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Transculturación de lenguas

Actualizado 14/01/2002 - 08:16:49
Vivimos hoy un momento histórico que nos fuerza a dejarnos impregnar por usos y costumbres ajenos no siempre asimilables sin pagar el obligado tributo. Ya hemos comentado, refiriéndonos al contacto de dos lenguas, la posibilidad de que este acercamiento resultara fecundo o nocivo para la cultura impregnada. Veamos los riesgos.
La transmutación de una lengua en otra, conocida con los nombres de versión, traducción, etc, ha sido objeto de sesudos tratados. En los últimos tiempos, el enfrentamiento, no mero contacto, de dos culturas claramente diferenciadas, la islámica y la cristiana-europea, ha dado lugar a vivas polémicas que revelan la falta de datos objetivos fiables a la hora de emitir juicios satisfactorios. Es el caso, por ejemplo, de ben/bin/ibn. Creo que quien tiene la culpa del conflicto ortográfico es el inglés, con un sistema vocálico de unos diez fonemas, al encontrarse con otro, el del árabe, de sólo tres y que además, adelantándose a la taquigrafía, se permite el lujo, como el pasatiempo llamado «fuga de vocales» de prescindir de éstas, pues un lector entrenado las puede suplir con el contexto. Aún recuerdo cómo mi profesor de árabe, don Emilio García Gómez, destacaba el papel ornamental de la caligrafía árabe, sucesión de consonantes ayudada a veces por signos diacríticos o tildes que debemos identificar con la A, la I y la U. Pero esto no significa que «vocalizado» así el texto pueda leerse sin temor a equívoco, pues la inestabilidad de esas vocales no escritas y la geografía dialectal impiden transcribir, mejor dicho, transliterar con garantías de precisión los nombres árabes que afloran en lenguas de alfabeto latino. Recordemos las variantes admitidas de los nombres del Profeta: Mahoma, Mahomet, Mohamed, Muhammad. El célebre Lawrence de Arabia en el prólogo de su obra The Seven Pillars of Wisdom se disculpa por la disparidad ortográfica con que se menciona un mismo nombre en su narración, alegando que es así como lo ha oído pronunciar. Hoy leemos Tombuctu, o más afrancesado, Tombouctou para citar el lugar de Mali que en lecturas infantiles, por influjo inglés, conocíamos como Timboctu. Los franceses imponen su ortografía (caso reciente: Zoug, por Zug, en Suiza). Con lo dicho no pretendo zanjar la cuestión ni «terciar» en una polémica en que han opinado ya ilustres personas.
También hay una vacilación al transliterar la onomástica rusa. En España hemos convivido con la alternancia Gorvachov/ Gorvachev como antes con la de Jrushchov/ Jrushchev. En el último ejemplo se añadía el problema de transliterar la consonante x del alfabeto cirílico (= j del español) que las lenguas privadas de este sonido transcriben con el dígrafo kh. Así llegó al español la grafía Khruschev y sus variantes, como antes sucedió con Astrakhan/ Astracán, que resultó ya inextirpable y creó el neologismo astracanada.
Pero en el proceso de transculturación, la transferencia de sonidos y signos, no es problema grave. Sí lo es, en cambio, el de las falsas equivalencias provocadas por parónimos y «falsos amigos». Así, por poner un ejemplo, un derivado del latín probare (en inglés, to probe) se tradujo en su día equivocadamente por «probar, demostrar» (ingl. to prove, del mismo origen), cuando la equivalencia en español debería haber sido «investigar». Y así, un sospechoso de un delito sin pruebas quedó convertido en reo, víctima de la ignorancia del traductor. A ignorancia de la historia se debe el tratar literalmente como revolución de octubre la que sus protagonistas y sucesores conmemoraban en noviembre de cada año o celebrar la llegada del hombre a la luna un día después de haberse cumplido el aniversario en Asia y Europa. La vinculación de viernes y trece como signo de mal agüero es válida para el mundo anglosajón, pero vemos que penetra en el hispánico desplazando el martes y trece. Un manual de estilo de cierta agencia condenaba tajantemente el uso de Rusia a favor de Unión Soviética. Luego, en noticia de la misma agencia, se recordaba que en la guerra ruso-japonesa (1904-05) la flota soviética (!!!) había perdido valiosos tesoros al hundirse parte de ella.
También han surgido problemas en el campo de la morfología, no tan recientes como muchos pretenden. En 1952 abordaba yo el problema de una serie de plurales anómalos precariamente instalados en el uso cotidiano del español. Destacaba entre ellos los que al parecer instintivamente recibían el tratamiento de voces extranjeras de origen inglés con plurales impronunciables incluso en esta lengua, como sketchs, lunchs y sandwichs (algunos siguen vivos) y examinaba la posibilidad de que extendiendo el ámbito de vigencia de plurales invariables legítimos como los lunes, los ómnibus, los García se pudiera optar, en caso de duda, por plurales también invariables de extranjera procedencia. No es extraño, pues, que ya entonces aparecieran plurales invariables marcados por otros elementos del enunciado (los pez gato, nuestras «navel», dos set, deficit, fuertes shock, etc). Hoy la tendencia se ha consolidado.
El caso reciente más discutido, el de los taliban, tiene un precedente en el de los tuareg, que también es originariamente un plural (de targuí). A.Grijelmo imagina un posible pl.*childrenes, que sería una plusmarca, pues children es ya un doble plural a partir de child-childer (como en alemán Kind- Kinder o Land-Länder) convertido de children por analogía con otros, escasos, plurales en -n (oxen, brethren) pero en las fluctuaciones actuales no debe olvidarse el uso anómalo de plurales no concertados con elementos del enunciado en singular, sin atención al género: Pepita es una excelente relaciones pública; el Betis es ya un primera división. Mas no basta con que academias o manuales de estilo recomienden o condenen ciertos usos aberrantes. Cierta inclinación humana a la desobediencia civil, avant la lettre, innata antes de Thoreau, hace vanos los intentos persuasorios o disuasorios, incluso en los círculos de donde salen las directrices. Por fortuna, el director de la Academia invoca oportunamente a Horacio para recordarnos, como venimos haciendo hace cuarenta años, que el uso arbitrum est et ius norma loquendi.
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