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Gabriel Milito, el caudillo defensivo en el que se puede confiar ciegamente

Actualizado 13/08/2003 - 00:24:51
MADRID. Lo dijo Walter Samuel, el central del Roma, otro que el Madrid pretende eternamente, cuando se le preguntó sobre Milito: «Un defensa en el que se puede confiar ciegamente». A pesar de su juventud, 22 años, Gabriel Milito se ha ganado toda una reputación en Argentina, en Surámerica y en parte de Europa. Un defensor sólido, rápido, con solvencia y desparpajo pero, sobre todo, y es lo que más le gustaba a Valdano, con carácter de ganador. Un jugador que nunca se echa atrás, de los que en Argentina decían que era «la herencia de Pasarella y Ruggeri».
Un futbolista que pasó por las inferiores de Racing pero pronto Independiente le captó y César Luis Menotti le hizo debutar en Primera en 1997, con sólo 17 años. Al año siguiente ya era titular indiscutible después de haber destacado de forma imparable en las selecciones sub 17 y sub 23 dirigidas por el gran Pekerman, que decía de él que era «un jugador diferente».
Desde aquel año, cada dos meses se hablaba de que se iría del país, que todos le querían, pero siempre se acababa desmintiendo y él tampoco ayudaba. De hecho, en 1999, el Olympique de Marsella quiso ficharle y ofreció cuatro millones de dólares. Milito, que tenia 19 años, se negó alegando que era demasiado joven. Más tarde pudo irse al Roma. Por entonces, Enzo Trossero, ex técnico de Independiente, declaró que si el Inter había fichado al colombiano Iván Córdoba por 20 millones de dólares, Milito no podía valer ni un dólar menos. Fue suficiente para los dirigentes de Independiente, que desde entonces consideraron al jugador como patrimonio del club, el mayor capital que tenía la entidad.
No valieron de mucho sus intenciones. A pesar del buen juego de Milito, el equipo se fue a pique aquel año. Se marcharon jugadores cedidos, que eran la mayoría, y el club quedó en una delicada situación financiera. Andrés Ducatenzeiler, el presidente de los rojos, vio que la única posibilidad de sobrevirir era vender a su estrella, y ya por entonces se iniciaron los primeros contactos con equipos españoles. Sin embargo, otro nuevo capítulo echaría a perder su paso al viejo continente. En 2001 sufría una rotura de ligamentos en la rodilla (la famosa lesión) complicada con un problema en el menisco. El equipo de mal en peor, él parado y problemas familiares explicados en otro apartado. Ruina total.
Pero ahí se vio lo que es el jugador, una roca inalterable. Él suele decir que el hecho de haber convivido a los 17 años con tipos de experiencia como Fabián Carrizo, Luli Ríos o e el Danyu Garnero le ayudó a madurar porque escuchó sus consejos y aprendió. Ese año volvió, se levantó y como capitán del equipo hizo lo mismo con el equipo. A Independiente llegó el «Tolo» Gallego como técnico del grupo. Pidió, y consiguió, refuerzos de primera clase y armó un equipo de gran nivel que logró alzarse con el torneo de apertura en 2002.
Aquella rodilla
Fue una temporada llena de alegría. Las gradas le aclamaron como «el Caudillo», el referente de la defensa, tanto que Bielsa ya lo llevó a la absoluta. Ya por entonces se le preguntaba por su maltrecha rodilla y él aseguraba que «a pesar de la lesión nunca tuve dudas de que iba a regresar y jugar sin ningún problema. Aquello lo superé y no me han quedado secuelas más que el dolorcito que te llega con la humedad. Pero por lo demás, nada, no tengo miedo cuando voy al cruce ni a trabar al contrario. Todo lo contrario: voy fuerte creyendo que no me va a pasar nada nunca más».
Pero ha sido justo esa rodilla la que ha echado abajo su sueño: fichar por el Real Madrid. El cuadro médico de los blancos no se fiaron del estado de la articulación y desecharon el fichaje. El resto es sabido: el Zaragoza recogió el guante y lo contrató. Por ahora dos goles y buenas sensaciones. «El Caudillo» quiere restaurar su nombre.
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