Castilla y León

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Cuatro días de agosto

Actualizado 17/03/2002 - 23:47:27
«Los puentes de Madison» de Robert James Waller. Adaptación: Joseph Costa. Dirección: Miguel Narros. Escenografía: D´Odorico. Iluminación: Cornejo. Teatro Liceo. Salamanca.
El éxito de la novela «Los puentes de Madison» (1992), prolongado tres años después con la película protagonizada por Clint Eastwood y Meryl Streep, alcanzó unas cotas quizás inesperadas, aunque el relato de Waller recogía una historia bien contada, en la que el melodrama central se aderezaba con otros ingredientes bien dosificados, que permitían un mayor impacto en el lector o espectador cinematográfico; además se encarnaba en unos personajes construidos con fuerza y capacidad de trasmisión emocional.
En la versión de Costa pesa excesivamente el discurso narrativo, faltan los conflictos, alarga en demasía algunas escenas y esencializa mucho el argumento, convirtiendo en una simple anécdota los cuatro días de agosto en los que Francesca y Robert, dos personajes inmersos en la rutina y en el desamor, viven unas jornadas apasionadas e inolvidables. Acaso en esta versión se privilegia la historia, se definen poco los caracteres de los personajes y el resultado es un drama plano en el que falta tensión, emoción y comunicación. La puesta en escena de Narros se desarrolla dentro de un estilo naturalista, como la escenografía, con escasas rupturas de la cuarta pared. El director crea algunas acciones para los personajes, los mueve por la escena, crea algunas atmósferas y salva con oficio algunas carencias del texto, aunque para el futuro tal vez debe aligerar algunas escenas y distribuir mejor los ritmos de la propuesta escénica.
Sin embargo, el mayor problema de «Los puentes de Madison» se encuentra en el personaje de Robert, poco construido en la versión y en la interpretación. Manuel de Blas realiza un trabajo externo, centrado en sí y, por tanto, sin una relación, una química, con el personaje de Francesca.
Charo López lleva a cabo una interpretación sobria, elegante y con exhibición de sus cualidades interpretativas, aunque debe resolver algunos problemas causados por inseguridades, perceptibles el día siguiente del estreno, que le restan soltura y eficacia. Natalia Garrido, la hija de Francesca y a la vez narradora de la historia, realiza una interesante y buena interpretación, matizada, natural y relacionada en el plano comunicativo con su madre.
Salamanca 2002 ha rendido en este primer estreno absoluto de la Capitalidad Cultural homenaje a Charo López que fue muy aplaudida al salir a saludar.
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