue nombrado arzobispo de Burgos y en 1921, cardenal. Ambos coincidieron durante el Pontificado de Pío XI.
En la actualidad, la Comunidad cuenta con dos cardenales: el arzobispo emérito de Barcelona, Ricard Maria Carles, natural de Valencia y cardenal desde 1994, y el recién purpurado Antonio Cañizares, natural de Utiel, primado de Toledo y actual vicepresidente de la Conferencia Episcopal.
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