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Un chiste que va en serio

«Ojalá la campaña electoral durara tres años y 340 días, y los gobiernos fueran de veinte días». Hadi Heidari no esperaba el gran interés que los comicios presidenciales han despertado en Irán. Este

Actualizado 14/06/2009 - 05:50:47
«Ojalá la campaña electoral durara tres años y 340 días, y los gobiernos fueran de veinte días». Hadi Heidari no esperaba el gran interés que los comicios presidenciales han despertado en Irán. Este caricaturista y director de arte del diario reformista «Etemad-e-Melli» («Confianza Nacional») -propiedad del clérigo Mehdi Kerrubi, uno de los candidatos electorales más duros con Mahmoud Ahmadineyad, al que acusa abiertamente de haber llegado al poder en 2004 tras haber manipulado millones de votos- aprovecha estos días en los que las autoridades han suavizado el control sobre los medios de comunicación para publicar algunos dibujos que en otras circunstancias habrían sido muy probablemente autocensurados por su propio diario: primer filtro antes de llegar al Ministerio de Cultura y Guía Islámica.
«El Gobierno trata de mostrar al mundo que aquí hay libertad y democracia, nada más. Ha levantando las restricciones durante un tiempo, pero siguen tomando nota de todo lo que ocurre, como hacen siempre, y luego pasarán factura», opina Heidari, que recuerda que más de seiscientos periodistas de todo el mundo están presentes en el país en estos días en los que el mundo observa a Irán más de cerca que nunca.
Heidari y el resto de dibujantes y artistas del país han encontrado en internet un soporte imprescindible para mostrar su trabajo al mundo. La legislación iraní aun no regula con todo su celo el contenido de las páginas web. «Directamente aplican un filtro si el contenido no les gusta, pero, a diferencia del papel, de momento no nos pueden encerrar por lo que colgamos», asegura Hassan Karimzadeh, compañero de profesión de Heidari, con alguna magulladura ya a sus espaldas, pues cuando tenía 17 años pasó dos en la temida prisión de Evin por la publicación de una caricatura en la que las autoridades creyeron ver que uno de los protagonistas se parecía demasiado al imán Jomeini. Aunque él asegura que fue retocada por sus jefes para meterle en líos.
«Primero me condenaron a muerte, pero hubo mucha presión social por parte de los círculos reformistas y finalmente, después de dos años de impugnaciones, me concedieron la amnistía. Me tendieron una trampa, fui la víctima de una jugada que pretendía presionar a Jatamí y para ello querían acusar a jóvenes como yo de no respetar al imán, querían hacer ver que con las libertades y reformas de Jatamí existía el peligro de que se traspasaran ciertas líneas rojas, lo que estuvo a punto de costarme la vida», recuerda desde su estudio de diseño en la mítica calle Valiasr. Tras su paso por la cárcel, encontrar trabajo fue un suplicio para este profesional de 35 años que además de formar parte de la Asociación Iraní de Diseñadores Gráficos, es también miembro de la Federación Internacional de Periodistas. El pasado año ganó el World Press Cartoon que se celebró en Sintra, Portugal. Recientemente, además, ha publicado un libro a la venta en Teherán en el que hace una versión en cómic de la Declaración de los Derechos Humanos.
Dibujantes, directores de películas de animación, diseñadores gráficos. combinan mil trabajos para llegar a fin de mes: «Somos unoslocos insistentes y las caricaturas son más un "hobby" que una forma de vida, pero en Irán es un "hobby" de alto riesgo porque las autoridades a menudo no muestran el suficiente sentido del humor», opina Karimzadeh. Las líneas rojas de la República Islámica están muy claras y nadie las traspasa, aunque con el paso de los años se han ido rompiendo tabúes, algo en lo que Bozorghmer Hosseimpur es un genio. Dibujó a Mohamed Jatamí cuando era presidente y se armó un auténtico revuelo en el país porque antes nadie se había atrevido a caricaturizar a un clérigo. Días después cerraron «Tavana», la revista en la que salió el dibujo. Bozorghmer publica estos días una media de dos trabajos al día, «un ritmo que pronto disminuirá porque en este país la campaña es sinónimo de libertad. Pero luego muchas de nuestras obras son tomadas como insultos».
