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Muere Cedric Price, el artista que traspasó los límites de la arquitectura moderna

El pasado domingo falleció, a los 69 años el arquitecto británico Cedric Price. Autor de proyectos tan sugerentes como el aviario del Zoológico de Londres en 1961, su influencia teórica y su producción de ideas han marcado la arquitectura de los últimos años

Actualizado 13/08/2003 - 00:34:05
Cedric Price. ABC
Cedric Price. ABC
SAN LORENZO DE EL ESCORIAL. Cedric Price, que murió el pasado domingo por la noche, puede ser considerado como el pensador más importante de la arquitectura británica del último medio siglo.
Los críticos Reyner Banham (su amigo íntimo) y Colin Rowe han influido en el proceso del pensamiento de muchos arquitectos, pero Cedric combinó ideas, valores y respuestas de manera única. Una posición que sólo Ruskin, Morris o quizás Lethaby ocuparon. Esto lo ha logrado él con una originalidad y viveza tales que cualquiera que haya estudiado sus bocetos vivos y excéntricos, haya analizado la lógica y las estratagemas de sus planos, sonreído con el ingenio y simplicidad de sus invenciones o haya oído el ingenio con el que se expresaba en esa mezcla de retórica y pensamiento paralelo bajo el título de «conferencia o seminario de», habrá podido enriquecer notablemente su mundo.
Aparte del aviario del parque zoológico de Londres, diseñado junto con Lord Snowdon y Frank Newby, su trabajo construido ha sido escaso y deliberadamente ocultado. El restaurante del parque zoológico de Blackpool fue una simple caja de comer, el «Inter-action centre» de Kentish Town (Londres) era coherente con la filosofía de tiempo corto y reducido de Cedric y fue desmontado, para su satisfacción, como una estructura ligera después de unos pocos años.
Su tesis central era, de hecho, que la arquitectura debe mirar las circunstancias reales y debe buscar respuestas económicas e inmediatas. Si esto se puede hacer sin gran trabajo, mejor. Si los dispositivos que podrían proponerse no tuvieran ninguna cualidad especial, era correcto. Si estos necesitaran ser diseñados, sus propuestas siempre pretenderían ser casuales y casi sin estilo. Sus dibujos y su acompañamiento contundente de subtítulos se convirtieron en clásicos diagramas. La reciente discusión arquitectónica en muchas partes del mundo ha resucitado la idea de la primacía del diagrama como un contraste crítico en la cada vez más compleja superficie de los dibujos arquitectónicos.
Consecuentemente, se ha desarrollado un interés renovado por su trabajo. Su original libro de proyectos desde los años setenta se ha vuelto a publicar recientemente junto con un nuevo libro en Londres.
Estos proyectos han combinado ideas sobre refugios temporales, reciclaje, inteligentes mezclas e inserciones, «gadgets», aparatos, pantallas, estructuras neumáticas o grupos de árboles. Nada era sagrado, nada era precioso.
Sus dos proyectos heroicos de los años 60 y 70 eran el «Fun Palace» y las fábricas de cerámica de «Thinkbelt». El primero (diseñado junto con dos personas igualmente extraordinarias: el cibernético Gordon Pask y la empresaria teatral Joan Littlewood) le llevó a pensar en un espacio de actividad múltiple con elementos móviles, trasladables, intercambiables -las escaleras mecánicas capaces de girar y techos plegables-. El segundo proyecto, concebido junto al geógrafo y proyectista Sir Peter Hall, le hizo volver a un área próxima al lugar de su nacimiento en Staffordshire: los bordes y las zonas de vías de ferrocarril próximas a las fábricas de cerámica de la zona, proponiendo una alternativa radical a la universidad convencional: una serie de dormitorios en vagones de tren, torres de poca luz y la incorporación de movilidad por el territorio; de aquí el término «think belt» o cinturón de pensamiento.
En trabajos posteriores propondría cosas como una serie de cajas activas que se desplazaban por un gran área en Texas, o una luna «artificial» que ató encima del feo suburbio de Dagenham en Londres.
Para sus contemporáneos, como nosotros en el Grupo Archigram, y para sus centenares de admiradores en EE.UU., Australia, Austria, Francia y Alemania, en particular, Cedric era un vidente, un crítico-por-implicación y un hombre capaz de establecer normas de intención y actuación. La ausencia de estilo de su trabajo tenía, de hecho, un gran estilo. El cuello blanco de quita y pon con el que siempre se vestía, representaba el mundo del gran «vividor» a la vez que era un objeto desechable.
Rem Koolhaas dijo de él: «Cedric es un príncipe que intenta convertirse desesperadamente en una rana», lo contrario de la historia unida, como un arquetipo, a la niñez.
Era un socialista convencido, amigo íntimo de muchos políticos fundamentales y asistió siempre a los congresos del laborismo británico; al mismo tiempo, muchos ministros conservadores se contaban entre sus admiradores. Se le encontraba en los círculos aristocráticos tan fácilmente como en los ambientes sindicales. Durante los últimos veinte años de su vida su compañera inseparable ha sido la actriz y escritora satírica Eleanor Bron, una mujer de increíble belleza, ingenio y talento.
De repente el mundo está muy vacío y la arquitectura nos resulta infinitamente pequeña.
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