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Viuda de Onésimo Redondo y creadora del Auxilio de Invierno

MERCEDES SANZ-BACHILLERMANUEL PENELLAEl fallecimiento de Mercedes Sanz-Bachiller (1911-2007) ha pasado prácticamente inadvertido, salvo por la esquela de ABC del pasado domingo. Cuando nos sea dado

Actualizado 13/10/2007 - 02:47:31
MERCEDES SANZ-BACHILLER
MANUEL PENELLA
El fallecimiento de Mercedes Sanz-Bachiller (1911-2007) ha pasado prácticamente inadvertido, salvo por la esquela de ABC del pasado domingo. Cuando nos sea dado hablar de «aquellos tiempos» con ecuanimidad y provecho, es decir, haciendo abstracción de nuestros gustos y circunstancias, habremos alcanzado el grado de madurez histórica necesario para entender no sólo su caso particular, sino también para abarcar el entero drama de nuestra Guerra Civil, una hazaña imposible para los espíritus maniqueos que aún nos incordian. Mercedes Sanz-Bachiller creó y desarrolló el Auxilio de Invierno. Empezó sin medios, pero en sólo un año su obra contaba con más de setecientos comedores. En 1939, los comedores eran 2.487 y 3.000 los centros de asistencia. Sólo por ello merece, por derecho propio, un lugar en nuestra memoria histórica, en la zona menos sombría.
Para unos, el Auxilio de Invierno, posteriormente llamado Auxilio Social, fue una simple copia del Winterhilfe nacionalsocialista y, en consecuencia, un instrumento de ayuda indigno de confianza. Siendo Mercedes Sanz-Bachiller la viuda de Onésimo Redondo, uno de los líderes del fascismo español, su obra, como el Winterhilfe alemán, habría sido una organización al servicio de la imagen del Estado franquista, un instrumento social hipócrita, un mero pretexto para la demagogia. Desde esa perspectiva histórica, se pierde de vista -se da por juzgado- un fenómeno incómodo pero interesantísimo: no fueron pocos, y entre ellos Mercedes Sanz-Bachiller, quienes se guiaron por una imagen altamente idealizada del nacionalsocialismo alemán, como otros, en el otro campo, se guiaron por visiones idealizadas del comunismo, con la correspondiente ceguera hacia los aspectos sórdidos de sus respectivos modelos. No nos comprenderemos jamás si no lo tenemos en cuenta.
El historiador no está ante una mera copia del Winterhilfe nacionalsocialista. Tempranamente huérfana, viuda y madre a los veinticinco años, Mercedes Sanz-Bachiller tenía motivos personales para socorrer a las víctimas de la retaguardia de su propio bando, y también motivaciones intelectuales específicas, propias del sueño integrador del falangismo original, un sueño altamente discutible pero, a mi juicio, marcadamente operativo en su caso. Su Auxilio de Invierno nació en Valladolid, donde esas víctimas eran, como es sabido, muy numerosas, y fiel a ese sueño integrador, rechazó de plano el sentido de venganza que muchos de su clase y condición daban al Alzamiento.
Recordando aquellos tiempos, ella misma ha dejado clara cuál era su actitud: «Para mí un niño era un niño español y se terminó, y una mujer era una mujer española y nada más, ni rojos ni bandidos ni nada». Haciéndole justicia plenamente, Dionisio Ridruejo, en sus Casi unas memorias, subraya que había que tener valor para poner en marcha una organización humanitaria de esas características, imbuida de ese principio. Era tanto como admitir la existencia de incontables víctimas de la violencia desatada en la retaguardia nacional, tanto como oponerse al aludido sentido de venganza.
De hecho, Mercedes Sanz-Bachiller se vio obligada a arrostrar toda clase de críticas en el seno de su propio bando. Para algunos, era absurdo que se empeñase en mitigar el sufrimiento de los derrotados, que merecían su castigo; para otros, era lamentable que no exigiese actos de contrición antes de alimentar y vestir a quienes llamaban a las puertas del Auxilio de Invierno. Eclesiásticos hubo que censuraron su obra por el curioso procedimiento de imaginarla contradictoria con las exigencias de la caridad, entendida como una virtud privada, en lo que cualquiera puede ver una resistencia a compartir el campo de la beneficencia con una organización laica. Se propaló incluso la sospecha de que sólo ambicionaba acrecentar su prestigio y su poder. Dada su rivalidad con Pilar Primo de Rivera y dado que se casó en segundas nupcias con su colaborador Javier Martínez de Bedoya, muy crítico con José Antonio Primo de Rivera a la altura de 1935, Mercedes Sanz-Bachiller llegaría a ver su nombre oscurecido en los anales de Falange Española de las JONS, que se alzaría con la paternidad del Auxilio de Invierno, matriz del Auxilio Social. No fue el suyo un camino de rosas.
Con la vista puesta en Mercedes Sanz-Bachiller y en su obra, Serrano Suñer afirmó que no se debía estimular el sentido mendicante de los españoles; simplemente, los españoles debían trabajar... Era una forma de negar la cruda realidad, pero, en la misma línea, en las páginas de Arriba, esa obra benemérita acabó siendo caricaturizada como simple «institución de sopistas», como «sistema de la sopa boba»... En mis trabajos de campo, he sido depositario de muchas confidencias informales, unas sonrojantes por la arrogancia de mis comunicantes, otras penosas por referirse a paseos al amanecer. Diré que las relativas al Auxilio de Invierno, de personas que no habían olvidado la ayuda recibida, fueron, por contraste, muy consoladoras para mí. Los beneficiarios anónimos no me hablaron de Mercedes Sanz-Bachiller sino de su obra, a la que se podía acudir sin miedo a las represalias; de allí el agradecimiento. Me llamaron la atención, claro es, sobre la ironía de haber sido realmente ayudados por «los mismos» que les habían arrebatado a sus padres o maridos. Que esa ironía fuese posible se lo debemos a Mercedes Sanz-Bachiller. Descanse en paz.
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