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«Yo tengo el control en la ópera» Angela Gheorghiu _ Soprano

POR SUSANA GAVIÑAFOTO SIGEFREDOMADRID. Angela Gheorghiu está guapa, y ella lo sabe. Por eso ha consentido someterse a las cámaras de los fotógrafos -y dejar constancia de ello-, antes de las

Actualizado 18/05/2007 - 02:53:11
Angela Gheorghiu, ayer, en el Teatro Real
Angela Gheorghiu, ayer, en el Teatro Real
POR SUSANA GAVIÑA
FOTO SIGEFREDO
MADRID. Angela Gheorghiu está guapa, y ella lo sabe. Por eso ha consentido someterse a las cámaras de los fotógrafos -y dejar constancia de ello-, antes de las entrevistas realizadas después de su primer ensayo en el Teatro Real para el concierto que ofrecerá el domingo. Supondrá, por fin, su esperado debut en esta plaza después de varios intentos frustrados. El más sonado hace cuatro años, cuando iba a interpretar a Violeta en «La traviata» de Verdi (ópera que la lanzó a la fama en 1994), en un nuevo montaje de Pier Luigi Pizzi. Cuando la soprano se presentó a los ensayos no aprobó la lectura dada por el director italiano, calificándola de «vulgar», y por el mismo camino que había venido se marchó.
La polémica estaba servida y el intercambio de acusaciones también. Ese día se abrió una brecha en las relaciones entre el teatro madrileño y la Gheorghiu, que tenía apalabrado también un concierto. Su celebración el proximo domingo -con todo el papel vendido- parece rubricar la reconciliación definitiva entre ambos.
-¿Qué ha sentido al volver al Teatro Real?
-No se puede decir que vuelva, simplemente que vengo (bromea).
-¿Cómo se ha desarrollado el ensayo con la Sinfónica de Madrid y Jesús López Cobos?
-Maravilloso. Mi primer elemento de juicio, el más importanten para mí, y que me hace reaccionar es la orquesta.
-¿Quién ha seleccionado el programa, que incluye arias de Gounod, Massenet y Puccini?
-Es culpa mía completamente (se ríe). La selección depende siempre de mi estado de ánimo.
La soprano ha construido una sólida carrera lírica gracias a personajes como Mimì («La Boh_me»), Violeta («La traviata»), Magda («La rondine»), Juliette («Romeo et Juliette»)... que la ha llevado a los teatros más importantes de todo el mundo. Seductora sobre un escenario y fuera de él, no tiene antecedentes musicales en su familia y, como ha declarado en numerososas ocasiones, tampoco referentes a seguir.
-¿Cómo llegó a la ópera?
-Soy cantante desde que nací. Ya cantaba en la guardería, y a partir de ese momento tuve una doble vida: ser una cantante de ópera y al mismo tiempo una estudiante. No lo planeé de manera consciente sino que simplemente fue mi destino.
-Es inevitable preguntarle sobre su incidente en el Teatro Real con «La traviata» de Pier Luigi Pizzi...
-Pizzi tendría que estar agradecido. Yo confié en él y ésta ha sido la única producción que he cancelado en mi vida. Yo me siento responsable de todos los detalles, igual que el director del teatro. En este caso, Jesús López Cobos se sintió un poco contrariado pero coincidí con él en Orange, en una «Bohéme», y se enamoró de mi voz. Por eso estoy hoy aquí.
-¿Su rechazo hacia el montaje de Pizzi fue un tema puntual, o por el contrario, no es partidaria de la actualización y modernización de la ópera en general?
-¿Qué es modernizar? (la soprano eleva la voz mientras se incorpora de la butaca). No soy lo suficientemente lista para compreder por qué tengo que cambiar los personajes de la ópera para satisfacer al director de escena que quiere expresar sus fantasías, olvidándose de los personajes. A veces, lo que se representa en el escenario va en contra de la historia y de la música.
-Usted reivindica que lo más importante en la ópera es la voz, un lugar que actualmente ha sido usurpado por los directores de escena. ¿Le hubiera gustado vivir en otra época, cuando los cantantes tenían más poder?
-Noooo.... Yo soy afortunada.Tengo el control de la ópera. Y, además, hoy en día la ópera significa tecnología -vídeo, DVD, televisión...- y se puede dar a conocer a millones de personas. Mi última experiencia en Roma [donde cantó «La traviata» dirigida por Zeffirelli] así lo demuestra. Se retransmitió en vivo en todos los cines italianos [en 22], y el año que viene, desde el MET, se va a retransmitir la ópera a todo los cines del mundo... ¿Cuándo se había visto esto antes?
-Mucha gente la considera una diva. ¿Le molesta este término?
-Es como la música, el tono tiene mucha importancia. Depende de cómo se diga. Pero..., ¿qué es para usted una diva?
-...Una persona temperamental y caprichosa.
-¿Usted no es caprichosa algunas veces? Es una mujer... No es cuestión de ser caprichosa o no. Para mí una diva es alguien que tiene un carisma y una energía diferente y es capaz de hacer que los demás sueñen.
-¿Cómo compaginan usted, que tiene bajo su tutela a la hija de su hermana [fallecida en 1996], y su marido, el tenor Roberto Alagna, que tiene otra de su primer matrimonio -ambas adolescentes-, la vida familiar?
-Intentamos dedicar más tiempo a la vida familiar que a la profesional. Él tiene ahora un concierto en París, y viene próximamente al Real para cantar «El trovador» [viajará a Madrid el día 20, día del concierto de su esposa, para incorporarse a los ensayos], en el que yo no canto... Tengo otras prioridades en este momento. Nos respetamos mutuamente e intentamos conciliar la vida familiar al máximo pero, es cierto, que llevamos una vida muy difícil.
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