Guerra al Terrorismo

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Israel mantiene a Arafat bajo «arresto domiciliario» en Ramala

Por si Yaser Arafat no lo había entendido la víspera, Ariel Sharón ordenó ayer de nuevo a sus cazas «F-16» y helicópteros «Apache» que atacaran cuarteles y edificios de la ANP en Gaza, Ramala y Jenín. El mensaje, diáfano, ya le fue transmitido en la madrugada del jueves. Por si acaso, se repitió ayer: «Desde nuestro punto de vista, Arafat ha dejado de existir. Punto». Palabra de «Arik». Peligro de guerra.

Actualizado 14/12/2001 - 08:19:30
Un grupo de niños palestinos hacen la señal de la victoria frente a un carro de combate israelí en Ramala. Reuters
Un grupo de niños palestinos hacen la señal de la victoria frente a un carro de combate israelí en Ramala. Reuters
Ariel Sharón se ha sacado su particular máquina del tiempo de la chistera y ha hecho realidad uno de sus sueños más ambiciosos: devolver a Israel y a todo Oriente Medio a los primeros días de la década de los años 90.
En efecto, el primer ministro hebreo, quien declaró la pasada semana a la ANP una «entidad que apoya el terrorismo», ha firmado ahora el acta de defunción política de Yaser Arafat. «Es irrelevante para Israel, ha dejado de existir, está acabado», se repite machaconamente desde la Oficina del jefe del Gobierno.
De ese modo, el proceso de paz que nació con la Conferencia de Madrid en 1991 y creció protegido por los históricos acuerdos de Oslo de 1993 toca a su fin. De ese modo, la situación sobre el terreno recuerda a la de la primera Intifada (1987-1993), cuando no existía la ANP, cuando Arafat estaba en el exilio tunecino (muchas voces, cada vez más, entre ellas la del ministro de Seguridad Interior, Uzi Landau, reclaman para el «rais» igual suerte); cuando el Ejército israelí campaba a sus anchas por lo que hoy son zonas «A», «B» o «C», letras que han perdido el costoso significado que tenían en Oriente Medio. Sharón pues ha decidido actuar como si nunca hubieran existido los acuerdos de Oslo.
LAS PEORES HORAS DEL «RAIS»
Ignorado y humillado por Israel (su aeropuerto de Gaza, financiado en parte con capital español, ha sido bombardeado, incluida la torre de control; sus helicópteros están destruidos; su radio ha sido dinamitada; los símbolos de su poder se tambalean); criticado no sólo por EE.UU. sino también por Europa (Washington y Bruselas defienden la legitimidad de Arafat como líder del pueblo palestino); aislado en Ramala (confinado a un arresto domiciliario por la presencia de carros de combate del Tsahal a 200 metros de sus oficinas); el «rais» vive sus peores horas en muchos años, también de puertas para adentro.
«Arafat ya es parte de la historia del pueblo palestino. Está acabado. Ya es demasiado tarde para que lidere la lucha contra Israel», dice el diputado del Consejo Legislativo Palestino, Azmi Ash-Shuaybi. Las críticas, duras, no llegan sólo de fuera. Son ya caldo de cultivo en la calle palestina.
PEDIR AYUDA A LOS ÁRABES
Los dirigentes de la Autoridad Nacional Palestina prefieren ignorar esa realidad y se refugian en las agresiones hebreas. «Los ataques israelíes atan de pies y manos a Arafat», dice Saeb Erekat. «Israel ha declarado la guerra al pueblo palestino», apunta Nabil Abu Rudeina, portavoz y consejero de un Arafat que al menos mantiene el teléfono intacto y pide socorro a los líderes árabes.
Desde luego lo necesita. Caída ya la noche, aviones «F-16» reanudan los bombardeos contra la franja de Gaza, donde además murieron cuatro palestinos en enfrentamientos con las tropas israelíes. La ciudad se prepara para vivir otra noche de pánico bajo una lluvia de proyectiles. Varios de ellos alcanzan la mezquita de Al Rahma, cerca de la casa de Mahmud al-Zahar, uno de los dirigentes de Hamas. También son pasto de las bombas un cuartel naval en Deir al-Balah y las instalaciones de la ANP en las cercanías de las oficinas de Arafat.
RAMALA, SIN LUZ
En Ramala y Jenín, el turno es para los helicópteros «Apache», que atacan varias comisarías policiales. Ramala se queda por unas horas sin luz, como la zona de Al Bireh.
Las operaciones de castigo (ayer fueron enterrados entre el dolor y la ira los diez israelíes muertos en el atentado de Emmanuel) van a seguir en los próximos días, pese a los esfuerzos del enviado especial norteamericano, Anthony Zinni, quien ayer se reunió de nuevo con Ariel Sharón.
Sharón ha agotado su paciencia. Considera que pese a todas las oportunidades que se le han brindado, Arafat no hace nada para luchar contra el terrorismo. De hecho, su orden de cerrar las instituciones de Hamas y del Yihad Islámico no se ha visto reforzada por los hechos. Así, «Arik» hará lo que, en su opinión, no hace el «rais» y actuará allá donde crea que se planean acciones terroristas contra Israel. Sin tener en cuenta divisiones o soberanías territoriales. Oslo ha muerto.
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