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No hubo amaño, pero sí habrá un español en la final del Masters

Actualizado 16/11/2002 - 23:50:02
Moyá, un ganador tan disgustado como el derrotado Costa. REUTERS
Moyá, un ganador tan disgustado como el derrotado Costa. REUTERS
SHANGAI. Habrá opiniones para todos los gustos. Muchos no entenderán el motivo por el que Carlos Moyá se batió con tanta fiereza frente a su amigo Albert Costa. Sólo necesitaba relajarse un poquito, tirar un par de bolas fuera y los dos juntitosa semifinales.
Sin embargo, las cosas no son tan fáciles. A nadie, y menos que a nadie a un deportista de elite, le gusta perder. Además, los tenistas son muy suyos con sus cosas y, de forma especial, con sus rachas positivas. Saben, por experiencia que de ganarlo todo a perder hasta en los entrenamientos sólo hay un paso muy pequeño y casi nunca se sabe muy bien la razón.
Un día estás pletórico. Metes en las líneas hasta las cañas y, de repente, al día siguiente, todo lo que antes entraba empieza a fugarse un milímetro más allá de las rayas y lo que eran glorioso puntos se convierten en «outs».
El partido más largo
Cuando un tenista se encuentra en racha, y Carlos Moyá vive una de esas situaciones felices, no está dispuesto a perdonar ni a un amigo. Además de esta cuestión, que muy probablemente se sitúe en la base de la actitud de Carlos, hay otros aspectos a considerar como la honradez profesional; el orgullo de Costa, que jamás hubiera aceptado un regalo; los intereses de otras personas (Hewitt, ahora semifinalista); el dinero (el jugador que acabe invicto el torneo se embolsará 1.520.000 dólares) y los puntos en juego.
En fin, que por lo que fuera el choque entre Moyá y Costa, lejos de un amaño, fue un extraordinario encuentro, vibrante y disputado a tope por los dos jugadores. Un regalo para los que pudieron presenciarlo. Dos horas y 53 minutos de lujo, el partido más largo del torneo hasta ahora, un derroche de esfuerzo que puede costarles caro. A Costa, porque se lesionó en el octavo juego del tercer set al reproducírsele en un mal gesto la misma lesión que le impidió jugar en Madrid, una lumbalgia aguda, y que casi le descarta para el Masters Nacional de la semana próxima en Barcelona.
A Moyá, porque tuvo que forzar al máximo, sabiendo que más le hubiera valido ahorrar energías. Sobre todo porque se mide a un Juan Carlos Ferrero, que doblegó a Jiri Novak en una hora y 29 minutos, y lograba por segunda vez en su carrera entrar en la semifinal de un Masters.
Contra el checo, Ferrero sufrió un susto inicial pues Novak se colocó con 2-0 en la primera manga, pero el valenciano supo moverle, romperle el servicio en cuarto y octavo juego, y hacerse con el primer parcial. El segundo set fue mucho más fácil. Rompió en el cuarto (3-1) y esa ventaja bastó.
Con Moyá y Ferrero en semifinales, será la tercera vez en la que el tenis español coloca a uno de sus representantes en la final del Masters. Manuel Orantes ganó en 1976 y Corretja y Moyá lucharon en 1998. Cuatro años después se repite la historia después de que tres se clasificasen en un final de temporada frenético. «El tenis español es sin duda el más fuerte del mundo en este momento», comentó Albert Costa orgulloso, frase que firmó poco después Moyá, «sin duda sí que lo es», dijo, y que Ferrero ratificó finalmente, «las pruebas lo demuestran o no».
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