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Así es, así se mueve y así compra un coleccionista en ARCO

Actualizado 15/02/2004 - 03:00:02
Eladio de Mora, junto a una escultura de Chillida y un cuadro de Tàpies, en el «stand» de la galería Antonio Machón
Eladio de Mora, junto a una escultura de Chillida y un cuadro de Tàpies, en el «stand» de la galería Antonio Machón
MADRID. Son los más deseados y, a su vez, los más envidiados de la feria. Se les puede distinguir por un pin de color azul en sus solapas (aunque muchos prefieren no lucirlo). Cuando llegan a un «stand», los galeristas despliegan sus alfombras rojas (metafóricamente hablando) y lucen sus mejores sonrisas, dispuestos a echarles el lazo. No quieren que nada perturbe a estos visitantes: ni chill-outs ni curiosos a su alrededor. Son los coleccionistas. Se habla mucho de ellos estos días, pero rara vez se les pone cara.
ABC visita la feria junto a uno de ellos, Eladio de Mora. Promotor inmobiliario de profesión, es un apasionado del arte en una doble vertiente: como creador y como coleccionista. Lleva metido en esta locura del coleccionismo desde 1995. Su primera compra importante, recuerda, fue un uslé, comprado en la galería Soledad Lorenzo. Fue entonces cuando comenzó a descubrir el complejo y apasionante mundo del mercado del arte. En apenas nueve años ha atesorado una colección de 400 piezas: tiene obras de Tàpies, Barceló, Chillida, Saura, Palazuelo, Sicilia, Victoria Civera, Jorge Galindo, Castro Ortega... La pieza más cara que ha comprado, una escultura de Botero en la galería Marlborough, que le costó 36 millones de las antiguas pesetas.
Le gusta venir a ARCO por ver lo que se cuece en las galerías extranjeras y echar un vistazo a lo que los artistas crean para la feria. Cuando se enamora de una obra, confiesa, la intuición y la cabeza funcionan a un 50 por ciento cada una. Es lo que ha ocurrido con un cuadro de Julian Schnabel: una técnica mixta de los años 90, que no ha dejado escapar. Es su primera compra este año en ARCO. Ha pagado por ella 96.160 euros. Seguimos paseando por el pabellón 7. Hacemos una parada en Antonio Machón, que tiene expuestas obras de Tàpies, Barjola, Saura... Eladio se fija en una escultura de Chillida. Le gusta mucho, pero ya tiene colgado el fatídico punto rojo. Está vendida.
Pasiones y envidias
Dejamos el pabellón 7 para dirigirnos al 9. Pasamos a ver lo que han traído algunas de las galerías más punteras, como Soledad Lorenzo u Oliva Arauna. Ambas le saludan amistosamente. En la primera, mira con envidia un maravilloso dibujo a carboncillo de Robert Longo. También vendido. Se interesa por una obra de Louise Bourgeois: una muñeca de felpa rosa encerrada en una vitrina. Demasiado cara. Hacemos un alto en la galería Fernando Pradilla, que combina el arte más nuevo con clásicos como Fernando Botero, a quien dedica una sala. Comprobamos que Eladio no va a tiro hecho. Mira y remira obras de artistas que le interesan, pero también pregunta por valores nuevos. Le gusta, comenta, seguir la carrera de algunos artistas y ver su evolución. Es el caso de Felicidad Moreno, de José Manuel Ciria... ¿Tiene en cuenta a la hora de comprar que sea un valor seguro como inversión? «No, nunca sabes lo que va a ocurrir. Compré un saura cuando el artista estaba vivo y apenas se ha revalorizado; sin embargo, adquirí un barceló hace ocho años y hoy se ha cuadruplicado el precio».
Su siguiente objetivo es el «stand» de DV/Distrito 4. Ya le había echado el ojo a una técnica mixta sobre madera de gran formato de Darío Urzay. Una de ellas ya está vendida, pero sacan del almacén otra, «Virtual Observer X», de 2003, que mira y remira. No tarda en decidirse: la compra por 17.000 euros. Surge una curiosidad. ¿Paga al contado o a plazos? Como hay confianza, suele preferir ésta última. De momento, sólo colecciona pintura y escultura, aunque no cierra las puertas a que en un futuro se atreva con el vídeo y la fotografía. Su siguiente presa puede ser el artista británico Julian Opie; ha visto una obra suya que le parece maravillosa. ¿Alguna espinita clavada? Dos cartones de Picasso, de la colección de Eduardo Guindo. «Hubiera dado la mitad de mi colección por ellos».
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