Deportes

Deportes

Hemeroteca > 15/09/2003 > 

Moncho López: El hombre tranquilo

Actualizado 15/09/2003 - 09:14:14
Nació en Nalón (El Ferrol) un 10 de julio de 1969. Es, curiosamente, tres meses más joven que uno de sus capitanes, Herreros. Una anécdota para un hombre que fue en su debut el entrenador de menor edad de la ACB (logró el ascenso con el Cabitel Gijón en la temporada 98/99 y le mantuvo tres campañas).
Moncho se enamoró del baloncesto en su colegio, el Santiago Apóstol, siguiendo los pasos de su hermano mayor, Ricardo, en la actualidad también entrenador, aunque de base. Tampoco entonces la edad significó un impedimento para que, siendo juvenil de primer año. entrenase a los cadetes. Después de cinco años pasó al OAR Ferrol, club en el que recorrió todos los niveles hasta 1996. De ahí, a dirigir el proyecto Club Siglo XXI en Galicia.
«Sólo me gusta el baloncesto»
Fue su entrada en la Federación, donde ha llegado a lo más alto, seleccionador, «porque estaba en el sitio oportuno en el momento oportuno». Era segundo de Javier Imbroda en el Mundial de Indianápolis, cuando éste decidió fichar por el Madrid. Le ofrecieron la plaza y «no me arrepiento, aunque puedo jurar que en la Federación trabajo diez veces más que cuando era técnico ACB y eso que en Gijón tenía fama de incansable».
Asegura que es un enfermo del baloncesto. «Voy por la calle, veo un dos contra dos y me paro para analizarlo». Vive su profesión con una pasión desbordada, tanta que estudia una media de 10 vídeos por semana, además de asistir a todos los partidos de competiciones regionales y nacionales que se le pongan a la vista. Sin embargo, es casi insensible para los demás deportes: «Sólo me gusta el baloncesto». Ni siquiera el fútbol despierta su atención. «No sé nada, ni veo ningún partido ni soy de ningún club. Me pasa lo mismo con todos los demás deportes. Hace 20 años sí que llegué a ser un buen aficionado al motociclismo. El otro día todo el equipo se rio de mí porque no sabía quien era Valerón».
Su padre, «una enciclopedia futbolística, que se sabe de memoria las alineaciones de todos los equipos de los años 50 y 60», perdona a su hijo esta «tara» y, pese a ella, se ha convertido en el principal hincha de su vástago: «No deja de ver ni uno de mis partidos, aunque se pone muy nervioso y basta que vayamos 2-0 abajo para que empiece a decir que voy a perder y quiera apagar el televisor».
Los nervios de su progenitor no los ha heredado Moncho, que se define como «un hombre tranquilo, enamorado de Galicia y muy unido a mi familia». Se considera optimista por genética: «Vi de pequeño cómo el negocio familiar se hundía y mis padres lo llevaron con una entereza tan enorme que aquello fue una lección para mí».
Estudió Relaciones Laborales, pero jamás ha ejercido porque «antes de salir de la Universidad ya me ganaba la vida entrenando». Y cree que lo peor del cargo de seleccionador es «la necesidad de vivir en Madrid, pero no por la ciudad, que es una maravilla, sino porque a mí me gusta mi tierra y, sobre todo, el campo». Pese a su «alergía» a la capital, se casó con una chica de Lavapiés (ocho años más joven que él), aunque de familia gallega (Tuy). En la catedral de esta localidad contrajo matrimonio y compró una casita en la falda de un monte, junto al parque natural de Aloia. Es el que considera su hogar y su refugio, donde le gusta vivir junto a su esposa, paseando con su perro «Cequión», un schnauzer negro de pura raza -«tiene más medallas que yo»-, con sus vídeos y telefoneando a su maestro, Ricardo Hevia: «Siempre tengo presentes sus consejos y hablo con él después de cada partido. Lo mejor que me ha enseñado ha sido la defensa a ultranza de los jugadores. Si algo no te gusta lo hablas en el vestuario, pero de puertas para fuera, sólo buenas palabras». Es la base de su filosofía de entrenador.ha demostrado actitud, aptitud y psicología y ha estado a punto de darle a la selección el mayor éxito de su historia
Búsquedas relacionadas
  • Compartir
  • mas
  • Imprimir
publicidad
PUBLICIDAD
Lo último...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.