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El mundo es una Flecha

El catalán de Buenos Aires gana en Toulouse, en la avenida donde trabaja su novia, y da al Banesto un triunfo que se le resistía desde 2000

Actualizado 18/07/2003 - 08:11:34
Flecha tensó su arco imaginarioy su disparo hizo blanco en Toulouse. EPA/EFE
Flecha tensó su arco imaginarioy su disparo hizo blanco en Toulouse. EPA/EFE
El mundo es un pañuelo donde se cruzan los caminos para Juan Antonio Flecha. El loco de las clásicas de iBanesto.com, el ciclista que sedujo a José Miguel Echávarri entre la tropa del modesto Relax, exprimió su perfil atípico con una victoria diseñada a propósito en cada sueño. No habrá calles, plazas, rotondas, travesías, pedanías y toda suerte de pasajes en el planeta. Asfalto y más asfalto. ¿Cuántas ciudades y pueblos hay en el mundo? Más fácil. ¿Y en Francia? El catalán logró su primer triunfo como corredor del Banesto en la avenida donde trabaja su novia, un polígono industrial en las afueras de Toulouse.
Hace dos años, a uno de los altos directivos del Banesto le llamó la atención la prestancia y las buenas maneras de este chico espigado, culto, buen conversador, que se distinguió en la presentación del equipo como el nuevo rara avis. Un clasicómano en el equipo del Tour por antonomasia. Un perro verde. ¿De dónde le hemos fichado?, preguntó el dirigente. Flecha no se sonrojó cuando le hablaron de la París-Roubaix, del Tour de Flandes, de la Lieja, del sueño torturador del adoquín, de los bosques de las Árdenas donde el sol nunca llega a la carretera, de los muros flamencos que atraviesan los pulmones. «No haré el ridículo porque lo llevo dentro desde siempre», contestó resuelto el catalán.
Aventurero de espíritu positivo
El Banesto había fichado un aventurero, un tipo de mundo. Algo de eso se adivina en su carácter, en su pasado, en su espíritu positivo. Flecha es un gaucho. Nació en Buenos Aires, donde sus padres, argentinos ambos, trabajaban. El padre murió cuando él tenía tres años y la madre conoció mucho después a un catalán de Sitges. Allí donde Boca Júniors podía haber labrado un centrocampista fajador, la vida misma crió un ciclista. Vecino de Sitges, la playa rosa, y de Puigcerdá, en el Pirineo, Flecha pasa largas temporadas en la montaña, donde se entrena con el «biker» Hermida y practica deportes de aventura, como el rafting, el descenso de barrancos y otras maravillas.
Cataluña nunca ha perdido su afición por el ciclismo, y hasta el «enfant» terrible Joan Laporta quiere construir un Barça de bicis. Pero la crisis es evidente. Tanto que Flecha es el único catalán en el Tour entre los 43 españoles que concursaban. Un deportista con estrella. Hace dos años, en la primera etapa de la Vuelta a Aragón, patentó su apellido en el pelotón. Logró ganar escapado y copió la mejor pose de Guillermo Tell. La flecha, el arco y la diana.
Como la palma de su mano
No es por tanto un cazador, sino un clon de Errol Flynn. Ayer lo volvió a hacer. Atosigó a sus compañeros en la fuga y aprovechó su momento en una indecisión de los otros siete. Había truco. Flecha ya se lo había comentado a sus compañeros por la mañana. «No os preocupéis, chicos, que esta noche yo os llevo al hotel». Además de Buenos Aires, Sitges y Puigcerdá, Toulouse es otra plaza donde torea el catalán. Aquí trabaja su novia Lourdes, en el Centro Nacional de Estudios Espaciales, donde realiza un máster.
Flecha conocía cada recodo del trayecto desde Carcassone, la villa medieval, hasta Toulouse. Por aquí se ha entrenado, ha paseado y ha viajado. Flechazo en la Ciudad del Espacio. El catalán atacó, su estado natural. Y en la meta, allí donde tantas veces fue a buscar a la novia, abrió la puerta del paraíso. Logró un triunfo simbólico en la despedida de la camiseta Banesto del Tour, que puede empujar a los patrocinadores en trato con Echávarri a dar el paso que falta para que la factoría siga adelante.
Y es que Flecha acabó ayer con la mala racha del conjunto navarro en la carrera que encumbró al equipo de Miguel Induráin, el pentacampeón consecutivo. Desde el 14 de julio de 2000, cuando Txente García Acosta amargó su Fiesta Nacional a los franceses en el camino entre Avignon y Draguignan, el cuadro bancario no había vuelto a abrir el talonario de victorias en una prueba en la que, ayer, volvió por fin a hacer diana.
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