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Oscar Night. Greta Garbo nunca estuvo allí

Hace unos meses vi a un palmo de mi nariz,en un museo de Washington, los cuatro oscars de Katherine Hepburn, esos que estuvo ganando sin ganas durante 48 años (el primero, el de 1933, es más bajito

Actualizado 15/02/2009 - 11:29:06
Julia Roberts junto a Russell Crowe
Julia Roberts junto a Russell Crowe
Hace unos meses vi a un palmo de mi nariz,en un museo de Washington, los cuatro oscars de Katherine Hepburn, esos que estuvo ganando sin ganas durante 48 años (el primero, el de 1933, es más bajito, por serlo la base, y más negruzco). Una es mitómana de fruslerías pero las estatuillas no impresionan. Lo hace mucho más el jersey rojo de Brooks Brothers que la actriz llevaba atado al cuello casi siempre en sus últimos años (dudo que pudiera llevarlo en otro sitio porque es diminuto, como descuidado en la secadora). Los oscars de Kate no impresionan porque a ella tampoco le impresionaban. Nunca fue a recogerlos. La única vez que estuvo en una ceremonia, despeinada, vestida como para ir al albergue de la sexta felicidad, fue en 1974 para dar el premio Irving Thalberg al productor Lawrence Weingarten (que lo fue de «La costilla de Adán»). Y la única aparición de Marlene Dietrich tuvo el mismo fin. Así que Kate no se presentó cuando hubo un insólito empate y ganó a la vez que Barbra Streisand en 1968 (una por «El león en invierno» y la otra por «Funny Girl»), que era algo que sólo había pasado con Frederich March y Wallace Beery.
Lo cierto es que esta ceremonia que empezó a celebrarse a instancias deel 16 de mayo de 1929 (y que hasta 1944 era una fiesta en hoteles donde se cenaba y se bebía) no era cool. Las rebeldespasaban. Ni Greta Garbo (se retiró después de 1942) ni Louise Brooks fueron nunca. Además, ir era una obligación y los jefes tenían que tirar de orejas y casi secuestrar a alguna estrella (a Claudette Colbert) para que fuera a por su Oscar (durante años se preanunciaban para facilitar el trabajo de la prensa). Era una situación similar a la que ahora se da con las que se visten de Marchesa, cuya diseñadora, Georgina Chapman, está casada con Harvey Weinstein, el dueño de Miramax.
Da la impresión de que Greta Garbo nunca se habría puesto un marchesa. Era outsider de verdad. No como Marlon Brando que, vale, mandó en 1972 a una india falsa para rechazar el Oscar por «El padrino», pero muchos años antes no había tenido problema en recoger muy contento el de «La ley del silencio». Un rebelde de verdad lo es cuando está empezando y se lo puede permitir menos.
Si en 1944 la ceremonia se llevó a un teatro, en 1953 empezó a televisarse. Sólo hemos podido ver en fotos a Greer Garson en 1943 recibiendo su premio por «La señora Miniver», apoyada en una mesa baja, con Joan Fontaine detrás al borde de un ataque, y hablando durante cinco minutos y medio (según algunas fuentes, fue una hora y según otras, el agradecimiento duró más que su papel en la película). También hemos visto en fotos de 1946 a Joan Crawford en la cama, con su bata rosa y su lámpara rosa, posando con su Oscar por «Alma en suplicio» y un montón de fotógrafos alrededor (a los que había llamado, y también a fans con champán, en cuando oyó por la radio su triunfo, como contaba su hija venenosa en «Queridísima mamá»).
Pero ya con televisión, la madre de todas las diversiones, algunos de los grandes momentos de la ceremonia se pueden disfrutar en su integridad (gracias también al canal Oscar de Youtube). Así, las meteduras de pata. La de Ingrid Bergman en 1975 cuando subió al escenario como mejor actriz secundaria por «Asesinato en el Orient Express» y comenzó a elogiar a Valentina Cortese, que estaba nominada por «La noche americana», sin citar a las otras (Madeline Kahn, Diane Ladd y Talia Shire). «Casi siempre hablo primero y pienso después», reconoció la sueca. O la de Tom Hanks en 1993 cuando aceptando el Oscar por «Filadelfia» sacó del armario a su profesor de drama del instituto (gag involuntario que luego se utilizó en «In & Out»). Según Warren Beatty, los Globos de Oro son diversión y los Oscar, negocio. Para ellos. Para nosotros también son diversión. A veces.
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