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Magris: «El escritor debe narrar la verdad del momento»

«Uno sabe que un libro está listo cuando palabras, ritmo y estructura fluyen como en una composición musical». A Claudio Magris la melodía de «A ciegas» le martillea la cabeza desde hace dos décadas

Actualizado 15/11/2006 - 08:27:37
«Uno sabe que un libro está listo cuando palabras, ritmo y estructura fluyen como en una composición musical». A Claudio Magris la melodía de «A ciegas» le martillea la cabeza desde hace dos décadas, adentrándose en las tinieblas de la historia para meditar sobre la utopía y el desencanto. «El escritor debe narrar la verdad del momento, algo que no tiene por qué coincidir necesariamente con su filosofía». Presentado por el autor italiano como «un libro trágico y violento», «A ciegas», editado por Anagrama en castellano y Edicions de 1984 en catalán, es el delirante monólogo de Salvatore Cippico, militante del partido comunista que rememora desde un sanatorio mental cómo en el pasado combatió en la Guerra Civil española, participó en la segunda Guerra Mundial junto al ejército yugoslavo para construir el socialismo en el país de Tito, fue deportado al Gulag de Goli Otok y acabó emigrando a Australia. «Es la historia de personas que se encuentran en un momento y lugar equivocado de la historia defendiendo una causa que consideramos equivocada», apunta Magris que aboga por la necesidad de «heredar valores, aunque estos provengan de una ideología con la que no estamos de acuerdo». «Influye mucho la perspectiva triestiana -añadió-. La ambivalencia del precoz desencanto y el respeto a las teorías revolucionarias viene de ahí».
Especial interés le suscita a Magris el capítulo relacionado con Goli Otok, Gulag en el que acabaron los cerca de dos mil «monfalconeses» que llegaron a Yugoslavia para construir el socialismo y fueron deportados cuando Tito y Stalin rompieron relaciones. «Es una historia terrible, ya que cuando estos hombres regresaron a su país nadie quería saber nada de ellos».
La estancia de Cippico en Goli Otok es en «A ciegas» uno de tantos esquinazos de un relato repleto de digresiones y saltos temporales en el que no tarda en cobrar protagonismo la figura de Jorgen Jorgersen, intrépido marinero que se autoproclamó rey de Islandia y cuyas alocadas vivencias - fundó Hobart Town y, un cuarto de siglo después, terminó condenado a trabajos forzados en esa misma ciudad- se incorporan a la perorata del narrador.
Claudio Magris ve en el monólogo demente de su personaje una suerte de coro colectivo: «Es un yo psíquicamente enfermo que habla por todos. Las cosas realmente importantes como nacer, morir y enamorarse son individuales, pero las llevamos a cabo en nombre de todos». La aparición de Jorgensen fue, según desveló Magris, el dentonante definitivo para que «A ciegas» dejara de ser una colección de fragmentos escritos y se conviertiese en una novela. Difícil y compleja, pero novela, al fin y al cabo. «Un escritor hace en cada momento lo que puede y debe. No es un libro fácil, lo sé, pero esta historia no podía contarse de otro modo. Si hubiese querido ser más didáctico no habría funcionado».
Para el autor de «El Danubio», «A ciegas» no es un libro pesimista, ya que en él «se siente el horror de la vida, pero también el amor por ella»: «Es más como un grito», añadió Claudio Magris. Otro mito especialmente relevante que se esconde en las tripas de la novela es el del vellocino de oro, cuya forma y color cambia en «A ciegas» para convertirse en bandera. Bandera roja, claro.
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