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Ibáñez, artesano 50 años después

POR M. MOREIRAVALENCIA. En las distancias cortas, Francisco Ibáñez es tan risueño, espontáneo y cordial como uno presumiría. Es el dibujante de cómics más editado, leído y admirado en España y parte

Actualizado 18/01/2008 - 02:55:16
POR M. MOREIRA
VALENCIA. En las distancias cortas, Francisco Ibáñez es tan risueño, espontáneo y cordial como uno presumiría. Es el dibujante de cómics más editado, leído y admirado en España y parte del extranjero, pero el creador de Mortadelo y Filemón rehúye los endiosamientos; prefiere considerarse un trabajador común, con algo de predisposición natural, mucha afición y la cualidad de ser un trabajador infatigable.
Ibáñez visitó ayer la sede de la Biblioteca Valenciana, donde se dio un buen baño de juventud. Más de cuatrocientos niños procedentes de once institutos valencianos arreciaron a preguntas a este héroe de carne y hueso, que pacientemente concedió cuantos autógrafos fue capaz.
En las horas bajas del cómic
Este tipo de encuentros revisten especial importancia para el dibujante catalán, que mira con tristeza el declive del tebeo como vehículo de la juventud hacia la literatura. «El cómic vive horas muy bajas», sentencia Ibáñez, para quien la clave de esta tendencia está en la proliferación de videojuegos y la dominación del lenguaje audiovisual en el acervo cultural de los niños. Sus historietas se siguen vendiendo como churros -Ibáñez ha sido la gallina de los huevos de oro del cómic español-, pero querría verse rodeado de dignos sucesores. «En Barcelona y Valencia hay ilustradores como la copa de un pino, sobre todo realistas. Sus obras podrían estar en el Prado o el Louvre y no desmerecerían», opina. La moda del manga no le gusta tanto... «Me da la impresión de estar viendo siempre la cara de Heidi y Marco», bromea.
A sus 72 años, la actividad de Francisco Ibáñez sigue siendo frenética. A pesar de mantener un ritmo ingente de producción -a razón de más de veinte páginas a la semana, «lo que es una locura»-, nunca se ha doblegado a las bondades de la tecnología ni a la tentación de contar con un equipo de ayudantes que emulen su estilo mientras él supervisa el resultado desde un sillón. No, él sigue «haciendo cómics como se hacían hace cien años». Lápices, plumilla y camisa remangada hasta los codos. Un artesano que mantiene una relación de amor-odio con sus propios personajes, azuzada por la presión de las editoriales, siempre insaciables. De su largo idilio con Bruguera celebra el nacimiento de sus más célebres personajes, aunque reconoce que en Ediciones B vive algo más tranquilo.
«Lo más difícil no es crear un personaje -desvela-, sino cuando llevas hechas cinco mil páginas de él, porque es mucho más difícil encontrar temas y corres el peligro de encasillarte». Este es un peligro para el que Ibáñez tiene un antídoto, que consiste en pegarse siempre a la actualidad. Así, las aventuras de Mortadelo y Filemón pasaron por el Mundial de Fútbol y por las Olimpiadas del 92; Ibáñez extrajo situaciones cómicas del Tratado de Maastrich y ahora de las campañas de alcoholemia de la Dirección General de Tráfico.
Personajes autobiográficos
En el germen de cada personaje de Ibáñez existe un cierto estereotipo español, pero también un lugar en su biografía. Entre todos ellos, él guarda especial cariño a Rompetechos, con el que se siente identificado. El Botones Sacarino es un recuerdo de su breve paso por la profesión, aunque indudablemente debe su fama mundial a Mortadelo y Filemón.
La jubilación -que los periodistas nos empeñamos en mencionar desde que recientemente celebró el 50 aniversario de su querida pareja de detectives de la T.I.A.-, no llegará hasta que no halle respuesta en los lectores o cuando sienta exprimido su torrente imaginativo. «Cuando eso ocurra, haré un montoncito con mis lápices y me iré del estudio».
Pero antes de hacerlo deja un compromiso sobre la mesa: dedicar un álbum especial a las Fallas de Valencia, en las que el año pasado se le dedicó un monumento.
El creador de personajes como Mortadelo y Filemón y Rompetechos se dio un baño de juventud en San Miguel de los Reyes. El fervor estudiantil demuestra que el humor de Ibáñez está a prueba de generaciones
ALBERTO SAIZ
Francisco Ibáñez, como un niño entre los jóvenes estudiantes en el encuentro que mantuvo en San Miguel de los Reyes
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