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«No estamos libres de atentados, porque la serpiente sigue poniendo huevos»

Actualizado 15/06/2005 - 09:51:32
ELOY ALONSO Javier Rupérez, en una imagen de archivo
ELOY ALONSO Javier Rupérez, en una imagen de archivo

MADRID. En «El precio de una sombra» (Destino), un joven diplomático español, Paco Lucas, se ve enredado en una maraña de espionaje, intrigas políticas y pasiones oscuras. «Soy un novel un poco talludito -bromea Rupérez explicando su vocación literaria-. Este libro es la culminación de un antiguo sueño: estar en el mundo de la literatura, escribir un cuento. Hay elementos autobiográficos, pero no es una autobiografía. Los personajes proceden de la invención».

En el trasfondo de la Varsovia de 1970, Paco Lucas es denunciado ante el poderoso director general de seguridad del Gobierno franquista y acusado de deslealtad con sus superiores, de frecuentar a los comunistas españoles exiliados en la ciudad y de llevar una vida moral disoluta. Aunque el andamiaje del régimen se mantiene en pie, en el horizonte se adivina el cambio político. ¿Qué entresijos de aquel aparato que no se supieran revela ahora Rupérez? «Aquella era una administración tardofranquista -explica Rupérez-, con los problemas y las incertidumbres de esa Administración. Hay una coincidencia objetiva de dos mundos crepusculares: uno, el tardofranquismo, y otro, el principio del fin del comunismo. Y los dos tienen aspectos comunes. Como España y Polonia tenían cosas comunes. Me interesaba optimizar esa descripción del telón de fondo de los dos mundos crepusculares que se ponían brevemente en contacto para producir unas consecuencias un tanto dramáticas en los personajes. El mundo español tenía un grado de libertad personal mayor que el polaco. Pero eran autoritarios».

Sobre el terrorismo -Javier Rupérez fue secuestrado por la banda criminal ETA y publicó un libro sobre ello- aseguró que «podemos derrotar al terrorismo si existe una cooperación efectiva». Aunque advirtió que «no estamos libres de atentados terroristas, porque la serpiente sigue poniendo huevos». Como víctima del terrorismo, lo que le da «la desgraciada cualidad de saber cuál es la real dimensión de la bestia», Rupérez abogó por el derecho de las víctimas, así como por la cooperación internacional para luchar contra el terrorismo. Y, como el 90 por ciento de los españoles, espera y desea que el fiscal recurra la excarcelación del etarra De Juana.

MADRID. En «El precio de una sombra» (Destino), un joven diplomático español, Paco Lucas, se ve enredado en una maraña de espionaje, intrigas políticas y pasiones oscuras. «Soy un novel un poco talludito -bromea Rupérez explicando su vocación literaria-. Este libro es la culminación de un antiguo sueño: estar en el mundo de la literatura, escribir un cuento. Hay elementos autobiográficos, pero no es una autobiografía. Los personajes proceden de la invención».

En el trasfondo de la Varsovia de 1970, Paco Lucas es denunciado ante el poderoso director general de seguridad del Gobierno franquista y acusado de deslealtad con sus superiores, de frecuentar a los comunistas españoles exiliados en la ciudad y de llevar una vida moral disoluta. Aunque el andamiaje del régimen se mantiene en pie, en el horizonte se adivina el cambio político. ¿Qué entresijos de aquel aparato que no se supieran revela ahora Rupérez? «Aquella era una administración tardofranquista -explica Rupérez-, con los problemas y las incertidumbres de esa Administración. Hay una coincidencia objetiva de dos mundos crepusculares: uno, el tardofranquismo, y otro, el principio del fin del comunismo. Y los dos tienen aspectos comunes. Como España y Polonia tenían cosas comunes. Me interesaba optimizar esa descripción del telón de fondo de los dos mundos crepusculares que se ponían brevemente en contacto para producir unas consecuencias un tanto dramáticas en los personajes. El mundo español tenía un grado de libertad personal mayor que el polaco. Pero eran autoritarios».

Sobre el terrorismo -Javier Rupérez fue secuestrado por la banda criminal ETA y publicó un libro sobre ello- aseguró que «podemos derrotar al terrorismo si existe una cooperación efectiva». Aunque advirtió que «no estamos libres de atentados terroristas, porque la serpiente sigue poniendo huevos». Como víctima del terrorismo, lo que le da «la desgraciada cualidad de saber cuál es la real dimensión de la bestia», Rupérez abogó por el derecho de las víctimas, así como por la cooperación internacional para luchar contra el terrorismo. Y, como el 90 por ciento de los españoles, espera y desea que el fiscal recurra la excarcelación del etarra De Juana.
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