En principio, la línea roja de la censura se perfila en torno a la figura de los clérigos y asuntos relacionados con la religión. Está terminantemente prohibido dibujar a un mulá vestido de mulá. Esto lo sabe muy bien el jefe de Bozorgmehr en el diario «Etemad-e-Melli», Hadi Heidari, ya que hace cinco años se le ocurrió caricaturizar al entonces presidente Jatamí sin turbante y su periódico amaneció precintado y él fue amenazado de muerte en la tradicional plegaria del viernes posterior a lo que los clérigos calificaron de grave «pecado» por el inocente dibujo.
La libertad temporal vivida durante estos días de elecciones en el mundo de la Prensa se ha contagiado en las calles donde una auténtica marea humana ha vivido y creado escenas y consignas que jamás se habían visto en las campañas electorales de los treinta años de historia de la República Islámica. Los protagonistas de este cambio son los seguidores de Mir-Husein Musavi, el sucesor de Mohamed Jatamí al frente del reformismo, que, luciendo distintivos de color verde, han formado lo que ha sido bautizado como la «ola verde».
Bozorghmer lleva en su muñeca una cinta de este color, que simboliza «el islam, la naturaleza y la paz», explica mientras nos muestra la caricatura que realizó del ex primer ministro nada más conocerse sus planes de volver a la política para disputar el asiento presidencial a Mahmoud Ahmadineyad. «Con Musavi parece que habrá más libertad, pero esto es Irán y aquí nunca se sabe. Cuando empiece a trabajar el nuevo Gobierno se verá que no habrá grandes cambios», se lamenta Karimzadeh.
Aunque les hubiera gustado ser la chispa de las movilizaciones sociales por el cambio, «la clave para la explosión popular ha estado en los debates televisivos. Nunca habíamos visto a nuestros políticos cara a cara y criticándose de una forma tan dura. Las apariciones en televisión han marcado un hito, una revolución», opina Bozorghmer.
Para Heidari «este interés era impensable hace tan solo una semana, cuando la gente más culta y preparada defendía la opción de la abstención porque no confiaban en ninguno de los cuatro candidatos seleccionados por el Consejo de Guardianes. Ahora eso ha cambiado y se han dado cuenta de que el único cambio posible es desde dentro y usando los mecanismos del sistema. No hay forma de cambiar la situación con una nueva revolución, las reformas deben venir desde el interior. Por eso se ha pasado del boicoteo a la participación, porque no queremos otros cuatro años como los que hemos vivido».
Espíritu de cambio
Críticos con el rotulador y, por supuesto, críticos con la palabra, especialmente con la figura de Mahmoud Ahmadineyad, «una persona que durante su mandato nos ha hecho dar muchos pasos atrás en el campo de las libertades alcanzadas durante la etapa de Jatamí», lamenta Heidari. «Es un símbolo que enfada a los jóvenes. Su persona encarna muchos valores que desprecia la juventud actual, que le identifican con las patrullas de la Policía de la Moral en cada plaza de la ciudad», destaca Bozorghmer, que, como el resto de compañeros, coincide en que la falta de atracción política hacia Ahmadineyad es directamente proporcional al potencial de su persona a la hora de inspirar una caricatura.
«Su nariz, ojos y arrugas, su chaqueta. dan muchísimo juego. Siempre bromeamos entre nosotros cuando alguien le retrata y decimos que sale más guapo en el dibujo que en la realidad», confiesa Heidari. Estas bromas, sin embargo, no son bien encajadas desde el sector conservador, pues por más que Ahmadineyad no sea un clérigo, ha puesto siempre muchos impedimentos a las caricaturas deldirigente, un fundamentalista. después de todo. «En sus cuatro años de Gobierno ha habido muchos asuntos interesantes para caricaturizar, pero el espacio ha estado realmente limitado porque los medios tenían muchos reparos», critica Heidari.
