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Mecenas del cambio de siglo

TEXTO: MARTA MOREIRA FOTO: EDUARDO MANZANAVALENCIA. Alicia Soriano recibe a ABC en el reformado palacete gótico de Joan de Valeriola de Valencia, sede de la Fundación que ella y su marido, Manuel

Actualizado 17/08/2006 - 09:28:49
FOTO: EDUARDO MANZANA
FOTO: EDUARDO MANZANA
Alicia Soriano recibe a ABC en el reformado palacete gótico de Joan de Valeriola de Valencia, sede de la Fundación que ella y su marido, Manuel Chirivella, crearon en 2005 para compartir con la sociedad su colección de arte contemporáneo español. Integrada por 620 piezas, es una de las más notables de carácter privado del país.
La Fundación Chirivella-Soriano acoge ahora la muestra «Tránsito geométrico», basada en sus fondos, que incluyen obras de Elena Asins, Gerardo Rueda, Yturralde, Eusebio Sempere, Manuel Barbadillo o Teixidor.
Soriano cuenta cómo comenzó a amasar su colección de arte cuando todavía era muy joven; después, ya casada, introdujo a su marido, notario de profesión, en la costosa afición de comprar arte. La primera pieza que adquirieron fue un papel de Equipo Crónica, el segundo era de Mompó. Para ella, procedente de una familia adinerada de Valencia, lo suyo con el arte es un talento innato, instintivo, una atracción sensorial y en gran medida infalible. «En mi colección, que parte de 1957 y se circunscribe al arte español, todos los que están son, pero algunos de los que son no están. Hay pocos, sólo cuatro o cinco, por los que he apostado y luego han colgado los pinceles o no han progresado. En general, me he equivocado poquito», asegura.
Lo que comenzó como una afición -no estudió Historia del Arte, sino pedagogía-, se reveló luego como un proyecto de vida. «Llega un momento en que te das cuenta de que es inmoral tener tanta obra en tu casa», explica Alicia Soriano-. La filantropía de Manuel Chirivella parece sin embargo haber entrado a base de codos. «Estudia todos los días después de trabajar, es un hombre al que admiro».
Una vez creada la Fundación, escogieron un palacio del siglo XIV en Velluters, una de las zonas más abandonadas de Valencia, para levantar la sede del primer museo valenciano de sus características. «Un lugar donde se pudiera ver nuestra colección y desde donde abrir las puertas al futuro del arte contemporáneo español».
El 22 de abril de 2005 fue inaugurado con parte de sus propios fondos, en los que abunda Sicilia y también están muy presentes Eduardo Arroyo, Juan Antonio Toledo, Fernando Zóbel o Antonio Saura. Para no convertir su espacio en «un contenedor de arte muerto» y estático, le sucedieron exposiciones temporales de Fernando Lorite o Luis Eduardo Aute, aunque sin duda su proyecto estrella fue «The factory», en la que reunió 33 piezas pictóricas de Andy Warhol, presididas por su famosa silla eléctrica.
Pese a proceder de una familia acomodada, Soriano asegura que su colección no ha crecido al amparo de una gran fortuna; «lo que ocurre es que estamos un poco locos -bromea-. Todo lo que tenemos, 24 años de trabajo, lo hemos metido aquí. No tengo casa en Nassau, aunque tampoco necesito para comer». Su meta para dentro de cuatro o cinco años es ser relevada en la dirección, para quedarse en el patronato y «dedicarse a la parte más bonita: comisariar y comprar obra».
¿Cómo se inicia una colección?
En un sprint mental, Soriano enumera los principales consejos para los que se inician en el coleccionismo de arte. «Lo primero es informarse, comprar artistas de tu generación (por razones económicas) y escuchar a los galeristas. Sobre todo no conviene precipitarse en la compra; antes de adquirir una pieza, hay que verla dos o tres veces. Voy a pocas inauguraciones para no dejarme llevar por las primeras impresiones. Es importante formar tu propio criterio y gusto, así como ser consciente de que el coleccionismo nunca se acaba, así que es mejor tomárselo con calma». Desaconseja que el coleccionista conozca a los artistas «porque existe el riesgo de admirar mucho a alguien de quien tienes obra, pero que luego al conocerle te deja de gustar». Paradójicamente, para seguir el hilo de sus anécdotas «del mundillo» hay que descifrar al paso los nombres de pila de los artistas a los que se refiere.
¿Se llega a dar todo por la afición de coleccionar pintura, estamos ante una droga para elites difíciles de satisfacer? «Digamos que si se me quemaran todas las obras en un incendio, para mí el daño económico sería durísimo, pero lo prefiero a ver a mi hijo ingresado en el hospital», concluye.
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