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Andreu Nin no llegó ni a Salamanca ni a Berlín, lo mataron en Alcalá de Henares

Con la apertura de los archivos soviéticos y la creación de una corriente de historiadores independientes, los viejos mitos van evaporando. Hasta la muerte de Nin

Actualizado 15/03/2005 - 02:14:21

BARCELONA. Pocas veces un título es tan exacto con lo que viene en las páginas siguientes como «A la búsqueda de Andreu Nin» (Plaza y Janés) de José María Zavala, que empezó con «Los horrores de la Guerra Civil», que tuvo la virtud de hablar de los de los dos bandos.Uno de los más grandes fue el enfrentamiento, en mayo del 37, entre comunistas y aliados contra el bloque anarco-poumista, en las calles de Barcelona y sus alrededores... En la represión posterior desapareció el comunista-heterodoxo Andrés Nin, cofundador con Joaquín Maurín del POUM y traductor de obras de la literatura rusa del XIX al catalán, como los diarios de León Tolstoi.

¿Dónde está Nin?

Esta pregunta apareció pintada con alquitrán en muchas paredes barcelonesas en el verano del 37 y poco después aparecía la respuesta al lado «En Salamanca o Berlín», de manos de comunistas ortodoxos.

La obra de Zavala tiene la frialdad y la implacabilidad de un informe fiscal, el periplo que se inicia cuando Nin fue sacado del hotel Falcón (en plenas Ramblas barcelonesas) e introducido en el palacio de la Virreina, para ser llevado a Valencia, diversas dependencias policiales de Madrid, Alcalá de Henares y el descampado de Perales de Tajuña -donde se produce la escena final-; ha sido rastreado por el autor con olfato de sabueso y tenacidad de historiador con la cabeza bien amueblada. Ha coseguido localizar hasta un hotelito de la avenida de Guadalajara complutense, de un militar republicano, en el que se alojó Ignacio Hidalgo de Cisneros con Constancia Mora Maura. Del que fue sacado Nin para su destino final, que es narrado en clave en los documentos del archivo de la NKVD-KGB.

Las memorias de Negrín, Azaña, Prieto, Zugazagoitia, Irujo, Orlov, Rosemberg y personajes secundarios han sido tamizadas hasta encontrar el dato significativo o la contradición clamorosa; así como personajes secundarios como el hombre de confianza de Serrano Poncela, en la cárcel de Porlier. La famosa nota del 16 de julio de 1937, en la que se da la versión oficial de la desaparición del personaje «secuestrado» por agentes de la Gestapo. Las averiguaciones de Gregorio Peces Barba del Brío, las afirmaciones de funcionariosde la Brigada Especial como José Garmendia o el sucesor del coronel Ortega en la DGS, cuando afirma «Irujo miró para otro lado». Son muy importantes las memorias de Alexandre Orlov, el jefe de la policía soviética en España, que afirma que el impulsor del asesinato fue el mismísimo Stalin.

En el archivo de la KGB se encontró el documento con el punto exacto donde se produjo el homicidio y los cuatro agentes presentes. Ha localizado un documento de Andrés Urrusolo, el policía que se hizo cargo de Nin a su llegada a Madrid. Se estudian las falsificaciones de un panfleto titulado «Espionaje en España», en el que supuestamente se reproduce un mensaje de Nin al servicio secreto alemán con el emplazamiento de las baterías republicanas en el frente de Madrid. Decididamente, el asesinato de Nin y el muro de papel que se alzó en torno al mismo es uno de los complot más trabajosos de la historia... y más inútiles; desde el principio, la opinión publica estuvo orientada de lo ocurrido, realmente.
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