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Chispazos de ingenio, escuela de provocación

De don Camilo se cuenta y no se para. Su vida de idas y venidas, y su carácter llano, a veces irreverente, a veces iconoclasta, siempre ingenioso y provocador han dado origen a un sinfín de anécdotas, unas veraces, otras apócrifas. Y casi todasescandalosas para espíritus pacatos o poco leidos, sobre todo si entre lo no leido figura su popular «Diccionario secreto». He aquí una sucinta gavilla de anécdotas en que se mezcla ingenio y escatología en altas dosis.

Actualizado 18/01/2002 - 08:03:45
Divertida instantánea a la llegada de don Camilo tras recibir el Nobel. Marina enseña su camiseta con el apellido Cela. ABC
Divertida instantánea a la llegada de don Camilo tras recibir el Nobel. Marina enseña su camiseta con el apellido Cela. ABC
«ACOJONADO, MAJESTAD»
La espontaneidad de don Camilo José Cela llegó al extremo de que cuando Su Majestad el Rey le llamó, en junio de 1977, para comunicarle que deseaba hacerle senador, al preguntarle qué tal se encontraba, el escritor respondió: «Acojonado, Majestad...»
DORMIDO Y DURMIENDO
Durante su etapa como senador se relata la anécdota tal vez más popular de Cela y que tuvo al cura Xirinachs como segundo personaje. El caso es que estaba el escritor dando cabezadas en plena sesión parlamentaria cuando el sacerdote le importunó con la pregunta:
-¿Está usted dormido?
A lo que el maestro le respondió:
-Monseñor, no estoy dormido, estoy durmiendo.
A lo que el mosén le replicó:
-Es lo mismo, ¿no?
-No, monseñor, son cosas distintas -instruyó al religioso-. No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
«DIREMOS QUE HE SIDO YO»
Salón de alto copete. Invitados de ringorrango y prosapia. A la hora de la cena, el escritor se sienta a la derecha de la anfitriona, una dama de alcurnia. Don Camilo habla, come y bebe con generosidad, tanto que a los postres ya no puede dominar la presión abdominal, que se resuelve en una sonora y rotunda ventosidad. Sigue un espeso silencio. El escritor se inclina hacia la anfitriona y con voz queda y cristalina le musita: «No se preocupe; diremos que he sido yo».
ESCRITOR GALLEGO
En pocas televisiones disfrutaba tanto don Camilo como en la gallega. Hablaba de lo que más le gustaba, la literatura, a la gente que más le gustaba, la gallega. En cierta ocasión, un entrevistador tan incisivo en el verbo como romo en lo sustantivo le preguntó a Cela si se consideraba un escritor gallego.
-Hombre, soy escritor y soy gallego, por tanto debo ser un escritor gallego, salvo que sea un maricón chino.
«DELES DE COMER QUE SON VIKINGOS»
En la semana de festejos que rodeó la entrega del Nobel, don Camilo se desvivió por cuantos le acompañaban, incluidos los periodistas. Prueba de ello fue lo que ocurrió en el exclusivo restaurante de la Ópera de Estocolmo, donde se agasajaba con un almuerzo al escritor español. La comitiva entró en tromba en aquel exquisito escenario, lo que hizo perder los nervios a un imperturbable «maître» de 2,15 metros de alto. Incapaz de atajar la invasión, el «maître» reparó en tres periodistas rezagados (Raúl del Pozo, de «El mundo»; Juan Cruz, de «El país» y José Antonio Álvarez Gundín, de ABC) y a ellos se dirigió con ánimo belicoso. Hubo un amago de disputa y si la cosa no llegó a más fue por un enigmático gesto que le hizo don Camilo al descompuesto «maître». Parece ser, según se pudo averiguar después, que nuestro Nobel resolvió la situación diciendole al «maître»: «Deles usted de comer, que son vikingos».
TIRARLE DE LA BARBA
Hubo una época en la que al escritor le dio por lucir una barba poblada y asimétrica, lo que suscitaba toda suerte de comentarios. En cierta ocasión estaba el autor de «La colmena» en plena tertulia de café cuando se le acercó un cliente decidido y coñón.
-Don Camilo, me he apostado mil duros a que le tiro de la barba, así que ayúdeme a ganarlos.
-Joven, le espetó el barbado, le voy a decir lo que gana y lo que pierde: pierde mil duros y se gana una patada en los cojones.
CARA DE CABALLO
Mandó recado don Camilo al mozo de la posada para que fuera a recoger a su hermano, que llegaba al pueblo en el coche de línea.
-Pero señor, yo no conozco a su hermano, se excusó el mozo, a lo que el escritor respondió:
-No te preocupes, fíjate bien y cuando veas a uno con cara de caballo, ese es mi hermano.
LA RAE, «INTERNADO DE JESUITAS»
En 1997, el autor lanzó una perla cultivada sobre la RAE, a la que acudía con puntualidad británica los jueves:
-Se está convirtiendo en una especie de internado de jesuitas. Hay unas reuniones donde nos hacen firmar para ver si vamos o no vamos... Se trabaja como en un seminario o en clases que a veces parecen párvulos.
CENTENARIO DE GARCÍA LORCA
En 1998, cuando se conmemoraba el centenario del nacimiento de Federico García Lorca, el Nobel declaró que esperaba que si dentro de cien años se acordaban de Lorca, los homenajes fueran «más sólidos, menos anecdóticos y sin el apoyo de los colectivos gays», como, a su juicio, estaba ocurriendo con el tributo al autor granadino. Preguntado si tenía algo contra los homosexuales, respondió:
-No estoy ni a favor ni en contra, simplemente me limito a no tomar por el culo.
EL ARTE DEL ACOSO Y DERRIBO
Una de las «licencias» que se permitió «Camiliño» con su último pantalón corto fue la del arte que pudiéramos llamar de acoso y derribo de las señoras que volvían de la compra... Subía hasta la buhardilla y esperaba a que algunas señoras retornaran de la plaza con su besugo, lombarda, judías verdes, patatas, garbanzos bajo el brazo y zas...
-Era muy divertido -reconocía-. Bajaban por la escalera y saltaba por encima de ellas. No sé si habré hecho daño a alguna, que a lo mejor rodó la escalera y de lo cual estaría naturalmente arrepentido, pero era una gamberrada más que juvenil, infantil.
-Al cabo del tiempo se da cuenta de que aquello era una cabronada, don Camilo...
-Sí, sí, hombre sí.
-Y las señoras, ¿qué decían?
-Se horrorizaban, gritaban, lo cual no me extraña lo más mínimo.
-¿Y los garbanzos, las judías?
-Todo, todo por el suelo.
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