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La influencia de Calvo Serraller mueve un velázquez del Prado

El Prado autorizó el traslado de «El barbero del Papa», lienzo que costó 23 millones de euros, para que Francisco Calvo Serraller lo pudiese utilizar en una conferencia el pasado 6 de mayo. El movimiento no fue realizado por la brigada especializada del museo MADRID. El pasado día 6, en una decisión sin precedentes, el Prado ordenó que se descolgase el cuadro de Velázquez «El barbero del Papa» de los muros de la pinacoteca para llevarlo a la sala en la que Francisco Calvo Serraller ofrecía una conferencia sobre este lienzo, que el pasado año costó al Estado 23 millones de euros. El movimiento de la obra fue autorizado por Gabriele Finaldi, director adjunto del Prado, y no fue realizado por la brigada especializada en el traslado de obras. Según ha podido saber ABC, la decisión se tomó poco después de las siete de la tarde, hora en que cierra el museo, cuando el ex director de la pinacoteca Calvo Serraller manifestó su intenso deseo de que movieran el cuadro para poder usarlo durante su conferencia, que comenzaba media hora más tarde. Como la brigada especializada no había sido avisada de antemano, ni el jefe de departamento correspondiente, los responsables del museo calcularon que el traslado, hecho de acuerdo a los usos del museo y a las normas de seguridad, tardaría una hora. Mas tampoco quisieron arriesgarse a retrasar la conferencia de Calvo Serraller, cuya influencia sobre la vida y los proyectos del museo ha sido puesta de manifiesto en los últimos meses. Dicho y hecho, Finaldi ordenó a dos vigilantes de la pinacoteca, en compañía de Lucía, una restauradora con contrato de asistencia técnica, y en presencia de la conservadora y subdirectora adjunta Judith Ara, que descolgasen el cuadro de la sala XIV y lo acarreasen a la XII, donde fue depositado sobre un pequeño caballete. Allí colocado, «El barbero del Papa» asistió, junto con alumnos de la Fundación de Amigos del Museo del Prado, a la alocución del crítico de arte de «El País». Lo inédito de la situación es que las conferencias se ilustran siempre en el Prado con diapositivas y otros medios que la técnica ha puesto a disposición de los historiadores para explicar sus conocimientos sin necesidad de alterar la vida del museo ni la tranquilidad de las obras de arte. En contadas ocasiones, ha sido el público quien se trasladó hasta un cuadro para que su profesor pudiese comentar allí detalles del mismo. Pero un movimiento como el acontecido el día 6 pone en cuestión si el Prado va a trasladar, a partir de hoy, los cuadros de los que se hablan en las conferencias. En caso de que no sea así, otros comentan que sólo la influencia de Calvo Serraller sobre la dirección del museo ha sido capaz de «mover las voluntades» necesarias. El historiador, que confirmó el traslado del cuadro, declaró ayer a ABC que «naturalmente tenía los permisos necesarios». A la pregunta de por qué no utilizó diapositivas, que es lo habitual, dijo que «si se está delante del cuadro no se utilizan. Y «El barbero del Papa» está en una sala muy reducida, por eso nos lo pusieron en una más amplia en un caballete». L. L. N., asiduo oyente de las conferencias del Prado, comentaba ayer que «ojalá hicieran esto con las conferencias normales, que ahora oímos en el Ministerio de Sanidad, debido a las obras, y no sólo con las de los Amigos del Museo, que siguen dándose dentro». Entre el personal del Prado, ABC ha detectado tanta perplejidad como indignación por esta «afrenta contra los principios de la museología», según afirma un relevante empleado bajo condición de anonimato. Otros miembros relevantes de la plantilla destacaban que es «una cacicada» o que ha sido posible por la «falta de protocolos de actuación de la pinacoteca». La noticia corría ayer como la pólvora entre los historiadores del arte, que la valoraban como una «impresionante muestra del poder que Calvo Serraller tiene en el Prado», a cuyo director, Miguel Zugaza, le une una «antigua y provechosa amistad». Otros comparaban este hecho con la célebre y polémica decisión que le costó el cargo de director del Prado en 1994, cuando usó las salas del museo, con los cuadros como adorno, para ilustrar un reportaje de promoción de sillas de diseño. También hemos sabido que, en una cena reciente, alguien preguntó a Calvo Serraller su opinión sobre la posibilidad de que Barceló exponga sus obras en la Galería Central del Prado. Su respuesta, según declara uno de los historiadores consultados, fue: «¿Qué voy a opinar, si ha sido idea mía?» Por si quedara alguna duda de su inmensa influencia entre los actuales responsables del museo, baste decir que, a finales de junio, Calvo Serraller dirigirá un curso de verano de la Complutense, pero que no tendrá lugar ni en El Escorial ni en ninguna de las sedes universitarias estivales. Será, ¿cómo no?, en la sala XII del Prado, la más noble de la pinacoteca. Es, además, el único curso cuyas matrículas se ingresan en una cuenta específica. La Complutense explicó ayer a ABC que, como en este curso los desplazamientos y los honorarios de los conferenciantes -figuran los directores del Prado, el Louvre o el British- corren a cargo de la Fundación de Amigos del Museo del Prado, se acordó que el dinero que se embolse por las matrículas sea destinado a mitigar los gastos de dicha Fundación. Sólo se admitirán alumnos en calidad de oyentes, pues no sería lógico que, al tener lugar en la sala XII y no en El Escorial, la Universidad contemplase el alojamiento, los desplazamientos ni la manutención de los alumnos.

Actualizado 15/05/2004 - 02:25:36
Francisco Calvo Serraller
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