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Los problemas de Hillary

La campaña presidencial ha comenzado. La senadora Clinton, que parte como

Actualizado 13/02/2007 - 09:30:29
La campaña presidencial ha comenzado. La senadora Clinton, que parte como ganadora entre los demócratas, ha comenzado a tener problemas. A nadie le ha sorprendido. Hillary Clinton es antipática. Ni tiene ese encanto personal que se da por descontado en un político profesional norteamericano, ni capacidad para llegar a la gente. Su carrera política ha sido breve y asentada en el apoyo de su marido. Los demócratas la consideran demasiado conservadora y los republicanos no se fían de ella. Pero sigue teniendo tras de sí un bloque de poder nada desdeñable.
Los asesores de Hillary, empezando por el expresidente, saben que no se puede jugar a corto, pero que hacerlo sólo a largo plazo es suicida. Los demócratas están radicalizados tras años de hegemonía conservadora y toda la crispación provocada por la Guerra de Irak. Demandan un giro a la izquierda, al pacifismo. Reivindican el legado del senador McGovern y del presidente Carter. No tienen inconveniente en abandonar Irak provocando una auténtica guerra civil y concediendo la victoria al islamismo. Hillary tiene que lograr su confianza para llegar a la recta final, pero sin quedar contaminada de derrotismo, pues podría resultarle fatal en los últimos metros.
Los norteamericanos están disgustados con Bush por cómo ha dirigido la guerra, pero no quieren ser derrotados, ni ver a Osama Bin Laden dando una conferencia de prensa en la que reivindique la victoria sobre Estados Unidos. Los demócratas le exigen que se arrepienta de haber apoyado la guerra, como antes hicieron Kerry o Edwards, pero ella no quiere aparecer como alguien inconsistente que cambia de opinión sobre temas de seguridad según conviene.
Para Hillary será más difícil ganar las primarias demócratas que las presidenciales. Por mucho apoyo económico y político que tenga, sin el encanto personal y la extraordinaria capacidad para no decir nada de su marido, Hillary lo tiene muy difícil frente a demagogos como Edwards o personalidades carismáticas como Obama, ambos con pedigrí izquierdista.
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