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Valentí Puig reflexiona sobre el ser humano en «Molta més tardor»

Actualizado 14/07/2004 - 02:02:03
Valentí Puig. ELENA CARRERAS
Valentí Puig. ELENA CARRERAS

BARCELONA. Con el poemario «Molta més tardor» (Edicions 62) Valentí Puig cumple 25 libros, en el marco de una obra extensa y de variado registro: novela, ensayo, articulismo, dietarios...

Con un título que invoca el otoño, el escritor mallorquín destiló los versos durante el largo y tórrido verano del año pasado. En el poema «Tres parts» proclama la supervivencia de los géneros aunque algunos pretendan certificar su muerte. La poesía, escribe,«llega cuando estás en la ducha o medio dormido / como un coágulo de sangre que nos para el corazón». Por fortuna, ese asalto de la imaginación no da como resultado una trombosis, sino que culmina con una sensación de plenitud, «como si escucharas una pieza de Bach polvorienta, interpertada por un hombre con una sotana polvorienta en una pequeña iglesia».

Humanidad imperfecta

Divididos en cinco epígrafes -el año, personajes, historia y estética, el amor indígena y credo apostólico- los poemas de «Molta més tardor» tienen en común su reflexión moral sobre la naturaleza humana. En un momento de presunta desintegración social, Valentí Puig reivindica valores como la piedad, la misericordia y la «aceptación de que la vida es un conjunto de grandes fracasos y pequeñas victorias». Muchos de sus poemas nacen de pequeños instantes, anotaciones fugitivas en un dietario, miradas de soslayo mientras se aguarda que el semáforo cambie de color.

En poemas como «Nacions il.lustres» reacciona contra los nacionalismos de pacotilla y vindica las culturas políticas fuertes como el Reino Unido. Otras veces, enaltece el poder de las viudas que ganaron la libertad tras la muerte de sus maridos y heredaron los imperios champañeros de Roederer, Clicquot, Bollinger o Pommery. En los poemas palpita la necesidad de maîtres-a-penser «en una época de todo-a-cien, zapping y bromitas televisivas...». Para Puig la literatura ha de exigir un pequeño esfuerzo: «Es difícil entrar en la obra de Proust, pero cuando lo consigues tienes un amigo para toda la vida». Si tuviera que definir el lenguaje, «no tiene nada que ver con el Noucentisme, sino que está más cerca de la prosa de Pla y la poesía de Carner. En su opinión, «hoy no se puede escribir en catalán sin haber leído bien a esos dos escritores»

Desde la mesa de un restaurante o la barra de un bar el poeta constata que «si algo aprendimos del siglo XX es que el determinismo no funciona». En esa convicción bebe «Por un futuro imperfecto» un libro de ensayos que publicará en otoño y que supondrá el libro 26 de su carrera.
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