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Notables ausencias en el bautizo de la hija de Haakon y Mette-Marit de Noruega

Actualizado 18/04/2004 - 01:55:26
El Rey Harald de Noruega sostiene a su nieta, en el momento de recibir las aguas bautismales, en presencia de sus familiares y la princesa Victoria de Suecia
El Rey Harald de Noruega sostiene a su nieta, en el momento de recibir las aguas bautismales, en presencia de sus familiares y la princesa Victoria de Suecia

ESTOCOLMO. Noruega celebró ayer con alegría y fervor monárquico el bautizo de Ingrid Alexandra, primogénita de Haa- kon y Mette-Marit de Noruega, y como tal, segunda pretendiente al Trono. Un orgulloso y tierno Rey Harald, vestido con uniforme de gala de la Marina, llevó a la pila bautismal a la pequeña, vestida para tan solemne ocasión con el mismo faldón que en su día usara el Monarca. A la ceremonia religiosa en la Slottskapellet (capilla de Palacio), que fue oficiada por el arzobispo de Oslo, Gunnar Stålset, asistieron además de la Familia Real noruega, el presidente del Parlamento, el cuerpo diplomático, el Gobierno en pleno, representantes de las dependencias oficiales y un gran número de familiares y amigos de los príncipes.

Pero más que las presencias a ese acto de Estado se han comentado las ausencias. No deja de extrañar, algo que fue discutido largamente por los presentadores de la televisión nacional NRK-1 durante la retransmisión del evento, que la única realeza que participó en el bautizo fuera Victoria de Suecia, madrina de la niña. Los grandes ausentes fueron los padrinos, el Príncipe de Asturias y Federico de Dinamarca. También asombró, un sentimiento coloreado por cierta desilusión, la falta de representación de las demás Casas Reales y de la aristocracia europea (excluida la Condesa de Rosenborg de Dinamarca). Se dice, y con razón, que por pura cortesía, y siguiendo las viejas fórmulas del «savoir faire», deberían haber mandado algún representante a Oslo. Se ha criticado especialmente a la Casa Windsor, unida a la noruega por lazos familiares y se recuerda que ésta es la primera vez que ha faltado a un acontecimiento mayor algún miembro de esa real familia. Tanta ausencia dio lugar a críticas malsanas y sesudos comentarios sobre Monarquía contra República en un día en el que el sol debería haber brillado sin nubes.

Al acto religioso siguió un almuerzo ofrecido en la «Store Spisesalen» de Palacio para los 270 invitados. Valga añadir que se vieron pocas pamelas pero sí muchos tocados de cabeza (muy a lo señora Beckham y bastante cursis por cierto) y que la pequeña Ingrid Alexandra, una niña preciosa, pura copia de su madre, Mette-Marit, se pasó el bautizo llorando a pesar de los esfuerzos de sus progenitores. Esa circunstancia fue traducida por futuristas y pitonisas como señal inequívoca de que Su Alteza será una reina con poderío.
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