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Janice Baird, una Electra antológica

Actualizado 14/03/2002 - 23:55:38
Renata Scotto. EFE
Renata Scotto. EFE
«Electra» de Richard Strauss. Janice Baird, Renata Scotto, Ana María Sánchez, Louis Gentile, Ángel Ódena, Carlos López, Silvia Vázquez, Mónica Luezas, Jorge de León, María Rey Joly, Mabel Perelstein, Juana Castillo, Adriana Molina, Carmen Serrano, María José Martos. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro del Maestranza (director: Vicente La Ferla). Dirección de escena: Nicolas Joel. Dirección musical: Stephen Barlow. T. de la Maestranza. Sevilla. 12 marzo 2002.
Esta «Electra» llegó en una producción originalmente creada para el Teatro del Capitole de Toulouse con dirección de escena de Nicolas Joel y escenografía del desaparecido Hubert Monloup. Puerta trapezoidal para el palacio regio rematada en el dintel con balcón imperial vienés. Clásico estilo megalítico de la arquitectura micénica y vestuario de la decadente Viena «Fin de Siècle». Y todo ello, presidido por la tumba del asesinado rey Agamenón en la misma boca de escenario, obsesivo punto de fijación escénica de Electra durante toda la representación, y sobre el que proyecta su desgarrador grito de venganza y su incestuosa fijación amorosa.
La Sinfónica de Sevilla protagonizó uno de sus más memorables éxitos con el joven director británico Stephen Barlow en el podio. Hubo sonoridad straussiana en estado puro, en controlado flujo sonoro que envolvió materialmente a las voces solistas. Pero hubo también matices e inflexiones para mantener esa misma inexorable progresión dramática que encierra la partitura hasta desembocar en la paroxística (y liberadora) danza final. Dirección incisiva, precisa, con ataques fulminantes en los pasajes requeridos.
La otra triunfadora fue la soprano estadounidense Janice Baird, protagonista de una Electra de libro. Dicen que preparó el personaje con la Nilsson y la Varnay. Me lo creo. Su voz tiene recursos y resistencia wagnerianas, es penetrante, incisiva, con metal y brillo en su proyección, garra expresiva y caudal para enfrentar­se a la columna sonora de fluye del foso. Pero, además, hay en su canto morbidez, lirismo, mucha emoción y una incontenible sensualidad. Hasta su bellísima y misteriosa figura sobre las tablas la acompaña. Dominó la escena de principio a fin de la representación. Antológica la Baird.
Ovaciones para Scotto
Espléndida sin reservas la Crisotemis de nuestra Ana María Sánchez, sobre todo a partir de la llegada de Orestes, en que bordó vocal y psicológicamente su más lírico personaje. Su voz, aunque con menos metal, tiene cuerpo y densidad, muy cálida y muy lírica en su hermosísima línea de canto. Y por lo que respecta a la histórica caracterización escénica de la Clitemnestra de Renata Scotto, ¿qué va a decir a estas alturas este comentarista después de cuarenta años adorándola fervientemente?. Ella forma parte de la leyenda del Arte Lírico del siglo XX y el público la ovacionó enloquecido de entusiasmo en su salida final.
Muy bien también Ángel Ódena en su imponente entrada y caracterización en el papel del esperado vengador Orestes dando cumplida respuesta escénica y vocal a su atormentada hermana con su voz caudalosa, ancha, torrencial, cálida y de hondísima musicalidad. Y muy correcto en su ebria caracterización de Egisto, el adúltero usurpador del lecho la reina micénica, encarnado por Louis Gentile en un papel breve pero muy dramático que exige dar respuesta a una desconcertante y grotesca vocalidad impuesta por el compositor.
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