Como hiciera con Jatamí, fue el primero en atreverse con Mahmud Ahmadineyad, a quien dibujó vestido de boxeador y pegándole duro a un saco con el logotipo de la energía nuclear pocas semanas después de llegar a la presidencia, un dibujo que traspasó las fronteras de Irán y que volvió a colocar al artista en el ojo del huracán.
Al igual que ocurre con el mundo del cine iraní, estos tres astros de la caricatura reciben premios en todos los festivales internacionales a los que se presentan, pero en su propio país sienten que no tienen el reconocimiento que su trabajo merece. «No tratamos de insultar, son críticas sincerasa situaciones reales, pero aquí estas críticas se perciben como insultos», lamenta Heidari, que ha logrado publicar recientemente un libro donde reúne los mejores trabajos de una veintena de profesionales que han publicado sus obras en las páginas del diario «Etemad-e-Melli».
Boicot al certamen del Holocausto
La vida sería diferente para ellos si decidieran cooperar con las autoridades y participar, por ejemplo, en certámenes como el del Holocausto, organizado como respuesta a la publicación de las caricaturas del Profeta en 2006, que provocó una oleada de protestas en todo el mundo musulmán. La respuesta iraní se transformó en un concurso, con 12.000 dólares de premio -seis veces más que el montante que recibe el ganador de la prestigiosa Bienal del Cómic de Teherán-, que finalmente ganó un dibujante de origen magrebí. En la I Exposición Internacional de Caricaturas sobre el Holocausto de Teherán, celebrada en 2006,se recibieron 1.193 obras provenientes de 67 países, de las que fueron seleccionadas 250 que permanecieron expuestas en el centro de Teherán durante varias semanas. Tres dibujantes españoles -Reynol José Álvarez, Luis Menta y Rafael Iglesias- formaron parte de una exhibición que recibió duras críticas de los caricaturistas más famosos de Irán, que se negaron a tomar parte y la calificaron de «vulgar e insultante». «Para nosotros es una línea roja más, el Holocausto es tan sagrado en Occidente como la tradición de la ashura -la celebración religiosa chií- para nosotros», defiende Heidari, quien fue acusado desde los medios conservadores de colaborar con el Estado de Israel por argumentar su ausencia del certamen con estas prudentes palabras.
Heidari, Karimzadeh y Bozorghmer son tres de los pilares de la asociación independiente Persian Cartoon. Ellossimbolizan ese Irán no oficial que trabaja en la sombra y con una mirada crítica hacia el sistema. Como ocurre en la política nacional, también en el arte existen dos iranes totalmente diferentes. «Aquí falta gente que dé la cara y que se muestre dispuesta a alzar su voz discrepante ante lo que le parezca injusto, voces menos conservadoras que proyecten una imagen diferente de lo que realmente es este país», señala Heidari.
Ellos lo intentan desde las páginas de los periódicos y revistas que apuestan por las reformas, desde sus cuidadas páginas web y ahora también por medio de la plataforma que ofrece Facebook que, como en el resto del mundo, ha experimentado un «boom» en Irán. Saben moverse con sutileza entre las «líneas rojas» y han desarrollado la capacidad de expresar sus críticas de forma que orillen los filtros de la censura, aunque en algunos casos el exceso de celo de sus editores les obliga a guardar algunos originales en el cajón. Los lectores de Irán, como los de todo el mundo, sin embargo, pueden ahora verlos en la web, una ventana que en casos como el de Heidari, sufre el velo sistemático por parte de las autoridades. Es el precio que deben pagar por mostrar su visión del Irán del siglo XXI.
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