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El MNAC exhibe hasta agosto una selección de dibujos de Apeles Mestres

Como tardió homenaje al 150 aniversario del nacimiento del genial artista, la muestra permite imaginar su versatilidad como dibujante, poeta y comediógrafo

Actualizado 15/06/2005 - 02:41:15

BARCELONA. Apeles Mestres fue una de esas fabulosas figuras decimonónicas que tuvieron algo de renacentistas: Dibujante, músico y escritor. Nacido junto a la barcelonesa iglesia de San Felipe Neri, en 1854, fue a morir cerca de la de San Cugat, el mismísimo 19 de julio de 1936...Como poeta de agitación fue el autor del famoso «No passareu...» (No pasarán) que en su función primigenia era dedicada a las avanzadillas alemanas que se acercaban a París, en el otroño de 1914. En otoño del 36 el lema se lanzó contra las columnas que se acercaban a Madrid y Celia Gámez, en el 39 dio la vuelta al lema con el «Hemos pasao». Fue decorador de libros, periódicos y revistas. También autor teatral con obras como «Margaridó» y «Gaziel» y autor de numerosos cuadros de costumbres y recopilación de leyendas. Recogió numerosas leyendas y tradiciones populares que fueron musicadas por Granados, Vives y Morera o Rodoredea.

Como dibujante tenía un amplio conocimiento de los prerrafaelistas ingleses y se le consideró un predecesor de los modernistas..

Una selección de 72 dibujos de Mestres, que siriveron para ilustrar el poema fantástico «Liliana», se puede visitar en el MNAC hasta el próximo 28 de agosto. Támbien se han añadido a la muestra ocho figurines que se utilizaron en la representaciónde la versión teatral del poema, publicado en 1907. La crítica lo consideró como uno de los intentos más ambiciosos de Mestres de conseguir el arte total.

Fiel a su época

En la polémica entre fabristas y tradicionalistas, Mestres fue defensor de éstos últimos y no modificó su nombre por lo que hasta su muerte siguió firmando «Apeles». Sus normas de conducta fueron el arte, la belleza, la naturaleza y el trabajo concienzudo. La Exposición actual de la obra de Mestres viene a ser como un discreto colofón del 150 aniversario de su nacimiento, que entre tanto «año» algo ha pasado bastante sin pena ni gloria. Del total de 79 dibujos que hizo para el poema, 72 están en los fondos museográficos y los siete restante pertenecen a fondos particulares. Es una buena recopilación de los mitos mestrianos, muchos se pudieron contemplar en el antiguo Museo de Arte Moderno, que funcionó en lo que fue arsenal del parque. Bosques animados, brujas, gnomos, dragones y otros animales fabulosos, flores exhuberantes, hadas y doncellas bellísimas y con halo, sujetos picarescos de rostro atormentado y mirada terrible, sílfides y otros hijos de su brillante imaginación.

La serie completa se expusó en 1908 en la Sala Parés, de la calle Petrixol, en Barcelona; y en 1934, en la también barcelonesa Sala Renart, con motivo del 80 aniversario de Mestres. Poco después, su muerte pareció sacada de uno de sus relatos de terror, en un piso de la calle Ciegos de San Cucufate, agonizaba cuando sonaban las descargas de fusilería y los cañonazos de la madrugada del 19 de julio, no lejos de donde ardía la parroquia que daba nombre al barrio, cerca del mercado de Santa Catalina. Su entierron tuvo que demorarse varios días, y pasó sin pena ni gloria por la vorágine de los acontecimientos y sepelios diversos.

Poeta de garra

Como poeta tuvo una popularidad y una garra equivalente a Zorrilla o Pitarra y sus composiciones se recitaban en los entreactos teatrales y en muchas fiestas populares o familiares. El primer libro de poesías, «Avant» se publicó en 1875 y pronto se convirtió en colaborador como escritor y dibujante en publicaciones como «La Campana de Gracia», «L´esquella de la Torratxa» «L´Atlantida», «La Publicitat» y otras que en general tenían una tendencia republicanoprogresista y lo que le valió participar en numerosas polémicas de tipo político, estético e incluso, religioso; ya que le tocó vivir la Tercera Guerra Carlista, cuyas secuelas ideológicas se arrastraron hasta bien pasado el 1900. Sobre todo en el campo del humor de combate y aleluya hiriente.

Las ediciones de «Liliana» que más se recuerdan son la primera (de 1907), otra a cargo de Editorial Selecta (en 1948, cuando la Censura empezó a aflojar) y la de Editorial Ausa (de 1989).
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