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El centenario de Jardiel arranca con una estupenda «Eloísa» en el Español

Actualizado 17/02/2001 - 02:02:07
«Eloísa está debajo de un almendro».
Autor: E. Jardiel Poncela Dir. y vest.: M. Recatero. Esc.: C. Abad. Música: V. Kirberg. Ilum.: R. Tarín. Int.: J. Carlos Naya, A. Tomey, A. M. Vidal, A. Medina, L. Calderón, R. Oliveros, J. Carabias, C. Lodosa, P. Paso Jardiel, N. Romero, P. Sanz y R. Esteve, entre otros. Lugar: Teatro Español. 15 de febrero.
Arranca el primer peldaño conmemorativo del centenario de Enrique Jardiel Poncela por todo lo alto con un estupendo montaje de una de sus más logradas y conocidas creaciones,  su «Eloísa está debajo de un almendro», obra estrenada en 1940 y que conserva intactas su tersura escénica, su gracia y el elevado vuelo de su ingenio.
Como durante este año se prodigarán los actos y las voces en su honor, no es cuestión de ponerse ahora a subrayar pormenorizadamente el calibre de la escritura teatral de Jardiel, quien pese a que, quizás en algún momento pueda haber sufrido cierto menoscabo —lo cómico goza de menos prestigio cultural que lo trágico—, es uno de los autores preferidos del público y, también, una de las mejores firmas teatrales de nuestro siglo XX.
En fin, que las flores de ese almendro bajo el que está Eloísa siguen frescas y fragantes. La comedia mantiene una trama amorosa atravesada por los efluvios góticos de una intriga tipo Daphne du Marier (precisamente en 1940 se estrenó también la celebérrima versión de Alfred Hitchcock de «Rebeca»), aunque, para qué negarlo, casi interesan más las subtramas y la desbordante comicidad de los personajes secundarios que la peripecia de los cursis enamorados cuya felicidad parece amenazada por un secreto insondable.
En Jardiel es habitual un comienzo brillantísimo y un desenlace algo apresurado en el que las aparentemente absurdas piezas del engranaje escénico encuentran una justiticación lógica. Esta obra, no obstante, es probablemente la más redonda del autor en ese aspecto y está llena de hallazgos, como el original prólogo del cine, que está muy bien resuelto por la escenografía imponente de Carlos Abad, igual que la disparatada casa de los Briones del primer acto y la inquietante finca de los Ojeda del segundo.
Mara Recatero, que se encarga también del vestuario —espléndido en cada detalle: zapatos topolino, peinados arriba España y demás— realiza un serio ejercicio de dirección en un montaje marca de la casa —grandes decorados realistas, amplio reparto—, moviendo con soltura un elenco de treinta y tantos actores y consiguiendo la difícil facilidad de que todo marche sobre ruedas. En lo interpretativo brillan, sobre todo, los papeles más cómicos: el soberbio Ezequiel de Antonio Medina, la disparatada sensatez de Ana María Vidal, el impagable Fermín de José Carabias, el estólido Edgardo de Ramiro Oliveros, la lunática Micaela de Licia Calderón, la fámula escopetada de Paloma Paso Jardiel o la superferolítica Julia de Roxana Esteve por citar algunos nombres del poblado reparto que rodea a los enamorados un poco pasmarotes de Juan Carlos Naya y Abigail Tomey, hechos unos tortolitos de comedia romántica. El público del estreno rió con ganas en numeroso pasajes de la pieza, lo que hace augurar que esta «Eloísa...» tendrá cuerda para rato en el Español.
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