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El trasfondo francés

Actualizado 15/03/2001 - 00:27:20
Cuarenta millones de franceses eran llamados para elegir 36.000 municipios el domingo pasado: pero sólo el 62,1 por ciento acudió a las urnas. El aumento de la abstención, alta para Francia, debería ser motivo de alarma para los partidos, pendientes sobre todo del cortísimo plazo. Con participación decreciente el sistema se empobrece. La democracia parlamentaria tiende al deterioro cuando no hay un motor regenerador, rodando a 6.000 revoluciones. Parece claro que ese motor ya no es Jacques Chirac. Con todo, la derecha ha aguantado el envite mejor de lo que se esperaba; el socialismo no logra grandes avances; la extrema derecha sufre una fuerte caída; también caen los comunistas... El panorama es confuso, aunque pueda aclararse tras la segunda vuelta, el próximo domingo.
Conviene observar los movimientos de este electorado: España comparte problemas con Francia, entre otros el asalto de ETA. Son, sin embargo, electores muy distintos: el francés, conservador de raíz, es capaz de encabezar tremendas revoluciones desde 1789 y la Commune hasta mayo de 1968. Francia, rival de España desde el siglo XV y muchas veces adversaria, quiere jugar un gran papel internacional: potencia nuclear, quinta fuerza económica del mundo, miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, nación derrotada y luego vencedora en 1945, Francia mantiene con enorme esfuerzo su papel de gran nación. Y junto a esos reflejos, dicho sea en su elogio, pocos países tan localistas. El domingo votaba por la descentralización (ver Pérez-Maura, ABC 13 marzo), contra la acumulación de mandatos municipales y nacionales, a favor sobre todo de las corrientes regeneradoras, sean de izquierda o de derecha. Es notable este movimiento transversal de respuesta a la corrupción. Política nacional y municipal se mezclan inevitablemente: la reducción del mandato presidencial de siete a cinco años —igual período que el de los diputados de la Asamblea Nacional— amenaza a la cohabitación. Un presidente que mantiene dos dominios reservados —estratégico-militar y de política exterior— frente a un gobierno centrado en los grandes asuntos nacionales —justicia, educación, sociedad del conocimiento, sanidad, ecología, impuestos, organización del Estado— tiende a perder energías, a malgastar esfuerzos. La fórmula británica o alemana es más eficaz: el poder ejecutivo no se comparte.
En Francia, la gente de talento no se siente atraída ya por una carrera política, escribe Dominique Moïsi en el Financial Times; prefiere ganar dinero o trabajar por un mundo más justo en una ONG. Cada día más, el francés medio desconfía de los políticos. Alfred Sirven, un burócrata de la empresa privada al que se juzga hoy por delitos de corrupción, amenaza a «grandes personajes de la República»: él, gran corruptor de funcionarios y políticos, el exiliado que mascó y deglutió la tarjeta electrónica de su teléfono para evitar que la policía pudiera leer sus llamadas. Con él se juzga al ex ministro de Mitterrand, Roland Dumas. En procesos distintos, por delitos semejantes, se juzgará al hijo de Mitterrand, Jean-Christophe, y a su consejero, Jacques Attali. Ni la izquierda ni la derecha pueden tirar la primera piedra. La protesta crece: no gana el escepticismo sino la indignación. La OCDE o el Banco Mundial publican informes anticorrupción mientras en Francia, decenas de libros, seminarios, estudios analizan este gran problema del siglo XXI. Es notorio el grado de deterioro causado en el honor de la República. Jacques Chirac es hoy el primero de los alcanzados: quizá no se haya beneficiado del Tesoro Público; pero ha mantenido durante años, desde el Ayuntamiento de París, una red de favores para premiar a sus fieles: pisos baratos en casas céntricas, empleos inexistentes con retribuciones mensuales, opacos contratos de servicios... todo ello en nombre de una ambición disfrazada de amor puro y desinteresado al gaullismo. Lionel Jospin, más limpio, conserva una cuota alta de credibilidad, de fiabilidad. La aprovechará para presentarse en mayo de 2002 frente a Chirac. Quizá gane.
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