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Antonio Mingote, poeta de la experiencia

Antonio Mingote es un poeta que baja a la plaza y se para a pensar. Cuando reflexiona que con sólo su lápiz de dibujante puede provocar el levantamiento de «millones de piadosos creyentes, musulmanes

Actualizado 17/12/2006 - 08:43:24
Antonio Mingote es un poeta que baja a la plaza y se para a pensar. Cuando reflexiona que con sólo su lápiz de dibujante puede provocar el levantamiento de «millones de piadosos creyentes, musulmanes, fervorosos, adversos al cerdo y abstemios declarados» se siente tan «ridículamente poderoso» que inmediatamente se pone a llorar, «abrumado por la inconmensurable estupidez del ser humano». Con este autorretrato saluda el genio a los lectores en su tradicional regalo de Navidad: «2006 visto por Mingote», un suplemento especial de 24 páginas que ABC publica el miércoles día 20. Además de todo lo que ya es -género literario, doctor «honoris causa», emblema codornicesco de una generación de grandes humoristas, oráculo, maestro del trazoo...- ahora se desnuda en el verso e incluye, junto a sus mejores dibujos del año, una selección de sus poemas inéditos. Una «delicatessen».
El poderoso lápiz de Mingote puede escribir los versos más bonitos a cualquier hora de cualquier día. Lleva un año escribiendo poemas, aunque muchos de lectura. Mingote es un gran lector de poesía: «He leído mucho, de todo, pero nunca se me había ocurrido pergeñar versos. No sé por qué ahora, pero, hablando en serio, no me considero un poeta».
¿Qué tiene que pasar para que Mingote haga chistes? El poeta se confiesa a medias con su medio siglo en ABC: «Para que yo haga chistes / una señora gorda de apretada gordura, / pugnaz en la estrechez de su bikini, / suspira ante el espejo imaginando auroras / en los brazos de un cursi engominado / que se dice melancólico / para que la gorda alivie el monedero / en su auxilio. Miseria entre suspiros / y un magreo / que entristece a las gárgolas y regocija a un párroco / después del veraneo./ Asoma aquí la rima consonante, /¿me habré hecho yo poeta en un instante?», se pregunta el pensador de los periódicos.
La inspiración, para el poeta Mingote, «es como un susurro / el roce de una ala / una brisa / un aliento que se precipita / apremiante y alentador a un tiempo / que dice al poeta / sienta, piensa, escribe / di.»
¿Dónde le pilla la inspiración a Mingote? Como a Picasso, siempre atado al trabajo. Beethoven dejó para la posteridad, amén de obras sublimes, una sentencia: «El genio es algo de talento y mucho de trabajo». Mingote es mucho de talento y mucho más de trabajo: «Otra cita de una persona que no me acuerdo dice: «Hay un momento de inspiración y muchas horas de sudoración»».
Comprensión bondadosa
La comprensión es la bondad del poeta: «Si para que un poeta se llame Ángel González / se han multiplicado íntimos acontecimientos, / peripecias y acaeceres entrañables / con surgimiento al fin del poeta / y su estremecimiento, / yo, humildemente, me avergüenzo / de haber superado infinitas auroras / e incontables memorables crepúsculos, / lunas llenas, tempestades, ceremonias, / Incluso nacionalizaciones (y tal vez me quedo corto) para hacer apenas unos chistes».
«Los chistes» es el primero de los poemas inéditos con el que Mingote se desnuda ante sus lectores. Al pie del dibujo que ilustra la página cincela una memorable dedicatoria a quien es su orden, su ángel de la guarda, su alma, su musa y su amor: «A Isabel (que tiene tan buena memoria). No tengo del futuro la inquietud pues que vivo estaré mientras tú vivas. Mi futuro eres tú».
El «2006 visto por Mingote» incluye 56 ráfagas de lucidez, profundas e inteligentes, surgidas del trazo del dibujante y doce espléndidas piezas esculpidas en verso. Arranca el suplemento con la corrupción en la «Costa del Sol (y otras)». En una de las viñetas un turista es atracado por un chorizo en la costa «malaya». Mientras el atracador le «limpia», el paciente inglés le aclara las ideas a su atracador: «Pues aunque no tenga usted vocación política debería procurarse un puesto de concejal o algo en el Ayuntamiento, mucho más provechoso que lo que está haciendo ahora, dónde va a parar».
ZP se balancea con la justicia
La justicia es el siguiente capítulo del 2006 según Mingote. En una escena aparece Zapatero tomando café y copa con la diosa que sostiene la balanza de la justicia, en perfecto equilibrio, con una espada. El presidente del Gobierno le susurra al oído de la diosa: «Puesto que eres tan independiente, no te importará venir a mi apartamento en una buena casa confortable con leones en la puerta...» Cuatro definiciones completan este capítulo: «Erotismo sin arte es pornografía»; «Arte sin originalidad es artesanía»; «Originalidad sin belleza es cursilería»; «Belleza sin provecho es poesía»: «Definir esto y lo otro es osadía».
El apartado dedicado a la «Alianza de Civilizaciones» le lleva a Mingote a rescatar una cita de Pessoa que define a la perfección tamaña cursilería: «Todas las cartas de amor son ridículas. No sería cartas de amor si no fuesen ridículas. Fernando Pessoa». «...Pero, en fin, sólo las criaturas que no han escrito nunca cartas de amor son las que son ridículas. El mismo, de arriba, claro). Mingote cita a Moebius y pinta, tambaleándose por el espacio sideral, a Zapatero, «nuestro infatigable presidente en busca de una civilización ajena con la que aliarse inmediatamente».
La mitad de las barbaridades
El trazo del maestro se pone serio en las páginas del suplemento dedicadas a la Guerra Civil (que ilustran este reportaje). Un hombre le dice a su esposa: «He leído que sólo usamos la mitad del cerebro». Y la mujer fulmina: «Ahora comprendo por qué cuando hablamos de la Guerra Civil sólo recordamos la mitad de las barbaridades». «Fundamentalismo», «Negociaciones ETA», «Tabaco», «Sequía» y «Despedidas» completan el aguinaldo de Mingote a los lectores de ABC. El dibujante recuerda emocionado, como una ola, a Rocío Jurado y, con los mariachis destrozados de dolor, a Rocío Durcal; a Juan de Ávalos cincelando nubes; a Mena, hermano de su cofradía del buen humor; a su compañero en la Real Academia Alonso Zamora Vicente -«entendía al pueblo y el pueblo lo entendía a él. Pocos tan sabios pueden decir lo mismo».
A Paquito Fernández Ochoa haciendo eslalon en el cielo; a Pancho Puskas, «cañoncito pum», jugando como los ángeles; a Carlos Luis Álvarez, Cándido, maestro de periodistas, que al llegar al panteón celestial de los hombres ilustres es preguntado: «¿Alguna novedad en España?». «Sí, la enorme cursilería», responde Cándido.
«Soy un poeta de domingo»
¿Dónde va a parar Mingote con su poesía? En el universo lírico de la piel de toro anidan poetas del gol, poetas del rigor [mortis o intelectual, no se sabe], poetas con escafandra, poetas al sol, poetas sin fronteras o poetas de la experiencia. Se le pide una adscripción al maestro y Antonio Mingote responde que es «tan poeta como el que canta debajo de la ducha. Soy poeta de domingo». Poeta (grande) de la experiencia.
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