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Cultura Volver, y una de dragones

Como muchos suponíamos y esperábamos, la película «Volver», de Pedro Almodóvar, y la coproducción hispano-mexicana «El laberinto del fauno», de Guillermo del Toro, consiguieron la candidatura al

Actualizado 17/12/2006 - 10:03:30
Como muchos suponíamos y esperábamos, la película «Volver», de Pedro Almodóvar, y la coproducción hispano-mexicana «El laberinto del fauno», de Guillermo del Toro, consiguieronla candidatura al mejor filme en lengua extranjera en esta edición de los Globos de Oro. También Penélope Cruz opta a premio, como mejor actriz, lo que significa un nuevo reconocimiento al cine español, y un peldaño necesario en la escalada de los picos de los Oscar. Gane quien gane, será un refrendo de la cultura en castellano y su lugar en el mundo. Pero, sin duda, la sensación de estas fiestas será la película fantástica «Eragon», adaptación de la novela del jovencísimo escritor estadounidense Christopher Paolini, de 21 años, magníficamente editada en España por la editorial Roca, autor que comenzó a escribir esta obra con sólo 15. No es nuevo el auge de esta literatura de «fantasía épica», aunque muchos siguen considerándola menor, que hunde sus raíces en tradiciones como la literatura artúrica, con tantos seguidores y autores, directos o tangenciales, como los reputados Lugones, Borges, o Cunqueiro, por no hablar en nuestros días de la maravillosa Matute o el amigo Luis Alberto de Cuenca. A pesar de su juventud, Paolini demuestra grandes dotes narrativas, buen gusto literario y una cabeza bien amueblada cuando afirma que: «No hay nada comparable a poner palabras en una página y saber que van a provocar ciertas emociones y reacciones en el lector», y asegura, su voluntad de «encontrar, en su escritura, una belleza lírica a medio camino entre el mejor Tolkien y la traducción de Beowulf de Seamus Heaney». Un autor singular cuya literatura ha reconocido The New York Times como «un trabajo de gran talento».
Más miedo que los dragones me dan a mi los sucesos acaecidos en cierta editorial. Si hace unas semanas alabábamos el buen hacer de la editorial Espasa, relanzando la colección Austral que cumplía su setenta aniversario, gracias al sabio esfuerzo de su editora, Nuria Esteban, valiéndole el reconocimiento de muchos y en particular el Premio Nacional al Fomento de la Lectura de este año, nos hemos quedado tiritando al saber que en pago de tan excelente trabajo Espasa la ha despedido una semana después de ser premiada. El prolegómeno fue la expulsión de Antonio Rivero, quien propició una de las mejores Casas del Libro, que pertenecen a la editorial, la de Sevilla, con una nutrida e interesante programación cultural, además de otras diez personas de una profesionalidad más que encomiable, como en el caso de la editora de ficción Mercedes Castro, una de las mejores editoras que hay en este país. Va a tener razón el crítico Manuel Rodríguez Rivero, que conoce bien esa casa, cuando decía en las páginas de este diario: «Esa editorial que se llama Espasa y que, a ese paso, quizás termine conociéndose como Ex-pasa» y más adelante, «la mayor lealtad de los trabajadores hacia sí mismos es que, al final de cada jornada se acuerden de introducir en sus pen drivers sus datos y llevárselos a casa» porque está claro que trabajar bien por ella cuesta caro. Resulta que las dos editoras citadas estaban, una, con reducción de horario por maternidad, la otra, embarazada de cinco meses. Quiero pensar que es una torpeza de la nueva directora general de Espasa, Ana Rosa Semprún, y su equipo, porque no casa mucho con la Ley de Conciliación de la Vida Laboral y Familiar. Me cuesta creer que el Señor José Manuel Lara estuviese al corriente, o gente tan humana, profesional y amiga como Ana Gavín o Adolfo García Ortega -en México cuando sucede esto- estén de acuerdo, por no decir que Espasa ha tenido siempre mucha independencia a pesar de pertenecer al grupo Planeta.Esperemos que el prestigio de Espasa no resulte dañado, hay que recordar que el gran logro de la Semprún es crear la colección «rosa» Manderley, no sea que nos encontremos junto a Ortega y Gasset las obras completas de Corín Tellado, o la biografía de Fofó, que son muy respetables, pero tienen otros sellos más propicios. Menos mal que algunas novelas tienen corazón, lema de la colección romántica Manderley, porque hay editoriales que no tienen ni entrañas.
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